El ejército israelí anunció el domingo que había matado a Ali Mussa Daqduq, uno de los operativos más experimentados y buscados de Hezbolá, durante un ataque selectivo en el sur del Líbano. Según las FDI, la operación estuvo dirigida contra un líder histórico del movimiento chií libanés, considerado por Washington e Israel como uno de los arquitectos de varias operaciones militares de gran envergadura durante las últimas dos décadas.
El anuncio es de especial importancia debido al perfil de Daqduq. Acusado por Estados Unidos de desempeñar un papel central en el atentado de Kerbala en enero de 2007, que se cobró la vida de cinco soldados estadounidenses en Irak, se había convertido a lo largo de los años en una de las figuras más conocidas de la cooperación entre Hezbolá, las milicias chiíes iraquíes y la Guardia Revolucionaria Iraní.
Según la información difundida por el ejército israelí, Daqduq ocupaba varios puestos estratégicos dentro de Hezbolá. En particular, se informa de que proporcionó seguridad personal al exsecretario general Hassan Nasrallah, dirigió unidades operativas y desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la infraestructura militar del movimiento en Siria y a lo largo de la frontera israelí.
Sin embargo, este anuncio se produce en un contexto específico. Ya en noviembre de 2024, varias fuentes habían afirmado que Daqduq había muerto en un ataque israelí en Siria. No obstante, reapareció posteriormente, demostrando que los informes iniciales eran erróneos o prematuros. Esta confusión previa explica la cautela de muchos observadores respecto al anuncio actual.
A estas alturas, Hezbolá no ha confirmado oficialmente la muerte de su líder. La información disponible procede esencialmente del ejército israelí y de los medios de comunicación que transmiten la versión israelí de los hechos. Por tanto, la ausencia de una confirmación independiente aconseja prudencia, a pesar de que varias fuentes convergen en la hipótesis de que Daqduq se encontraba efectivamente entre los objetivos fijados durante el ataque.
Más allá del hombre en sí, es sobre todo el significado simbólico lo que llama la atención. Daqduq pertenecía a la generación fundadora de los cuadros militares de Hezbolá. Presente en la organización desde la década de 1980, había participado en la evolución del movimiento a medida que se transformaba de una fuerza de guerrilla local en un actor regional implicado en Irak, Siria y el Líbano. Su trayectoria ilustra también los estrechos vínculos tejidos a lo largo de las décadas entre Hezbolá y las redes proiraníes en Oriente Medio.
Si se confirma su muerte, constituiría un nuevo revés para Hezbolá, que ya se encuentra debilitado por las pérdidas sufridas en los últimos meses. De hecho, Israel persigue una estrategia encaminada a decapitar progresivamente la cadena de mando del movimiento chií, atacando a sus líderes militares más experimentados.
Queda por ver ahora si Hezbolá reconocerá oficialmente la muerte de Daqduq y, sobre todo, cuál será su respuesta. En un Oriente Medio ya profundamente desestabilizado por las tensiones entre Israel, Irán y sus respectivos aliados, cada eliminación de alto nivel conlleva el riesgo de una nueva escalada regional.



