En el taller de Miguel Romero hay piedras por todas partes. Algunas esperan su turno apoyadas contra la pared; otras ya han empezado a revelar el eco de una figura. Sobre una mesa se amontonan cinceles, gubias, martillos, cepillos y brochas. En la puerta descansa una réplica en proceso de la Bocca della verità romana; cerca, dos esculturas del Buen Pastor aguardan el siguiente golpe de herramienta. También hay una virgen, varios bustos modelados y una porcelana amputada de Lladró a la que revive con la pericia de un cirujano.
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Fuente:
elpais.com



