Después de seis años sin rodar en su país natal, la directora saudí Haifaa Al-Mansour vuelve al séptimo arte con hambre de mostrar cómo opera el sistema patriarcal en su casa. Siendo mundialmente conocida por ‘La bicicleta verde’ (2012), primera película rodada completamente … en Arabia Saudí, cuenta ahora los sucesos que transcurren cuando el cuerpo inerte de una joven aparece en el desierto y solo una investigadora amateur muestra el interés por hacer justicia. Con esta premisa, refleja ambiciosamente la indignación ante el pasotismo de las autoridades: «Si nadie denuncia en dos semanas, irá a una fosa común».
Contando con las interpretaciones protagonistas de Mila Al Zahrani y Shafi Al Harthi, Haifaa sublima la ilustración de la sociedad árabe y el tratamiento del espacio como ente simbólico, todo comunicado en su lengua nativa.
-¿En qué se diferencia esta película de otros trabajos tuyos como ‘Mary Shelley’ (2017), que es gótico, romanticismo puro, o ‘Las brujas de Mayfair’ (2023), que se acerca más al terror fantástico?
-En cuanto al género, sí, esta película es completamente distinta de ‘Mary Shelley’ pero, en el fondo, ambas tienen protagonistas femeninas muy fuertes. Son viajes distintos, mundos diferentes, pero las dos luchan por recuperar su capacidad de decisión. A ninguna de las dos la sociedad (profundamente dominada por los hombres y centrada en la voz masculina, no en la femenina) les concedía autonomía ni respeto. Ambas querían que se escuchara su voz y lucharon por conseguirlo. Eso es algo que está presente en todo mi trabajo. Me gusta contar historias de mujeres que no se ven a sí mismas como víctimas. Creo que es muy importante, especialmente viniendo de Oriente Medio, mostrar mujeres inspiradoras que se rebelan contra su situación y que siempre buscan un lugar donde puedan ser felices o expresarse libremente.
-Partiendo de esa base, esta película muestra problemáticas contemporáneas que afectan a las mujeres en los países árabes. ¿Por qué decidiste abordarlas precisamente desde el thriller?
-Porque es un género que disfruto muchísimo. Me encanta ‘Sospechosos habituales’ (1995), son películas con las que crecí y que siempre me han fascinado. Quería aportar algo de ese estilo desde Oriente Medio, porque tampoco hemos visto muchos thrillers procedentes de esa región. Al mismo tiempo, quería mantener otra de mis influencias: el neorrealismo italiano. Creo que su autenticidad y su sentido de la urgencia encajan muy bien con el lugar del que vengo, con la forma de retratar ese mundo y trasladarlo a la pantalla. Mi intención era combinar ese realismo con elementos del thriller y del cine negro, mezclando dos universos visuales muy distintos para crear una identidad propia para esta película.
-Y con respecto a la dirección artística, ¿cómo fue su desarrollo?
-Siempre quisimos que los edificios resultaran enormes, casi abrumadores, mientras ella aparece diminuta caminando entre ellos. Es una forma de mostrar cómo el mundo puede resultar opresivo para ella, cuánto peso siente sobre sus hombros. También utilizamos muchos planos desde perspectivas muy creativas. Creo que ayudan a transmitir la sensación de estar atrapada en espacios reducidos, como cuando recoge los zapatos o cuando la vemos a través de la fotocopiadora. Reflejan la monotonía del mundo que la rodea y cómo ella casi parece borrarse, desaparecer. Sin embargo, intenta reafirmar constantemente su identidad, mantenerse presente frente a la cámara, frente a la luz. Luego están las escenas del desierto, que me parecen preciosas. Para nosotros el desierto tiene un componente muy romántico, pero también es un lugar abrasador, hostil y sin vida. Esa contradicción me resulta muy interesante.
-El desierto es un protagonista más…
-Sí, totalmente. Aunque no diría solo el desierto, todo el mundo que la rodea es otro personaje. Ella intenta desenvolverse en un entorno mucho más grande que ella, muy complejo, muy consolidado, muy arraigado. Así que sí, ese mundo puede entenderse como un personaje más: un personaje inmenso y omnipresente que ejerce una presión constante sobre ella.
-¿Diría que los ‘flashbacks’ de las discusiones con su exmarido funcionan como una especie de anticipación del desenlace?
-Sí, pero también sirven para mostrar que ella es una mujer muy compleja, llena de conflictos internos y emociones. Es una mujer a la que la sociedad ha ido arrinconando. En Oriente Medio (aunque no solo allí, sino en muchos lugares del mundo) el éxito de una mujer suele medirse por ser una buena esposa, tener un matrimonio exitoso, ser madre, ser una buena hija… Todo eso define el valor que se le atribuye como persona. Cuando todas esas cosas desaparecen, cuando se las arrebatan, una parte importante de la identidad también desaparece. Eso puede ser profundamente dañino para la psicología de una persona y para la forma en que se percibe a sí misma.
-Hablando de esa psicología, ¿de qué manera se entrelaza el descenso de Nawal hacia la oscuridad con el concepto decimonónico de la ‘histeria femenina’ teniendo en cuenta que todo surge tras su aborto y la relación con su marido?
-No creo que exista una conexión directa. Sí que es verdad que ella probablemente sufre una depresión y está pasando por muchos cambios hormonales y emocionales, mientras que su marido es incapaz de comprender su estado mental. Sabemos que muchas mujeres pueden sufrir depresión después de dar a luz, y más aún después de perder a un bebé al nacer. Pero cuando concebí este personaje, mi intención era otra. En Oriente Medio muchas veces representamos a las mujeres como figuras perfectas, casi angelicales, puras, cuando no necesitamos aspirar a ese ideal. Somos seres humanos imperfectos, complejos y contradictorios, y necesitamos ver personajes femeninos que reflejen esa complejidad de una manera entretenida.
Fuente:
www.abc.es



