Acto especial y excepcional el que tuvo lugar este lunes en el Prado. Especial, pues se presentaba en su sede una exposición que tendrá lugar en otro museo. Y excepcional, por el protagonista, el coleccionista y mecenas Plácido Arango, fallecido en 2020 a … los 88 años. Abrió el acto Miguel Falomir, director de la pinacoteca, quien recordó que «en estos momentos hay una exposición que recorre las extraordinarias transformaciones operadas en el Prado en los últimos 25 años. Y uno de los actores fundamentales del salto adelante experimentado por el museo fue, sin duda, Plácido Arango, en su doble condición: primero, de patrono; luego, de presidente del Real Patronato. El Prado hubiera sido distinto sin él. Hay una forma tangible de verlo y es a través de su extraordinaria generosidad. Cuatro de las piezas que cuelgan en la exposición fueron donaciones suyas». Asimismo, destacó «sus extraordinarias dotes humanas, pues supo hacer algo que era inusual dentro del ámbito hispano: dar al museo mucho más de lo que alguna vez recibió del museo».
Javier Solana, presidente del Patronato del Prado, no pudo acudir al acto, pero dejó grabado un vídeo para sumarse al homenaje a Arango: «Para mí, fue un gran amigo, un gran coleccionista de arte, patrono del Museo del Prado y sobre todo un apoyo extraordinario en los momentos en que había alguna dificultad. Era inteligente, cariñoso, sensible y una de las personas que dejó un recuerdo extraordinario en el mundo del arte español».
Miguel Zugaza regresaba al Prado como director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde tendrá lugar la exposición en homenaje al coleccionista. Aprovechó la oportunidad para hablar -y mostrar imágenes- de la ampliación de la pinacoteca, que entra en su recta final. El miércoles se abrió al público el atrio de Arriaga, que va a servir de acceso a la pinacoteca, «lo que llama Norman Foster el nuevo corazón del museo». El Museo de Bellas Artes, anunció Zugaza, reabrirá sus puertas a partir del próximo 5 de octubre, «tras la culminación del proyecto de ampliación ‘Agravitas’, coincidiendo con el 118 aniversario de su fundación. Nos dimos cuenta por casualidad que ese día es San Plácido. Son coincidencias que le dan un carácter muy especial a este proyecto».
«Vamos a terminar reformando cerca de 8.000 m2 e incorporando 6.000 m2 de espacios nuevos para el museo, lo que va a permitir relanzar el protagonismo del centenario Museo de Bellas Artes de Bilbao en una ciudad y en una comunidad que ha apostado decididamente por el arte y los museos como un elemento clave de revitalización cultural, social, económica y urbana. Recuerdo cómo poco antes de venir al Prado se recomendaba a la gente que llegaba a Bilbao que debía inexcusablemente ver el Guggenheim por fuera y el Museo de Bellas Artes por dentro, aludiendo a la calidad arquitectónica de uno y al magnífico contenido de la colección del otro. Creo que ahora también se puede recomendar ver el Bellas Artes por fuera cuando culminemos la ampliación, pero efectivamente su valor sigue estando dentro», advirtió Zugaza. Eso sí, olvidó recomendar visitar por dentro el Guggenheim.
«El Museo de Bellas Artes de Bilbao -prosigue- es un museo de colección y va a dedicar el protagonismo de su reinauguración a mostrarla en extenso, como si fuera la principal exposición temporal del museo. A su vez, es una colección de colecciones. Es una auténtica seña de identidad del museo y un caso único yo creo que en España el hecho de que casi el 70% de su colección procede de legados y donaciones desde que se funda a principios del siglo XX. En la reapertura vamos a ofrecer un especial protagonismo al coleccionismo con la puesta en valor de las obras y colecciones donadas y depositadas al museo y lo haremos de una forma muy especial a través del reconocimiento del ejemplo de Plácido Arango, uno de los grandes coleccionistas y mecenas en el ámbito estatal y en el internacional, con el que tuvimos la suerte de compartir muchas experiencias».
Patricia Phelps de Cisneros, gran amiga del mecenas, ha donado en memoria de Arango una obra de la venezolana Gego
Tomando como título una cita del escritor Octavio Paz, gran amigo de Plácido Arango, ‘La búsqueda del comienzo’, las obras de su colección se mostrarán en el futuro Museo de Bellas Artes de Bilbao, como una exposición extendida en el tiempo. Hasta 2030, irán rotando cada seis meses, en los accesos y las primeras salas del edificio antiguo, préstamos de la familia Arango. Destacó Zugaza el comodato y compromiso de cesión de un centenar de obras formalizado por sus hijos, Plácido, Maite y Francisco, presentes en el acto, junto con la escultora Cristina Iglesias, última pareja de Arango. Son obras de artistas como Pedro de Campaña, El Greco, Morales, Ribera, Van der Hamen, Murillo, Goya, Fortuny, Sorolla, Solana o Zuloaga. Este último, origen de su historia coleccionista a través de su suegro, exiliado vasco en México. También habrá obras de arte moderno y contemporáneo: Van Dongen, Miró, Henry Moore, Jean Dubuffet, Tàpies, Sol Lewitt, Andy Warhol o Juan Muñoz. Una celosía de Cristina Iglesias se instalará en la plaza Chillida, junto con obras del propio Chillida y de Palazuelo. En la nueva terraza que estará dedicada a escultura al aire libre estará una de las obras más emblemáticas de la colección contemporánea de Plácido, el ‘Homenaje a Calder’, de Chillida.
Además, se mostrarán obras de la Colección Arango donadas al Prado y al Museo de Asturias en Oviedo. ‘La búsqueda del comienzo’, dice Zugaza, «es un homenaje a Plácido, pero también al coleccionismo y, por este motivo, la exposición se abrirá también a la participación de otros museos y colecciones con las que sintonizó o colaboró en un mismo afán coleccionista. Un caso especial fue su relación con los museos norteamericanos como la Hispanic Society y el Metropolitan de Nueva York, el Meadows Museum de Dallas, o el Museo de Bellas Artes de San Diego». Este último prestará un espléndido ‘Bodegón como membrillo, repollo, melón y pepino’, de Sánchez Cotán. Anunció Zugaza que otra de las primeras obras invitadas será una pieza cedida por la coleccionista Patricia Phelps de Cisneros, gran amiga de Plácido. Será ‘Esfera 1’, de 1976, de la escultora venezolana Gego, que ha donado al museo en memoria de Arango.
De izquierda a derecha, Alfonso Palacio, Miguel Falomir, Maite Arango, Plácido Arango, Ibone Bengoetxea, Francisco Arango y Miguel Zugaza.
(Museo del Prado)
Plácido Arango hizo donaciones importantes en vida a tres museos españoles: el Prado, el Bellas Artes de Bilbao y el Bellas Artes de Asturias en Oviedo. A ellas se refirió Alfonso Palacio, director adjunto del Prado y exdirector del museo asturiano, tras hablar del ‘estilo Plácido’ -«un estilo caracterizado por la discreción, generosidad, inteligencia y elegancia»- y subrayar su labor de recuperación del patrimonio español que había salido al extranjero: «A pesar de su extraordinario sentido de humor, iba en serio, y fue muy en serio con tres museos a los que a lo largo de su vida llevó en el corazón, y a los que decidió reforzar, apoyar y ayudar con tres donaciones importantes». En 1984, Arango favoreció la llegada de John Brealey, el restaurador del Metropolitan, para que trabajara en la restauración de ‘Las Meninas’. Patrono de honor del Prado, en 1991 donó al museo la primera edición de ‘Los Caprichos’ de Goya. Y en 2015, 26 obras de 14 pintores.
Dos años más tarde, en 2017, llegó una donación al Museo de Bellas Artes de Asturias: 33 obras de 30 artistas. Diez años antes había donado a este museo una importante obra de Regoyos. Plácido Arango nació en Tampico (México), pero sus padres eran de origen asturiano y, de hecho, esa donación la hizo en homenaje a sus padres. «Una donación que hace, por lo tanto, a la tierra de sus padres y a un museo que también llevaba en su corazón desde hace tiempo», advierte Palacio. Y, finalmente, ha habido tres donaciones al Museo de Bellas Artes de Bilbao a través de Plácido Arango o de sus hijos: ‘Vista de Fuenterrabía’, de Luis Paret y Alcázar; ‘Bilbao’, de Richard Serra; y ‘Picador gitano’, de Zuloaga.
En nombre de la familia y de Cristina Iglesias tomó la palabra Maite Arango, hija del coleccionista y patrona de la Fundación Amigos del Prado: «Mi padre solía decir que daría por buena toda su trayectoria como coleccionista si algunas de las obras que reunió a lo largo de su vida llegaran a merecer el honor de colgar en las paredes de esta institución. Ahora nos enorgullece ver seleccionadas en la exposición sobre el Prado en el siglo XXI algunas de ellas y me emociona especialmente ‘El sueño de San José’, de Herrera el Mozo, que quiso dedicar a Alfonso Pérez Sánchez. En un momento tan ilusionante como la reapertura del Museo de Bellas Artes de Bilbao en octubre, tras la culminación de la ampliación de Norman Foster, va a tener lugar el proyecto que nos reúne aquí. Se trata de un homenaje a nuestro padre y a su trayectoria como coleccionista, pero también a la pasión por el arte de tantas personas e instituciones que compartieron con él esa afición».
«Fue mi abuelo quien encendió en él esa llama, ejerciendo una influencia decisiva en los orígenes de la colección y en la manera de entender el arte como algo que se vive, no sólo que se posee. Su amigo y compatriota Octavio Paz lo expresa muy bien cuando relaciona esa inclinación por el arte con la búsqueda de un comienzo. La muerte de Plácido ocurrió poco antes de la pandemia. Se fue con la discreción que le caracterizó toda su vida. Miguel Zugaza nos habló de la necesidad de hacer, no ya una exposición-homenaje, que a nuestro padre no le hubiese gustado nada, sino algo más sofisticado como un juego, un juego serio, una especie de cadáver exquisito que nos permitiera mostrar los diferentes intereses coleccionistas y relacionarlos con los de otros amigos o instituciones con los que compartió tantas cosas en vida en torno al arte. Nos convenció a los hermanos y hemos puesto en sus manos durante los próximos cuatro años más de un centenar de las obras que conservamos de la colección original de mi padre para participar en un proyecto que no es una exposición al uso, sino un viaje de búsqueda y descubrimiento en el que las obras que atesoró se unirán con las que deseó pero no pudo conseguir, con las que fueron suyas y de las que se desprendió, y que mostrará en sucesivas rotaciones el encuentro entre los artistas de su preferencia. Nos entusiasma esta idea», concluye.
Cerró el acto Ibone Bengoetxea, consejera de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco y presidenta del Patronato del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Recordó a Plácido Arango como «un coleccionista excepcional, pero sobre todo una persona que entendió que el verdadero valor del arte está en compartirlo con la sociedad».
Fuente:
www.abc.es



