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La ciencia confirma que algunas aves primitivas ya sacrificaban su capacidad de vuelo para desarrollar enormes colas de exhibición hace 121 millones de años

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Durante más de un siglo, los paleontólogos han intentado reconstruir cómo eran realmente las primeras aves que convivieron con los dinosaurios. Algunas tenían dientes, otras garras en las alas y muchas conservaban rasgos que hoy parecerían incompatibles con un ave moderna. Pero pocas veces aparece un fósil capaz de cambiar la manera en que entendemos la evolución del comportamiento animal. Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con un pequeño pájaro prehistórico hallado en China cuya cola era tan extravagante que resulta difícil imaginar cómo podía sobrevivir con ella.

El animal ha sido bautizado como Plumadraco bankoorum, un nombre que significa literalmente “dragón emplumado”, y pertenecía al grupo de las enantiornitas, las aves más abundantes del Cretácico. Tal y como ha revelado un estudio publicado en la revista PLOS One, este ejemplar vivió hace unos 121 millones de años y poseía unas plumas caudales ornamentales que alcanzaban casi el doble de la longitud de su cuerpo.

El fósil fue localizado en los sedimentos de la Formación Jiufotang, en la provincia china de Liaoning, una región famosa por haber preservado algunos de los fósiles con plumas más espectaculares del planeta. El ejemplar se conserva actualmente en el Museo de Historia Natural de Shandong Tianyu, donde fue estudiado por un equipo internacional encabezado por Alexander D. Clark, del Field Museum de Chicago y la Universidad de Chicago.

A primera vista, el animal no parecía especialmente extraordinario. Su tamaño era parecido al de un petirrojo moderno y su anatomía encajaba con otras aves primitivas del Cretácico. Sin embargo, todo cambió cuando los investigadores observaron la cola. Dos larguísimas plumas emergían desde el pigóstilo —la estructura ósea que sostiene la cola en las aves— y se extendían hasta alcanzar casi 30 centímetros de longitud.

Para entender la magnitud del hallazgo basta una comparación: el cuerpo completo del animal medía apenas 15 centímetros. En proporción, se trata de una de las colas ornamentales más largas jamás encontradas en un ave fósil.

Una cola que no servía para volar

Las plumas de Plumadraco no estaban diseñadas para mejorar el vuelo. De hecho, probablemente lo dificultaban. Según indica el estudio, estas estructuras habrían generado resistencia aerodinámica y un importante coste energético, algo que en biología suele interpretarse como una señal de selección sexual.

En otras palabras: la cola era tan exagerada porque cumplía una función de exhibición.

Hoy ocurre algo parecido con los pavos reales, las aves del paraíso o ciertos faisanes tropicales. Sus plumas no ayudan a escapar de depredadores ni a recorrer grandes distancias; son ornamentos desarrollados para atraer pareja. Y todo apunta a que hace más de 120 millones de años ya existían comportamientos similares.

Los investigadores creen que las largas plumas de Plumadraco pudieron utilizarse en rituales visuales de cortejo. La estructura rígida de las plumas y la forma estrecha y afilada de sus extremos sugieren que podían vibrar o balancearse durante movimientos rápidos de la cola, creando efectos visuales llamativos.

Fósil de Plumadraco
Fósil de Plumadraco. Fuente: Clark et al.

El detalle más sorprendente es que el fósil conserva partes de estas plumas con un nivel de precisión excepcional. Gracias a ello, el equipo pudo estudiar aspectos microscópicos de su estructura que nunca se habían observado con tanta claridad en otras aves primitivas.

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Este fósil demuestra que las aves ya desarrollaban estructuras extravagantes para atraer pareja cuando los dinosaurios todavía dominaban la Tierra.

Las llamadas “plumas dominadas por el raquis” ya eran conocidas en algunas aves primitivas. Se trata de un tipo de pluma extinta que no existe en las aves modernas y cuya estructura era radicalmente distinta a la actual.

En las aves modernas, el eje central de la pluma suele ser tubular y ligero. Pero en estas especies primitivas el raquis tenía una forma abierta, casi como una “C”, con láminas laterales muy peculiares. El estudio de Plumadraco muestra que estas plumas eran todavía más complejas de lo que se pensaba.

A lo largo de la cola, la estructura iba cambiando gradualmente. En la parte final aparecían pequeñas expansiones en forma de “raqueta”, algo parecido a lo que hoy puede verse en algunas aves tropicales con ornamentaciones extremas. Estas terminaciones apenas representaban un 8% de la longitud total de la pluma, una proporción mucho menor que en otras aves fósiles conocidas.

Tal y como señala el trabajo científico, esa variación morfológica apunta a que las plumas no solo eran ornamentales, sino que probablemente estaban especializadas para generar movimiento visual durante exhibiciones.

Y ahí aparece otro detalle fascinante: el parecido con ciertas aves modernas.

Los autores comparan estas estructuras con las plumas ornamentales del ave del paraíso rey de Sajonia, una especie de Papúa Nueva Guinea famosa por poseer dos larguísimas plumas cefálicas que puede mover de forma independiente durante el cortejo. Aunque ambas especies están separadas por más de cien millones de años de evolución, el principio biológico parece el mismo: convertir las plumas en herramientas de comunicación visual.

El color del “dragón emplumado”

El estudio también intentó averiguar cómo era el aspecto de Plumadraco en vida. Para ello, los investigadores utilizaron análisis geoquímicos mediante fluorescencia de rayos X, una técnica capaz de detectar restos químicos asociados a pigmentos.

Los resultados indican que las plumas contenían altas concentraciones de cobre y azufre, elementos vinculados a melaninas oscuras. Esto sugiere que gran parte del plumaje era probablemente negro o marrón muy oscuro.

Sin embargo, el equipo no descarta que las puntas ornamentales de la cola pudieran mostrar colores iridiscentes o tonalidades azuladas. Ese tipo de colores no depende de pigmentos químicos, sino de la microestructura de las plumas, por lo que es mucho más difícil detectarlos en fósiles.

Si esa hipótesis es correcta, Plumadraco pudo ser mucho más espectacular de lo que revela el fósil: un pequeño pájaro negro, brillante, con una cola larguísima que reflejaba destellos metálicos bajo la luz del Cretácico.

El fósil de Plumadraco, junto a una recreación artística de cómo habría sido este ave en vida
El fósil de Plumadraco, junto a una recreación artística de cómo habría sido este ave en vida. Fuente: Clark et al. Ilustración: Ville Sinkkonen

La cola de este pequeño ave era tan extrema que probablemente dificultaba el vuelo, lo que refuerza su función ornamental.

Un fósil que habla del origen del comportamiento animal

Más allá de lo llamativo de la cola, el hallazgo tiene una enorme importancia evolutiva. Durante años, muchos paleontólogos han debatido cuándo aparecieron los comportamientos complejos de cortejo en las aves y hasta qué punto la selección sexual influyó en su evolución temprana.

Plumadraco aporta una de las pruebas más sólidas hasta la fecha de que estos mecanismos ya existían cuando los dinosaurios todavía dominaban la Tierra.

El estudio recuerda que en varias especies de aves primitivas solo algunos individuos presentan este tipo de plumas ornamentales, algo compatible con dimorfismo sexual. Es decir, probablemente eran los machos quienes desarrollaban estas estructuras para atraer hembras.

Eso implica que hace más de 120 millones de años ya existían preferencias sexuales capaces de moldear la evolución anatómica de las aves. Las hembras, en cierto modo, estaban “decidiendo” qué rasgos físicos se transmitían a las siguientes generaciones.

Y eso cambia la imagen tradicional de las primeras aves como animales simples y limitados ecológicamente.

Las enantiornitas fueron increíblemente diversas. Ocuparon bosques, lagos y ecosistemas arbóreos durante decenas de millones de años antes de desaparecer junto a los dinosaurios no avianos tras el impacto del asteroide de Chicxulub hace 66 millones de años.

Pero mientras existieron, experimentaron con formas corporales y ornamentaciones que en algunos casos parecen incluso más extravagantes que las de muchas aves actuales.

Las enantiornitas experimentaron con formas y plumas que, en algunos casos, parecen incluso más extravagantes que las de las aves actuales.

El fósil que obliga a mirar de otra forma a los dinosaurios

En las últimas décadas, los descubrimientos procedentes de China han transformado la visión científica de los dinosaurios y las primeras aves. Ya no se los imagina como criaturas grises y reptilianas, sino como animales llenos de color, plumas y comportamientos complejos.

Plumadraco bankoorum encaja perfectamente en esa revolución paleontológica.

Porque este pequeño fósil no solo muestra cómo eran algunas aves primitivas. También revela algo mucho más profundo: que la necesidad de impresionar, seducir y destacar visualmente es muchísimo más antigua de lo que pensábamos.

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Mucho antes de los pavos reales, mucho antes de las aves del paraíso y mucho antes incluso de los mamíferos modernos, un pequeño “dragón emplumado” ya desplegaba una cola imposible entre los bosques del Cretácico para llamar la atención de otros individuos de su especie.

Y quizás, en esencia, aquel comportamiento no era tan distinto del que siguen realizando hoy millones de aves en todo el planeta.


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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