“Vivimos hace cuatro días en la casa nueva que, si bien no está arreglado todo, es agradable”, le contaba Joaquín Sorolla a su gran amigo Pedro Gil Moreno en una carta de finales de noviembre de 1911. Aludía el artista a su recién estrenado hogar en el madrileño paseo del Obelisco (actual calle del General Martínez Campos). Seguramente podría suscribirlo hoy, refiriéndose al complejo proceso de ampliación y remodelación de su casa-museo. Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, Madrid, 1923) lo escribía todo. Se conserva la prolija correspondencia que mantenía con su familia, amigos, colegas de profesión, mecenas…, donde detallaba cualquier asunto que le ocupara o le interesara. También lo pintaba todo, tomaba apuntes de lo que le llamaba la atención hasta en los menús de los restaurantes (se conserva alguno). Por eso, no es disparatado deducir que, si estuviera viviendo este cambio de piel en el que está inmersa su casa-museo, él mismo lo iría plasmando por escrito, en dibujos, lienzos y notas de color, como ya hizo durante la construcción de su casa y su jardín. Pero a falta de Sorolla… intentemos contarlo después de haber asistido durante meses a esta larga y compleja mudanza.
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Fuente:
elpais.com



