Durante décadas, la evolución de los neandertales se explicó como una especie de camino recto: poblaciones antiguas de Europa habrían ido acumulando rasgos hasta desembocar, miles de años después, en los llamados “neandertales clásicos”. Sin embargo, cada nuevo descubrimiento parece complicar más ese relato. Ahora, un grupo internacional de investigadores liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) ha vuelto a poner patas arriba esa visión gracias a algo tan pequeño como varios dientes encontrados en una cueva del sur de Francia.
El estudio, publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, se centra en nueve dientes fósiles recuperados en el yacimiento de Payre, situado en el valle del Ródano. Aunque estos restos ya habían sido estudiados anteriormente, las nuevas técnicas de microtomografía y análisis morfométricos han permitido observar detalles invisibles hace apenas unos años. Y lo que han encontrado los científicos no encaja con una evolución simple ni uniforme.
Tal y como indica el trabajo, los individuos de Payre vivieron hace unos 250.000 años, en pleno Pleistoceno medio, un periodo marcado por intensos cambios climáticos que alteraban constantemente los paisajes europeos. Los investigadores creen que esas oscilaciones climáticas provocaban aislamientos geográficos, movimientos de población y contactos esporádicos entre grupos humanos, creando un auténtico mosaico biológico en Europa mucho antes de la llegada del Homo sapiens.
Los dientes analizados muestran una combinación sorprendente de rasgos. Algunos recuerdan claramente a poblaciones más antiguas, como las de la Sima de los Huesos de Atapuerca, mientras que otros anticipan características propias de neandertales posteriores. Esa mezcla es precisamente lo que más interesa a los paleoantropólogos: demuestra que distintas poblaciones humanas evolucionaban de forma desigual dependiendo de su región y de las condiciones ambientales que enfrentaban.
El yacimiento de Payre no es nuevo para la ciencia. Las excavaciones comenzaron hace décadas y han permitido recuperar restos humanos, herramientas líticas y abundante fauna fósil. La cueva fue ocupada tanto por grupos humanos como por osos y otros carnívoros a lo largo de miles de años. Pero el nuevo estudio ha dado un giro inesperado al valor científico de sus restos dentales.
Una Europa fragmentada por el clima
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es el contexto climático en el que vivieron estos humanos. Hace 250.000 años, Europa atravesaba ciclos glaciares e interglaciares extremadamente intensos. En determinados momentos, bosques enteros desaparecían y grandes regiones quedaban convertidas en estepas frías. En otros periodos, los ecosistemas se recuperaban y permitían nuevas expansiones humanas.
Ese escenario provocaba que algunas poblaciones quedaran aisladas durante miles de años. Y cuando el clima volvía a cambiar, esos grupos podían reencontrarse, mezclarse o incluso desaparecer. Según plantea la investigación, esa dinámica explicaría por qué los fósiles europeos muestran tanta diversidad morfológica incluso dentro de la propia línea neandertal.
Los científicos llevan años debatiendo precisamente qué ocurrió durante el llamado Estadio Isotópico Marino 7, conocido como MIS 7, un periodo comprendido aproximadamente entre hace 240.000 y 200.000 años. Algunos investigadores defendían que las poblaciones de esa época ya podían considerarse plenamente neandertales, mientras que otros pensaban que aún conservaban muchos rasgos arcaicos heredados de grupos anteriores.

El caso de Payre parece situarse justo en medio de ese debate. Tal y como ha revelado el equipo del CENIEH, los dientes comparten similitudes anatómicas con otros fósiles europeos hallados en yacimientos franceses como Biache-Saint-Vaast o Montmaurin-La Niche, pero también presentan afinidades con los restos de Atapuerca, en Burgos.
Esto sugiere que las distintas poblaciones europeas mantenían conexiones biológicas complejas y cambiantes. No se trataba de grupos completamente aislados ni de una única población homogénea extendida por el continente. Más bien, Europa habría funcionado como una red dinámica de comunidades humanas que se separaban y reencontraban continuamente.
La idea cambia radicalmente la imagen tradicional de los neandertales. Durante mucho tiempo se les representó como una especie uniforme, prácticamente idéntica desde Francia hasta Siberia. Pero la paleoantropología moderna está revelando una realidad mucho más compleja y cercana a la diversidad observada en las poblaciones humanas actuales.

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Durante décadas se creyó que los neandertales evolucionaron de forma lineal, pero los dientes de Payre muestran un escenario mucho más complejo y fragmentado.
La tecnología que permitió mirar dentro de los dientes
Buena parte de este avance científico se debe a la tecnología. Los investigadores utilizaron microtomografía computarizada, una técnica capaz de generar imágenes tridimensionales del interior de los fósiles sin dañarlos. Gracias a ello pudieron estudiar la unión entre esmalte y dentina, una zona interna del diente extremadamente útil para identificar relaciones evolutivas.
Esta estructura interna conserva información anatómica muy estable, incluso cuando el exterior del diente está desgastado por el uso o deteriorado por el paso del tiempo. Además, los investigadores aplicaron análisis geométricos avanzados para comparar las formas dentales con cientos de fósiles de otros yacimientos europeos.
Los resultados muestran que incluso dentro del propio conjunto de Payre existía una notable variabilidad. Algunos dientes presentan rasgos menos derivados y más próximos a poblaciones antiguas, mientras que otros muestran características claramente neandertales.
Para los autores del estudio, esta diversidad interna es una de las claves más importantes del trabajo. En lugar de una evolución lineal y gradual, los neandertales parecen haber seguido trayectorias regionales distintas, condicionadas por el aislamiento geográfico y las fluctuaciones climáticas.
También resulta especialmente relevante el hecho de que estos fósiles llevasen décadas almacenados y estudiados parcialmente antes de que las nuevas tecnologías permitieran extraer información mucho más detallada. Tal y como señalan los investigadores, muchas colecciones arqueológicas antiguas todavía esconden datos fundamentales que solo ahora empiezan a salir a la luz gracias a las técnicas digitales.
No es la primera vez que ocurre algo así. En los últimos años, revisiones de fósiles descubiertos hace décadas han cambiado profundamente el conocimiento sobre la evolución humana. Nuevos escáneres, análisis genéticos y reconstrucciones virtuales están permitiendo reinterpretar restos que parecían ya completamente conocidos.

Los investigadores creen que las oscilaciones climáticas del Pleistoceno alteraron rutas migratorias y favorecieron tanto el aislamiento como el contacto entre poblaciones.
Un periodo clave para entender la evolución humana
El yacimiento de Payre ocupa además una posición estratégica dentro de la historia europea. El periodo comprendido entre hace 300.000 y 200.000 años sigue siendo uno de los más misteriosos de toda la evolución humana en el continente. Es precisamente entonces cuando empiezan a consolidarse muchas de las características físicas que acabarán definiendo a los neandertales clásicos.
Sin embargo, el registro fósil de esa etapa sigue siendo escaso. Por eso, cada nuevo análisis adquiere una importancia enorme. Los dientes de Payre aportan una instantánea excepcional de una Europa en transformación, donde diferentes poblaciones humanas sobrevivían adaptándose a cambios ambientales extremos.
Además, los hallazgos encajan con otros estudios recientes basados en ADN antiguo, que también muestran una historia evolutiva mucho más compleja de lo que se pensaba hace apenas veinte años. Los neandertales no fueron un grupo aislado y uniforme, sino una red de poblaciones que intercambiaban genes y evolucionaban en distintos escenarios ecológicos.
La investigación francesa refuerza así una idea cada vez más aceptada entre los paleoantropólogos: la evolución humana no fue un proceso limpio y ordenado, sino una sucesión de migraciones, aislamientos, mezclas y adaptaciones locales.

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Y, en ocasiones, son precisamente los fósiles más pequeños los que terminan revelando las historias más grandes. En este caso, nueve dientes encontrados en una cueva del sur de Francia han abierto una nueva ventana sobre uno de los capítulos más enigmáticos de la prehistoria europea.
Referencias
Laura Martín-Francés et al, Reassessment and new evidence of the dental remains from Payre site (France), Archaeological and Anthropological Sciences (2026). DOI: 10.1007/s12520-026-02453-1
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



