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La sorpresiva noticia del fallecimiento de Luis Brandoni, que estaba representando una exitosa comedia teatral con Soledad Silveyra en Buenos Aires, golpeó a manera de sacudida el árbol de mi memoria este lunes. La sacudida fue más atrás de nuestra vida profesional como actores, porque llegó a remover recuerdos de los tiempos en que los dos éramos estudiantes del mismo Colegio de enseñanza secundaria en esa ciudad en la que los dos nacimos. El Colegio Nacional Julio A. Roca, en el barrio de Belgrano, nos tuvo como alumnos a principios de los años 50, aunque él iba un año delante siendo también un año mayor de edad. Como yo tuve que repetir el tercer año que había realizado en el Colegio Roca, por las dificultades ocasionadas por una intervención quirúrgica, decidí repetir y terminar mis dos últimos años de bachillerato en el Colegio Nacional de Vicente López. Por tanto, a partir de 1955 empezó el primero de varios períodos más o menos largos que no compartimos en nuestras vidas.
Como afiliados al sindicato, nos veíamos con frecuencia e incluso jugábamos fútbol juntos en el equipo de la Asociación Argentina de Actores, él era de River Plate, y yo de Independiente
HISTORIA DE ENCUENTROS Y DESENCUENTROS POLITICOS
Curiosamente, si la memoria no traiciona, cuando yo ya había cambiado de Colegio, coincidimos, sin embargo, una noche antes de lanzarnos a la carrera del teatro. Fue en el velatorio del hijo del jefe de Celadores del Colegio Roca, Pepe Orezzoli, un gran tipo, que tenía un hijo de nuestra edad había muerto aparentemente por accidente al escapársele un tiro de una escopeta de caza. Qué extraño, que los dos habíamos decidido por nuestro lado acompañar en el duelo a quien había “velado” por nosotros durante la formación secundaria. Todavía Adalberto (Beto) Luis Brandoni, conversando en ese velatorio, me dijo que había decidido entrar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, recién separada del Conservatorio Nacional de Música y Declamación. Yo le comenté que, aunque me faltaba un año para terminar, también tenía intenciones de estudiar la misma carrera “del teatro”. Así fue que, al año siguiente, comencé a estudiar en la Escuela de Arte Dramático de la Alianza Francesa, en Buenos Aires. Brandoni siguió estudiando todo el ciclo de 4 años, en tanto que yo sólo lo hice poco menos de dos años, cuando en 1960 decidí debutar en el teatro profesional, con la Compañía de la actriz española Antonia Herrero, en un Teatro Carpa de Verano en el Parque Lezama. Luis Beto Brandoni, terminó su formación en 1961 y debutó profesionalmente en teatro en 1962. Ese año de 1962, los dos volvíamos a coincidir afiliándonos en el sindicato Asociación Argentina de Actores. Entonces su presidente era Jorge Rivera López, fallecido también no hace mucho, y que ocupó durante años la presidencia y justo 12 años después, en 1972, Luis Brandoni, fue elegido secretario de teatro del sindicato, en la misma lista con Rivera López en la presidencia, y a pesar de los años de dictadura fue secretario general.
Yo entonces ya había partido para Londres, en 1966, pero desde 1962 a 1966, fue precisamente cuando los dos afianzamos nuestra amistad y nuestras carreras, yo en el teatro Independiente y en televisión, y él mucho más alcanzando ya cierta fama, en teatro, en la Compañía Nacional, en cine, televisión y radio. Como afiliados y colaboradores en el sindicato, nos veíamos con frecuencia e incluso jugábamos fútbol juntos en el equipo de la Asociación Argentina de Actores, con el cuál a menudo teníamos partidos benéficos, y hasta fuimos junto con otros actores a ver partidos de fútbol de cierta relevancia. Ahí empezaban nuestras diferencias él era de River Plate, y yo de Independiente. En el equipo de fútbol que jugábamos, también había actores y músicos muy famosos, él también era muy amigo de Marito Sábato, hijo del escritor Ernesto Sábato, un par de años menor que nosotros, que por entonces estudiaba cine. Mario Sábato y yo nos disputábamos la titularidad como arqueros del equipo de fútbol. A menudo, el entrenador, otro famoso actor veterano, Jorge De la Riestra, nos hacía jugar un tiempo cada uno, excepto de noche cuando me correspondía la titularidad absoluta, por lo general, porque la miopía de Mario Sábato con el uso de lentillas, afectaba seriamente su visión con la iluminación artificial.
Volví a verlo en Madrid en teatro, justo antes de la pandemia, en su magnífica interpretación, con Carlos Blanco, de la obra Parque Lezama, escrita y dirigida por Juan José Campanella
Como dije en 1966 me había marchado a Londres, y dos años después, en 1968, estaba muy bien asentado en esa ciudad, trabajando para el Servicio Latinoamericano de la BBC, lo que me permitía asistir a cursos particulares de actuación, y vivir en un hermoso apartamento en la parte más selecta el barrio de Chelsea, donde también tenía de vecinos a muchos artistas ingleses famosos, actores y músicos. Por entonces, me contactó un amigo argentino, ayudante de dirección de cine, desde Buenos Aires, porque la productora de Manuel Antín iba a ir a Londres, a filmar una película. Me ofrecían si podía ayudar con algo de pre producción para ellos en Inglaterra y a la vez, hacer un papel interesante y llegamos a un acuerdo. La película era “Somos los Mejores”, que contaba la historia de un grupo de amigos fanáticos del club Estudiantes de la Plata, que tenía que jugar con Manchester United la final de la Copa Intercontinental de fútbol. Actores muy famosos en Argentina interpretaban a los miembros del grupo de hinchas, Carlos Balá, Sergio Renán, Dringue Farías, Javier Portales, Luis Brandoni, y Emilio Disi, también amigo cercano del Beto y mío, y Jorge Luz. Yo también interpreté el papel del argentino que se aprovechaba de ellos como guía en Londres, y los dejaba sin dinero. Cuando me enteré que venía, le ofrecí a Brandoni, mi apartamento que tenía gran comodidad, pero prefirió quedarse em el hotel con el resto del equipo, ya que tenía que volver a Argentina, por trabajo, inmediatamente que terminaba el rodaje en Inglaterra. Los que aceptaron mi ofrecimiento fueron Javier Portales, también muy buen amigo mío, y el super famoso veterano actor, Dringue Farías, que se quedaron en Londres, en mi casa una semana más.
Como dije, Beto Brandoni fue elegido secretario de teatro del sindicato en 1972, según él mismo comentaba, cuando se produjo un rompimiento en una lista que aunaba a actores de tendencia comunista y peronista, que eran mayoría. En más o menos un año se sucedieron tres presidentes de la república, y en 1973 el general Perón gana las elecciones y asume la tercera presidencia en octubre, pero muere en julio de 1974, con lo cual su esposa y vicepresidenta Isabel Perón, pasa a ser la quinta presidenta. Tristemente bajo la influencia del todopoderoso ministro y asesor personal, José López Rega, lo que da rienda suelta al reino del terror. Luis Brandoni junto con cantidad de actores argentinos y de otras nacionalidades tienen que dejar el país en 1974, bajo amenazas de muerte. En el caso de Brandoni no sólo estaba su militancia sindical, sino también su actuación en la gran película argentina La Patagonia Rebelde, que marcó el exilio de varios de sus protagonistas obligados a abandonar el país. Brandoni con su familia se marcharon a México, en septiembre de 1974. y yo que vivía en Londres sabía de muchos amigos se asilaban en países europeos, especialmente España.
Para mí, íntimamente, no deja de ser muy curioso el hecho de que la última vez que lo viera vivo, fuera en una obra con el título “Parque Lezama”, donde supuestamente transcurría
A principios de 1975 yo ya casado y con nuestro primer hijo decidí ir a visitar a mi familia por primera vez desde 1966, que había partido. Y pude ser testigo del éxodo de tantos artistas, acercándome al sindicato y comprobando por mí mismo el clima que vivía el país. En marzo, con mi mujer y mis hijos decidí regresé a Londres. Entretanto, Brandoni, a mediados de ese año 1975, es decir menos de un año de haber escapado bajo amenazas de muerte decidió volver a Argentina, porque dijo que su vida en México se había tornado insostenible. Hay muchas versiones de las razones de su vuelta cuando seguía el mismo gobierno en el poder, a mí me dijo años después, que entre otras cosas estaba la forma de trabajo en televisión. Me confesó que no podía adaptarse al pinganillo en el oído sirviendo de apuntador para texto y movimientos, entre otras cosas.
Poco después de volver, al salir de una función de teatro en Buenos Aires, fue secuestrado por un comando de operaciones con su mujer, Marta Bianchi, y el gran humorista español, Gila cuando iban a cenar juntos. Gila fue liberado poco después y, según se sabe, con la colaboración de otros actores, recurrió a un general del ejército argentino de cierta relevancia política, que ordenó la liberación de Brandoni y su mujer, después de unas horas pavorosamente inciertas. En esta situación aún de terror Brandoni vuelve a asumir la representación sindical, y es tanto su compromiso que llega a ser elegido vicepresidente de la Federación Internacional de Actores, en ese entonces con sede en Londres.
Como yo me había integrado en el sindicato británico de actores, Equity, y trataba de colaborar con una comisión de apoyo a los actores que llegaban exiliados, no sólo argentinos, si no también uruguayos y chilenos por aquellos tiempos. Por tanto, conocí personalmente a Gerald Croassdell que era secretario general de Equity en Inglaterra, pero, además, ejercía la misma responsabilidad en la Federación Internacional de Actores. Me consta que Croassdell llegó a viajar a Argentina, gracias a las gestiones de Brandoni en la Federación, para tratar de reclamar por la situación de actores desaparecidos, e incluso ayudar a que algunos salieran del país. Lamentablemente, el periodo de terrorismo de Estado a partir del golpe de marzo de 1976 fue de los peores de la historia, en Argentina, y la cifra de esos desaparecidos en general, llegó a los 30.000 como se sabe, contándose entre ellos actores y artistas que creían genuinamente en la lucha por una sociedad más justa.
Durante esos años, Luis Brandoni fue desarrollando una participación política, en conexión con el partido Radical en la Argentina. Hasta mediados de la década del cuarenta del siglo pasado el radicalismo había sido el partido con mayor adhesión popular, en el clásico bipartidismo entre conservadores y radicales en los años anteriores, sólo había terciado una presencia histórica del socialismo a nivel parlamentario. En esa década del 40 irrumpió el peronismo, con una victoria avasallante en las elecciones a mediados de la década. Esto que corresponde a otro análisis de la historia política argentina, creó una división visceral en la opinión general, entre peronismo y antiperonismo, que produjo una irreparable ruptura social. Desde joven, Beto Brandoni era antiperonista. Con el advenimiento de la democracia en 1983, tras los años de dictadura militar, llega al poder presidiendo una gran coalición el líder radical Raúl Alfonsín. Se produce un acercamiento entre el presidente y Brandoni, que es nombrado Asesor de Cultura de Presidencia.
Cuando yo estaba muy involucrado en la creación del sindicato independiente de la Union de Actores de Madrid en 1986, Brandoni viene entonces a Madrid con dos obras de mucho éxito Argentina, Made en Lanús, y El Viejo criado, con el auspicio del gobierno de Alfonsín. Ahí ya era alguien con una especie de necesidad representar a un líder político, fuera del escenario. Aparte de verlo en las obras, con su entonces esposa, Marta Bianchi y el actor chileno Patricio Contreras, amigo personal de ambos, y en la otra con Jorge Rivera López. Curioso porque también viajó a Madrid al mismo tiempo, un grupo de amigos suyos y míos, entre los que se contaba Emilio Disi, que había estado años antes con su mujer en mi casa de Londres. El Beto Brandoni era típicamente porteño en eso de mantenerse unido a los amigos, y le encantaba verse correspondido. Entonces, en nuestros encuentros fuera del escenario, estaba pendiente del teléfono en los albores del móvil. Su implicación era seria y lo demostraba. Al conocer mi involucración en las Asambleas de constitución del sindicato independiente de actores españoles, me dijo que estaba dispuesto a participar en una de ellas para hablar de su experiencia sindical. Pero, sinceramente, veía como contraproducente que un actor argentino, con su fuerte personalidad, diera lecciones a los españoles en asambleas conflictivas. No obstante, en una famosa noche de nevada, en 1986, en una asamblea en el antiguo teatro Jorge Juan colmado de asistentes, se apareció con otros compañeros como Jorge Rivera López y Emili Disi, después de su función, y desde lo más alto del anfiteatro levantaban la mano para hablar. Aunque no insistían y lo hacían para ver cómo reaccionaba yo, me pusieron en una situación difícil en mi labor de moderador, que tenía la responsabilidad de conceder el turno de palabra. Finalmente, no participaran, pero a partir de entonces eso fue motivo de queja suyo entre la broma y en serio, en toda mi involucración sindical posterior.
En 1992 volvimos a trabajar juntos en la serie de Televisión Española TANGO. Como él tenía un papel protagónico, y yo uno menor, dada nuestra relación personal, y contando con su aceptación me invitaron a compartir su caravana/ roulotte, o camerino en los exteriores en Madrid. Teníamos ocasión de hablar entonces y principalmente lo hacíamos de los hijos, sus dos hijas con Martha Bianchi, y mis tres hijos varones. Ya ostensiblemente, evitábamos la política por clara división de opiniones.
En 1994, con el sindicato español plenamente aceptado, comencé a participar en reuniones de la Federación Internacional de Actores, como miembro del Ejecutivo en representación de España. Brandoni era entonces vicepresidente de la Federación Internacional y nos vimos en varias ocasiones en lugares diferentes, desde EEUU hasta Turquía, y evidentemente en España. En esas reuniones se intensificó la relación personal, especialmente cuando teníamos días libres. Entre las anécdotas más agradables que compartimos en esas reuniones sindicales se cuentan precisamente las más humanas, aunque claro está que coincidíamos en la lucha por obtención de derechos internacionales para la profesión. Por ejemplo, en Arezzo, Italia al ser actores argentinos, descendientes de italianos, nos eligieron para representar a un barrio en la clásica tradición Fiesta de la Justa del Sarraceno, y la disfrutamos como niños gritando a favor del barrio que finalmente resultó ganador. En Estambul, en un Consejo Ejecutivo de la FIA en 1997, se ofreció, insistentemente, a servirme de cicerón, porque conocía muy bien la ciudad con su esposa, creo que en viaje de novios. Y antes de entrar en la Mezquita azul, nos sentamos a un costado de la entrada y se puso a leerme de un folleto turístico las indicaciones del lugar que yo iba a visitar por primera vez. Estábamos sentados prácticamente en el suelo, apartados a un lado, pero él tenía tal vozarrón conocido, que al entrar un grupo de turistas argentinos lo reconocieron por la voz, y nos rodearon pidiéndole autógrafos.
En 1999 asistimos juntos a una gran Conferencia Mundial sobre las Artes Escénicas organizada por la Federación Internacional de Actores-FIA- en Lisboa. Hacía poco que el presidente Alfonsín, había entregado la presidencia a Carlos Menem, pero Luis Brandoni ya le había tomado gusto a la política, creo que era diputado por la provincia de Buenos Aires, y si bien disfrutamos unos días juntos, me dijo que había recibido una llamada que le comunicaba que el ex presidente Alfonsín, había tenido un grave accidente de automóvil en el su del país. Brandoni decidió volver a Argentina antes de que terminara el encuentro internacional de actores, tenia una relación muy especial con el ex presidente. A partir de entonces, nos vimos otras veces, incluso en el 2001volvimos a coincidir en el trabajo, en Madrid, en una coproducción hispano-argentina, Los pasos perdidos. La película fue dirigida por la uruguaya Manane Rodríguez, y otra gran amiga, Concha Velasco, interpretaba la pareja protagonista con Brandoni.
En la década del 2000 yo fui elegido vicepresidente de la Federación Internacional de Actores, como representante de España, pero mi vinculación con Latinoamérica, hizo que viajara con frecuencia a esos países, como coordinador portavoz de los sindicatos de habla hispana y portuguesa. Nos vimos a menudo tanto en Buenos Aires como en Uruguay, donde tenía casa. En el año 2012 asistí en Buenos Aires al Homenaje que nos brindó la Asociación Argentina de Actores a los afiliados que estábamos vivos y en actividad, al cumplirse los 50 años de nuestro ingreso en el sindicato. Como dije había sido en 1962, y la ceremonia se celebró en el Senado de la República Argentina que a propuesta del la Asociación Argentina de Actores nos hizo entrega de un Diploma y de la Medalla de los 50 años. Brandoni estaba convocado junto conmigo y otro grupo de actores veteranos, pensé que lo iba a encontrar en ese emotivo momento, pero no asistió.
Pocos días después fui a verlo al teatro, en Buenos Aires, en un magnífico trabajo con Pepe Soriano,también entrañable amigo fallecido no hace muchos años. Al terminar le recriminé, amigablemente, que no hubiésemos compartido ese momento, y me lanzó una verdadera diatriba contra el sindicato de actores, diciéndome que él no se sentía representado. Afortunadamente, estaba Pepe Soriano, para salir de una situación difícil por la vehemencia de Brandoni. Lamentablemente, con los años sus actitudes polémicas no disminuyeron, si no que aumentaron con su giro a la derecha, y hasta se produjo un público enfrentamiento con el sindicato, que condujo a su dimisión/expulsión, cuando era dirigido por Alejandra Darín, hermana de Ricardo, también fallecida el año pasado.
Para acabar con notas emotivas y hasta irónicas el repaso de nuestros encuentros y desencuentros, contaré dos anécdotas curiosas En los años de mi vicepresidencia en la FIA, tras los suyos, nos encontramos varias veces y en distintos lugares con Marta Bianchi, ya ex esposa de Brandoni, Durante un tiempo Marta llegó a estar a cargo de las relaciones internacionales del sindicato Asociación Argentina de Actores, del cual el “Beto”, se apartaba cada vez más, porque no se sentía representado.
En tanto, volví a verlo en Madrid en teatro, justo antes de la pandemia, en su magnífica interpretación, con Carlos Blanco, de la obra Parque Lezama, escrita y dirigida por Juan José Campanella. Este espectáculo tuvo tanto éxito que se convirtió en película, recientemente, que aún se puede ver en una plataforma televisiva. Para mí, íntimamente, no deja de ser muy curioso el hecho de que la última vez que lo viera vivo, fuera en una obra con el título “Parque Lezama”, donde supuestamente transcurría. He comentado al principio de este homenaje a Luis “Beto” Brandoni, que mi carrera profesional en el teatro comenzó en una carpa teatro en ese Parque Lezama, en el verano argentino de 1959/60.
Fuente:
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