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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
El Teatro de la Zarzuela continúa su valiosa labor de recuperación del patrimonio lírico español con la reposición de una obra tan emblemática como desconocida para buena parte del público: El gitano por amor, del maestro Manuel García.
Esta recuperación no solo rescata una rareza histórica: devuelve al escenario una obra viva, ingeniosa y musicalmente riquísima
Compuesta en 1829, resulta sorprendente que El gitano por amor nunca llegara a estrenarse en su tiempo. Conservada en forma manuscrita en la Biblioteca Nacional de París, no fue hasta 2024 cuando la partitura pudo finalmente recuperarse y ver la luz escénica en Málaga, para pasar después por Teatro Campoamor de Oviedo. El hallazgo supone un auténtico acontecimiento musicológico, pues nos sitúa ante una opera buffa de enorme vitalidad que confirma el inmenso talento de un creador que, durante décadas, fue uno de los grandes nombres españoles con proyección internacional. García triunfó en los principales escenarios europeos y desempeñó además un papel decisivo en la introducción de la ópera italiana en Estados Unidos, al llevar allí compañías profesionales completas en una época en la que apenas existía tradición operística.
Aunque hoy su nombre no se asocie a un único título popularmente célebre, su legado incluye obras de notable relevancia como Il califfo di Bagdad, La mort du Tasse y esta recuperada El gitano por amor, presentada ahora en Madrid bajo la dirección musical de Carlos Aragón y la dirección escénica de Emilio Sagi.
Basada en La gitanilla, de Miguel de Cervantes, la trama relata los amores imposibles entre un noble y una joven gitana. A partir de ese punto de partida, la obra despliega un entramado de enredos sentimentales, identidades ocultas, malentendidos y diferencias sociales. En esta ópera se advierte una clara inspiración en elementos del folclore español, especialmente en el imaginario romántico vinculado al mundo gitano, tan frecuente en la sensibilidad europea del siglo XIX. Al mismo tiempo, la escritura vocal revela una poderosa influencia italiana: la agilidad melódica, el pulso teatral y ciertos números de conjunto remiten con claridad al universo de Rossini, mientras algunos recursos anuncian ya caminos cercanos a la grand opéra francesa.
La importancia de El gitano por amor no reside solo en su calidad artística, sino también en lo que representa dentro del panorama musical de su época. Escrita íntegramente en castellano, la partitura actúa como puente entre la tradición española y el lenguaje operístico italiano dominante en Europa, anticipando de algún modo lo que sería la zarzuela moderna.
La producción de Emilio Sagi apuesta por la elegancia y la claridad narrativa. La escenografía de Daniel Bianco se articula en torno a un espacio sencillo, sobrio y funcional, presidido en el primer acto por un gran telón floral y apenas algunos elementos de mobiliario. Esa sencillez permite concentrar la atención en la acción dramática y, sobre todo, en la música. El resultado es un espectáculo ágil, luminoso y de ritmo constante, con momentos musicales de gran brillantez y una obertura de fuerza arrolladora que marca desde el inicio el tono festivo de la velada.

En el reparto, el papel de Hernando es asumido alternativamente por los tenores Juan Antonio Sanabria y Juan de Dios Mateos. El personaje de Rosita cuenta con las voces de las sopranos Sabina Puértolas y Suzana Nadejde, mientras que Inés es interpretada por María José Moreno y Rocío Faus. Completan el elenco Javier Povedano como Baldaquín, Begoña Gómez en el papel de Laura, José Ángel Florido como Manolo y el barítono italiano Pietro Spagnoli como el Marqués del Pino.
En suma, esta recuperación no solo rescata una rareza histórica: devuelve al escenario una obra viva, ingeniosa y musicalmente riquísima, capaz de recordar hasta qué punto el patrimonio lírico español aún guarda tesoros por redescubrir. Bravo por el Teatro de la Zarzuela.
Fuente:
www.nuevatribuna.es



