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Un estudio reinterpreta la plaga de 1820 en Mallorca y el papel de los aislamientos

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Confinamientos y friegas de aceite marcaron la respuesta a la epidemia que entre mayo y agosto de 1820 azotó el este de Mallorca. El brote, tradicionalmente atribuido a la peste bubónica y vinculado a un barco procedente de Tánger que fondeó cerca de Son Servera, dejó sus primeras víctimas registradas el 7 de mayo y, según las fuentes históricas, se concentró en Son Servera, Artà, Capdepera y Sant Llorenç.

Un trabajo publicado en PNAS analiza cientos de estadillos diarios de la época y aplica modelos epidemiológicos que apuntan a una transmisión predominante entre personas. Los autores señalan una tasa global de mortalidad del 78%, periodos infecciosos breves y descripciones de deterioro clínico rápido, condiciones compatibles con formas neumónica y septicémica de la enfermedad más que con una peste bubónica clásica transmitida solo por pulgas de ratas. Entre los investigadores que firman el estudio figuran Joana María Pujadas-Mora, vinculada a Universitat Oberta de Catalunya, y Pere Puig, del Departamento de Matemáticas de la UAB, que justifican su conclusión en la elevada letalidad observada y en los modelos comparativos.

Las autoridades sanitarias de la isla implantaron un sistema de tres niveles de cordones que comenzó a finales de mayo: Artà, Son Servera y Capdepera fueron cerradas el 27 de mayo, Manacor se añadió el 30, y un cordón costero general entró en vigor el 28 de mayo. Estas medidas, reforzadas con presencia militar y restricciones al comercio, limitaron el alcance del brote a cuatro municipios de los 47 existentes en la isla. De las poblaciones afectadas, murieron más de 2.400 de los 7.500 habitantes, y las crónicas citan prácticas preventivas de la época, como las friegas de aceite y la desinfección de documentos con vinagre, informadas a la Junta Superior de Sanidad en Palma.

Los autores subrayan el valor de los registros diarios como herramienta de vigilancia y la eficacia de los cordones sanitarios en un contexto preindustrial. El estudio, resultado de una colaboración multidisciplinar que también incluye investigadores de ICREA Academia, aporta nueva evidencia sobre la dinámica de la epidemia de 1820 y sobre cómo decisiones de contención temprana limitaron su extensión en Mallorca.

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