¿En qué momento nuestros antepasados dieron el salto hacia un cuerpo similar al nuestro? Un amplio análisis de cientos de fósiles acaba de proponer una respuesta distinta a la que llevaba años dominando la paleoantropología. Según el estudio, ese cambio no fue un proceso lento e ininterrumpido, sino una transformación concentrada en una etapa muy concreta de la evolución del género Homo.
La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), indica que el mayor incremento del tamaño corporal no se produjo de forma gradual a lo largo de millones de años, sino durante una etapa muy concreta de la evolución del género Homo. Tal y como revela el estudio, el gran salto habría ocurrido hace entre dos y dos millones y medio de años, coincidiendo con la aparición de especies como Homo rudolfensis o Homo erectus/Homo ergaster.
La conclusión ayuda a explicar por qué durante años distintos equipos científicos llegaron a resultados aparentemente contradictorios. Algunos estudios defendían un crecimiento constante del tamaño corporal, mientras que otros sostenían que el cambio se concentró exclusivamente en determinadas especies del género Homo. Según los autores, ambas interpretaciones contenían parte de la verdad, pero analizaban piezas diferentes de un mismo rompecabezas evolutivo.
Para resolver esa aparente contradicción, los investigadores reunieron la mayor cantidad posible de información disponible sobre el peso corporal de nuestros ancestros y aplicaron herramientas estadísticas diseñadas para tener en cuenta tanto las relaciones evolutivas entre especies como las incertidumbres inherentes al registro fósil.
El mayor análisis realizado hasta ahora sobre el tamaño corporal de los homininos
El estudio se apoya en una base de datos formada por 386 fósiles pertenecientes a 21 especies diferentes de homininos, el grupo que engloba tanto a los seres humanos actuales como a sus parientes extinguidos. En total, los investigadores recopilaron centenares de estimaciones de masa corporal procedentes de décadas de investigaciones, incorporando además la incertidumbre derivada de la clasificación de muchos fósiles y de los distintos métodos utilizados para calcular el peso de individuos que vivieron hace millones de años.
Esa es precisamente una de las principales novedades del trabajo. En lugar de partir de una única reconstrucción, el equipo generó miles de escenarios estadísticos que integraban diferentes hipótesis sobre la filiación de los fósiles, las relaciones evolutivas entre especies y los márgenes de error de las estimaciones de peso. El objetivo era comprobar qué patrón aparecía de forma consistente independientemente de las incertidumbres.
Los resultados mostraron que sí existió una tendencia general hacia cuerpos ligeramente mayores con el paso del tiempo, pero ese incremento fue relativamente moderado. El cambio realmente importante apareció mucho más tarde y afectó especialmente a las especies posteriores a Homo habilis. El análisis indica que fue en ese momento cuando algunos representantes del género Homo comenzaron a alcanzar pesos cercanos o superiores a los 60 kilogramos, cifras comparables a las de muchos seres humanos actuales.
Por el contrario, especies muy conocidas como Homo floresiensis o Homo naledi constituyen excepciones claras dentro del árbol evolutivo. Ambas conservaron cuerpos considerablemente más pequeños que los esperables para su época, lo que demuestra que la evolución humana estuvo lejos de seguir una única dirección.

La evolución humana no siguió una única dirección. Mientras algunos linajes desarrollaron cuerpos cada vez más grandes, otros conservaron dimensiones reducidas hasta épocas relativamente recientes.
Australopithecus seguía siendo pequeño mientras otras ramas crecían rápidamente
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el contraste entre las distintas ramas de nuestra familia evolutiva.
Los primeros australopitecos, por ejemplo, mantenían un peso medio cercano a los 40 kilogramos y una estatura comparable a la de un niño actual. Durante mucho tiempo se asumió que la transición entre esos pequeños homininos y los humanos modernos había sido una sucesión continua de incrementos corporales. Sin embargo, el nuevo análisis apunta a una realidad diferente.

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Tal y como indica la investigación, mientras algunos linajes conservaron dimensiones relativamente reducidas durante millones de años, otros experimentaron un aumento mucho más acusado en un intervalo relativamente corto desde una perspectiva evolutiva. Ese cambio coincide precisamente con la aparición de especies como Homo erectus y Homo ergaster, consideradas por numerosos paleoantropólogos protagonistas de una profunda transformación biológica y ecológica.
No se trata únicamente de un aumento del peso corporal. Los autores sostienen que este cambio encaja con otras innovaciones que aparecen durante ese periodo, como una locomoción bípeda cada vez más eficiente, una mayor presencia de carne en la dieta y la expansión de los territorios recorridos por estos homininos en busca de alimento y recursos. El incremento del tamaño corporal habría facilitado desplazamientos más largos y una mejor adaptación a nuevos ambientes.
En ese sentido, el estudio propone que la evolución del cuerpo y la transformación del modo de vida avanzaron de forma paralela, formando parte de un mismo proceso adaptativo.
Un debate abierto desde hace décadas encuentra ahora una explicación común
La cuestión del tamaño corporal ha sido una de las más discutidas dentro de la paleoantropología. Diversos trabajos publicados durante los últimos treinta años habían llegado a conclusiones muy distintas, alimentando un intenso debate científico.
El nuevo estudio ofrece una posible explicación para esas discrepancias. Según sus autores, muchos trabajos anteriores analizaban conjuntos de fósiles diferentes o utilizaban métodos distintos para calcular el peso corporal. Además, en la mayoría de los casos no se incorporaban variables fundamentales como las relaciones evolutivas entre especies ni la incertidumbre taxonómica que rodea a numerosos fósiles.
Al integrar todos esos factores en un mismo modelo estadístico, los investigadores comprobaron que las hipótesis aparentemente enfrentadas podían convivir. Existió un incremento progresivo del tamaño corporal a lo largo de la evolución de los homininos, pero el cambio más importante se concentró posteriormente dentro del género Homo, especialmente entre las especies posteriores a Homo habilis.
El trabajo también señala que algunos fósiles continúan planteando importantes interrogantes. La clasificación de determinadas especies sigue siendo objeto de debate y las estimaciones de masa corporal dependen del tipo de hueso conservado y de las ecuaciones utilizadas para reconstruir el peso. Los propios autores reconocen que futuras investigaciones podrán afinar estas cifras conforme aparezcan nuevos fósiles y mejoren los métodos de análisis.

Comprender cuándo aumentó el tamaño de nuestros antepasados ayuda a explicar también cómo cambiaron su forma de desplazarse, alimentarse y ocupar nuevos territorios.
Un cuerpo mayor pudo cambiar la forma de conquistar el mundo
La evolución humana suele asociarse inmediatamente al crecimiento del cerebro, pero el cuerpo desempeñó un papel igualmente decisivo.
Un organismo más grande implica modificaciones en el gasto energético, en la forma de desplazarse, en la capacidad para recorrer largas distancias y en la manera de aprovechar nuevos recursos alimenticios. Por ello, comprender cuándo apareció ese cambio resulta esencial para reconstruir la historia de nuestra especie.
Los resultados del nuevo trabajo apuntan precisamente a que el aumento del tamaño corporal no fue una consecuencia aislada, sino una pieza más dentro de un conjunto de transformaciones que afectaron al comportamiento, la ecología y la expansión geográfica de nuestros antepasados. La aparición de homininos más corpulentos coincide con un momento en el que comenzaron a ocupar territorios mucho más amplios y a explotar de forma más eficiente los recursos disponibles.
Lejos de dibujar una evolución lineal, la investigación presenta una historia llena de excepciones, ramas que siguieron caminos distintos y especies que conservaron cuerpos pequeños mientras otras adquirían dimensiones muy superiores. Esa diversidad explica por qué el árbol evolutivo humano resulta mucho más complejo de lo que durante décadas mostraron los esquemas tradicionales.

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El estudio no cierra definitivamente el debate sobre cómo evolucionó nuestro cuerpo, pero sí aporta el análisis más completo realizado hasta la fecha sobre esta cuestión. Y, sobre todo, ofrece una idea que probablemente cambiará la forma de explicar nuestros orígenes: el gran salto físico que acercó a algunos de nuestros antepasados al aspecto de los humanos actuales no fue un proceso lento e ininterrumpido, sino una transformación concentrada en un momento clave de la evolución del género Homo.
Referencias
Gardner, Jacob D. et al, Competing models of hominin body size evolution, Proceedings of the National Academy of Sciences (2026). DOI: 10.1073/pnas.2521732123
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com




