InicioMundoLa propuesta de Irán tiene sentido y es factible

La propuesta de Irán tiene sentido y es factible

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Aunque Estados Unidos todavía no ha decidido lo que va a hacer, Irán ha transmitido a los mediadores pakistaníes una propuesta de tres etapas, vinculándolas entre sí, de manera que aprobar la primera (fin total de la guerra contra Irán y Líbano) conduce a la segunda (discutir una salida al problema del Estrecho de Ormuz), y ésta a la tercera, la más compleja: discutir el tema nuclear. Siguiendo la técnica negociadora de “vinculación secuencial condicionada”, Irán aplica una estrategia sofisticada donde la indivisibilidad construida artificialmente de los tres temas le otorga poder negociador superior al que tendría si cada tema se negociara por separado, obligando a la contraparte a aceptar un “todo o nada” progresivo.

En el centro del debate actual se encuentra la cuestión de la no proliferación nuclear. Hasta ahora, Washington reclamaba una paralización de dos décadas en el enriquecimiento de uranio iraní, mientras Teherán no estaba dispuesta a extender esa moratoria más allá de una década, aunque sí ofrecía como contrapartida la dilución de sus reservas de uranio enriquecido. Conviene traer a colación dos elementos fundamentales para contextualizar este pulso. 

Irán ha presentado un plan de paz en tres etapas vinculadas entre sí

Por un lado, el acuerdo alcanzado en el 2015 ya establecía un marco técnico suficientemente restrictivo como para hacer inviable la fabricación de armamento nuclear: el enriquecimiento quedaba limitado al 3,67%, las reservas no podían superar los 300 kilogramos y el número de centrifugadoras IR-1 se fijaba en un máximo de 6.000 unidades. Este pacto, que ofrecía garantías sólidas, fue abandonado unilateralmente por Trump en el 2018, decisión que estuvo precedida por la visita de Netanyahu a la Casa Blanca, en el marco de la conferencia anual del AIPAC —el influyente lobby proisraelí en territorio estadounidense—, donde la amenaza nuclear iraní ocupó el primer plano y el primer ministro israelí presionó abiertamente por una postura más enérgica por parte de Washington.

Por otro lado, resulta revelador lo ocurrido en los días previos a los ataques coordinados entre EE.UU. e Israel contra Irán, iniciados el 28 de febrero. Apenas 48 horas antes, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Trump, se sentaron frente al ministro de Exteriores iraní, Abas Araghchi, en Ginebra, en una tercera ronda de negociaciones auspiciadas por Omán con vistas a un posible acuerdo nuclear. 

La prestigiosa publicación Arms Control Today, fundada en 1974, dedica su último número a analizar ese encuentro con notable detalle, y concluye que Witkoff carecía tanto de los conocimientos técnicos como de la experiencia diplomática necesarios para conducir unas negociaciones de semejante envergadura. Su desconocimiento del tema, sumado a las distorsiones con que describió las posiciones y el programa nuclear iraní a lo largo del proceso, contribuyeron a que Trump concluyera que las conversaciones no avanzaban y que Irán no negociaba de buena fe. Y ello a pesar de que Teherán se mostró dispuesta a no acumular gas de uranio enriquecido y a aceptar una supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica.

En definitiva, aunque Irán demostró una disposición real al acuerdo, todo apunta a que Trump ya había tomado la decisión de atacar antes de que las negociaciones tuvieran oportunidad de prosperar, muy probablemente bajo la influencia determinante de Netanyahu. Ahora la situación ha cambiado, y para salir del atolladero, Trump debe hacer lo que llamamos “corrección de apreciación y posición”, aceptando como bueno el planteamiento del acuerdo que se firmó entre EE.UU. e Irán en el 2015, aunque con variaciones. 

Rectificar es de sabios. Es cuestión de hacerlo sin que nadie pueda decir que ha perdido. Un acuerdo bien estructurado permitiría eso: que cada parte pueda presentar ante los suyos un resultado victorioso. Cuando la diplomacia se construye sobre intereses compartidos y no sobre humillaciones mutuas, no hay vencidos. Esa es la oportunidad que aún está sobre la mesa.


Fuente:

www.lavanguardia.com

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