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Una metrópolis de 5,5 millones de abejas lleva más de 100 años bajo un cementerio de Nueva York

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En el barrio de Cayuga Heights, al norte de Ithaca, hay un cementerio con lápidas viejas, hierba recortada y el silencio que corresponde a los lugares donde la gente entierra a sus muertos. Lo que no esperaría nadie es que, a unos pocos centímetros bajo ese suelo, lata una de las mayores concentraciones de vida salvaje jamás documentadas en un entorno urbano. *Bajo el East Lawn Cemetery anidan, cada primavera, aproximadamente 5,56 millones de abejas silvestres de la especie Andrena regularis***, que emergen del suelo durante apenas unas semanas, polinizan los frutales y jardines del entorno y vuelven a desaparecer bajo tierra antes de que nadie repare en ellas.

El hallazgo, publicado en abril de 2026 en la revista Apidologie por un equipo de la Universidad de Cornell liderado por Steve Hoge y el entomólogo Bryan Danforth, uno de los principales especialistas mundiales en evolución de abejas, no es exactamente un descubrimiento: los investigadores de Cornell llevaban décadas sabiendo que Andrena regularis nidificaba en ese cementerio. Lo que no sabían era la escala de lo que ocurría bajo sus pies.

Una ciudad sin arquitectos

Llamar «colonia» a lo que vive bajo el East Lawn Cemetery es, técnicamente, impreciso, y esa imprecisión importa. Andrena regularis es una abeja solitaria: no hay reina, no hay jerarquía, no hay estructura social de ningún tipo. Cada hembra excava su propio nido individual en el suelo arenoso, deposita sus huevos, los aprovisiona de polen y néctar, y sella la cámara. Las galerías no se comunican entre sí. No existe coordinación colectiva.

Según los investigadores de Cornell, lo que hace única a esta agregación no es la cooperación entre individuos, sino que el lugar resulta tan adecuado que millones han llegado a la misma conclusión de forma independiente durante más de cien años.

Y sin embargo, el resultado es el de una metrópolis. Debajo de 6.500 metros cuadrados de césped, los investigadores calcularon una densidad media de 855 nidos por metro cuadrado en las zonas más densas. El suelo arenoso y poco perturbado del cementerio, el microclima soleado de la ladera y la ausencia de herbicidas crean las condiciones que Andrena regularis lleva seleccionando desde que existe como especie. Mientras la ciudad de Ithaca crecía a su alrededor, mientras se construían carreteras y edificios y aparcamientos, la metrópolis subterránea seguía funcionando con la misma lógica de siempre: salir, polinizar, volver, morir, que los hijos emerjan el año siguiente.

La mayor de su clase

Para entender la magnitud de lo que hay bajo ese cementerio hace falta contexto. Una colmena de abejas melíferas domésticas contiene entre 20.000 y 60.000 individuos. La agregación de Ithaca equivale, en número, a entre 90 y 270 colmenas convencionales reunidas en un solo prado. Pero la comparación más reveladora es con otras agregaciones de abejas silvestres documentadas en la literatura científica: el siguiente registro conocido de una especie de Centris en Arizona alcanzaba 1,6 millones de individuos. El de Ithaca lo multiplica por 3,5.

A diferencia de las abejas melíferas, Andrena regularis excava su propio nido individual en el suelo, sin estructura social ni reina.
A diferencia de las abejas melíferas, Andrena regularis excava su propio nido individual en el suelo, sin estructura social ni reina.

La cifra de 5,56 millones no es un conteo individual, sino una extrapolación estadística. El equipo de Cornell instaló trampas de emergencia en cuadrantes representativos del cementerio durante la primavera de 2023, contó las abejas que emergían de cada metro cuadrado y extendió el resultado al área total. Es el método estándar para este tipo de estudios, y las barras de error son razonables, pero la cifra exacta podría variar. Lo que no varía es el orden de magnitud: sea 4 millones o 6 millones, nada parecido había sido registrado antes en abejas silvestres.

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La siguiente agregación documentada más grande en la literatura es de 1,6 millones de individuos. La de Ithaca la multiplica por más de tres. No hay nada comparable en los registros científicos.

Cien años de continuidad

Lo que añade otra capa al hallazgo es su antigüedad. Los registros de Cornell muestran que Andrena regularis lleva nidificando en ese cementerio desde al menos 1935. Noventa años como mínimo, posiblemente más: los primeros en documentarlo tampoco afirman haber sido los primeros en verlo. Una metrópolis de insectos que lleva funcionando en el mismo sitio durante al menos tres generaciones humanas, sobreviviendo a guerras, a la expansión suburbana de Ithaca, al cambio de propietario del cementerio, al paso de varios siglos en términos de historia local.

Para poner esa persistencia en perspectiva: el mayor apiario colectivo gestionado por humanos del mundo es el de Inzerki, en Marruecos, construido alrededor del siglo XVI con más de 3.000 colmenas. Lleva siglos funcionando porque generaciones de apicultores lo han mantenido activamente. La agregación de Ithaca lleva al menos un siglo funcionando sin que nadie hiciera nada: porque nadie sabía lo que había, y porque el cementerio, por su propia naturaleza, dejó de perturbarse.

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Los cementerios, señalan los autores, son uno de los últimos refugios de suelo no perturbado en entornos urbanos. No se ara, no se pavimenta, no se trata con pesticidas de forma intensiva. El suelo lleva décadas, a veces siglos, sin ser removido en profundidad. Para una abeja que necesita exactamente eso, un cementerio en mitad de una ciudad es el equivalente de un parque nacional.

El parásito que vive de los vecinos

La historia no termina en Andrena regularis. Donde hay millones de nidos también hay quien explota esa abundancia. El estudio documenta la presencia extensa de Nomada imbricata, una abeja cleptoparásita que no construye su propio nido sino que pone sus huevos en los de Andrena, aprovechando un momento de distracción de la hembra huésped. Las larvas de Nomada eclosionan, consumen las provisiones almacenadas para la cría de Andrenay ocupan el nido. Es una estrategia evolutiva antigua y perfectamente calibrada: Nomadano puede existir sin Andrena, y en Ithaca ha encontrado el mayor buffet de su especie jamás documentado.

La dinámica entre Andrena regularis y su parásito Nomada imbricata en Ithaca representa, en escala, una de las interacciones huésped-cleptoparásito más extremas jamás registradas en abejas silvestres.

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La relación entre ambas especies, y cómo la densidad de la agregación afecta a las tasas de parasitismo, es uno de los grandes hilos abiertos que deja el estudio. A mayor densidad de nidos, ¿mayor o menor presión parasitaria relativa? ¿Hay un umbral a partir del cual la masa de la agregación disuade a los parásitos, o los atrae más? Los datos de 2023 no responden a eso. Hacen falta varias temporadas.

El futuro incierto de las abejas

El estudio de Cornell es observacional y cubre una sola temporada de emergencia. Sus autores no saben si la población crece, se estabiliza o declina; no saben cómo afectará al cementerio el calentamiento que está adelantando los calendarios de floración en todo el noreste americano; no saben si el mantenimiento del césped en los próximos años protegerá o destruirá el microhábitat que hace posible todo esto. Lo que sí saben es que, sin un inventario como este, esa pregunta no habría podido hacerse nunca: el primer paso para proteger algo es saber que existe.

Bajo Ithaca, mientras sus habitantes viven y trabajan y conducen por encima, cinco millones y medio de abejas llevan un siglo haciendo exactamente lo que han hecho siempre. La ciudad de los muertos guarda, sin saberlo, la mayor metrópolis de vivos que la ciencia ha encontrado jamás en suelo urbano.

Referencias

Hoge, S. T., Kueneman, J. G., Fordyce, R., Dobler, C., Odanaka, K., & Danforth, B. N. (2026). Emergence dynamics and host-parasite associations in a large aggregation of Andrena regularis (Hymenoptera: Apoidea: Andrenidae). Apidologie. DOI: 10.1007/s13592-026-01094-0


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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