No pasan ni cinco minutos desde que uno pone un pie en el empedrado del Albaicín de Granada, patrimonio de la humanidad, cuando ya aparecen las primeras pintadas: irrumpen en el centro de una pared desgastada, aunque blanquísima, recién encalada: “Graná eres mi renacimiento”, “por los momentos que no volverán”. Un poco más allá, en una plaza abierta al cielo y a la Alhambra, cuelga de una casa una bandera con la consigna “el Albayzín contra el turismo masivo” junto al dibujo de una jugosa granada devorada por las llamas.
Es la última batalla que libra el barrio nazarí: contra las inscripciones en las fachadas de edificios públicos y privados. Garabatos ha habido siempre. Sin embargo, desde hace un tiempo que ni los vecinos ni el Ayuntamiento saben precisar, se ha producido un repunte que muchos atribuyen a una moda alimentada por las redes sociales. La mayoría no son grafitis, sino declaraciones que van desde “Maca y Ana 2026” a reivindicaciones políticas y fechas que marcan la visita. Si bien antes se podían encontrar en puntos muy concretos, ahora se extienden por todo el barrio y se asocian en gran medida a turistas nacionales.
A principios de abril se hizo viral un vídeo en el que unas jóvenes visitantes escribían en una pared ya cubierta de frases. Las grababa una guía turística para denunciarlas: “Cargándose un barrio patrimonio de la humanidad donde vive gente”, se la oye decir. “Últimamente se está descontrolando”, dice Juan Carlos Benítez, vecino del Albaicín y portavoz de la organización Albayzín Habitable. Cuenta el caso de una vecina que vive un “horror” cada vez que pinta su fachada y, a los pocos días, las letras vuelven a aparecer.
El Ayuntamiento de Granada ha reforzado la limpieza con brigadas “especializadas en pintadas vandálicas” que operan de forma continua y aplican técnicas respetuosas con los muros originales. También ha instalado una veintena de cámaras de vigilancia en el barrio histórico como medida disuasoria y ha endurecido las sanciones. Los vecinos, sin embargo, reclaman más frecuencia en la limpieza, un canal ágil de comunicación con las brigadas, campañas de sensibilización para los visitantes y un control “real” del turismo masivo.
Irónicamente, la Junta de Andalucía celebró el Día de la Poesía en redes con una publicación que mostraba versos en las paredes del Albaicín, que según muchos usuarios blanqueaba el vandalismo. “Muchas veces las administraciones, ya sean locales o autonómicas, hablan del Albaicín, pero sin conocerlo ni tener en cuenta al barrio”, señala Benítez.
Para Albayzín Habitable, “el patrimonio milenario vandalizado y en ruinas” es tan solo una materialización más del abandono lento y silencioso que sufre el barrio, donde el tejido social ha quedado “destruido por la turistificación” y el paisaje se ha vuelto “irreconocible” por las masas de turistas, las tiendas de souvenirs, los bares que cubren plazas históricas y la infinidad de alojamientos turísticos que han expulsado a los residentes y han desfigurado casas y antiguos cármenes. Ante la inacción de las autoridades, la organización ha pedido a la Unesco una Misión de Monitoreo Reactivo, como se hizo en Venecia en 2020, que inste a las instituciones españolas a reforzar su conservación.
“Solo en el primer trimestre de este año se han otorgado siete licencias para hoteles. Mientras, los vecinos no encuentran una vivienda asequible”, señala Benítez. “No son casualidades, es una estrategia. Quieren que el Albaicín sea el centro económico del que viva toda Granada a costa de que la gente de aquí o no pueda vivir o se tenga que ir”.
Fuente:
elpais.com



