En algunas áreas subsaharianas, el contacto con el agua puede ser patógeno, doloroso y esterilizante. A Sylvia Razanaparana, una agricultora de arroz, su marido la abandonó porque pensaba (equivocadamente) que había contraído una enfermedad de transmisión sexual. “Todos creían que era mi culpa. Nadie me apoyó”, contó a la fotógrafa en referencia a su comunidad, que también la estigmatizó.
Razanaparana, así como las otras retratadas, había contraído esquistosomiasis genital femenina (EGF). Miora Rajaonary fotografió en Ambanja, al norte de la isla, a varias mujeres con esta afección, de la que antes de implicarse en este proyecto nunca había oído hablar.
Es prevenible, pero está poco y mal diagnosticada. La causa es un parásito que se encuentra en aguas contaminadas y provoca síntomas muy parecidos a los de las enfermedades de transmisión sexual. Quienes la padecen, la contraen por el contacto directo con el agua, sea en arrozales, al bañarse o, como ponen en escena las fotografías, al lavar la ropa. Además del estigma y el trauma social, en el aspecto físico provoca dolores agudísimos y problemas en los sistemas reproductivo y urinario.

Aun conociendo cuáles son los lugares en los que es más probable contraer esta infección, las mujeres vuelven por necesidad a los ríos contaminados y a los campos de cultivo. De ahí el nombre de la serie fotográfica: Sahy Rano, que en malgache se refiere a “alguien que no teme sumergirse en el agua aunque haya una corriente fuerte”. Aquí, significa temeridad, resistencia al malestar, reincidencia por obligación. Razanaparana entiende estos retratos como un reconocimiento “al coraje y la resiliencia de las mujeres que se enfrentan a esta enfermedad”. Porque lo más inaudito es que ellas retornan al agua contaminada a sabiendas del mal al que volverán a enfrentarse.

Fuente:
elpais.com



