Los dirigentes de Forza Nuova habían elegido bien la fecha y el lugar. El 25 de abril, día en que Italia celebra la Liberación del nazifascismo, el partido de ultraderecha quería celebrar un congreso para decretar “el fin del antifascismo” dentro de una antigua fábrica de aviones, la Caproni, que Benito Mussolini hizo abrir en su pueblo natal, Predappio, en el corazón de la Romaña. Una provocación que desató polémicas y acabó con la decisión de la prefectura de prohibir el acto por razones de seguridad del local, “y no políticas”, como subrayaron.
Por aquí están acostumbrados a lidiar con las heridas que dejó el siglo pasado.
Los camaradas de Forza Nuova pueden buscar refugio en otro sitio. Adele Grana lo dice tras tomar aire: “Bienvenidos a la casa de Benito Mussolini”. Ella y su marido, Domenico Morosini, compraron esta villa semiabandonada en las afueras de Forlì hace más de veinte años. “Se la prometimos a Romano, el hijo del Duce”. “No es un museo”, precisa, pero tampoco un lugar clandestino. Basta escribir “Forlì” y “Mussolini” en Google Maps para que el navegador conduzca hasta Villa Carpena, rebautizada por sus propietarios como “Casa de los recuerdos de Benito Mussolini” y convertida, según Tripadvisor, en la principal atracción de la zona.
El territorio natal del fundador del fascismo no tiene un museo público que cuente esa época. Los nostálgicos se citan haciendo el saludo romano, mientras los turistas acaban visitando espacios gestionados por fascistas declarados, a veces vinculados a la familia del dictador, que retuercen los hechos sin ningún rigor historiográfico. Quien lo intentó cambiar, como el exalcalde de Predappio Giorgio Frassineti, perdió la batalla: “Mussolini debería ser contado por historiadores, no por fascistas”, dice. El proyecto estaba listo: transformar la antigua Casa del Fascio —sede local del partido durante el régimen— en museo. “Era perfecto, empezando por la dirección: via Giacomo Matteotti 1”, añade, en referencia al diputado socialista asesinado en 1924. Hoy todo está parado. Frassineti ya no es alcalde y su sucesor, Roberto Canali, elegido por el centroderecha, admite que todo está parado: “habría que rehacer el proyecto, los tiempos serían largos…”, dice con el tono de quien, en el fondo, cree que la burocracia lo sacará de una situación incómoda.
Forza Nueva provoca con un congreso el día de la Liberación en Predappio, el pueblo de Mussolini
La historia, por tanto, la cuenta Adele. Se paga una entrada de 15 euros y se entra en medio de los objetos de la vida cotidiana de la familia: aquí vivieron hasta 1997 el hijo Vittorio y antes la viuda, “ donna Rachele ”, fallecida en 1979, rebautizada al estilo anglosajón como “nuestra first lady”. El objetivo es mostrar la supuesta sencillez de la vida del Duce y hasta su religiosidad, casi de un santo, ignorando no solo sus múltiples amantes, sino también sus orígenes socialistas y anticlericales. Entre imágenes sagradas y carteles que invitan a “no blasfemar”, cuelga la pensión de la “first lady”, 185.960 liras (unos 96 euros), y sobre la mesa una campanilla, “para llamar a los hijos, no a la servidumbre”.
Todo ha quedado tal cual. Y luego cientos de objetos, algunos comprados en subastas: los regalos del emperador Hirohito, la bicicleta, la cuna de los hijos y también la mesa en la que se celebró el primer Consejo de Ministros de la República de Saló.
Adele, llegada de Lombardía, vive aquí desde hace veinte años: “Mi marido vendía pieles, teníamos un Ferrari, un barco y una casa en Cerdeña. Lo vendió todo para cumplir su sueño. Al final, me he resignado: en su corazón solo caben Dios, Julio César y Benito, y no en ese orden…”.
En el dormitorio del primer piso llega el momento fuerte. Sobre la cama está el uniforme que el Duce llevaba en sus últimos días antes de morir. Luego un espejo con una sombra: “Póngase aquí, ¿qué ve? Sí, es el perfil de Mussolini. Dicen que es un fantasma. Usted es libre de creerlo o no…”.
El exalcalde de izquierdas no consiguió abrir el museo dedicado al fascismo
La peregrinación de los nostálgicos por los lugares del Duce tiene otras paradas. La principal es la tumba en el cementerio de Predappio, dentro de una capilla vigilada por voluntarios. El calendario es siempre el mismo: el aniversario de la Marcha sobre Roma (28 de octubre), el día del nacimiento (29 de julio) y el de la muerte (28 de abril). Muy cerca, en el Asilo Santa Rosa, se conserva una imagen de la Virgen junto al “ fascio littorio ”, símbolo del régimen mussoliniano.
Hoy es 25 de abril. Y aquí la historia la cuenta solo la señora Adele: “El Duce era el más grande. ¿Necesitan el recibo?”.
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