InicioSociedad'Medea', el angosto sendero de la tragedia

'Medea', el angosto sendero de la tragedia

Publicado:

Necesitamos tu ayuda para seguir informandoColabora con Nuevatribuna

 

Carlos Valades | @carlosvalades

Declan Donnellan y Nick Ormerod

A Declan Donellan le gusta España y le encanta Madrid. Por tercer año consecutivo estrena en los Teatros del Canal otro clásico recauchutado por su compañía Cheek by Jowl, esta vez en colaboración con el Ivan Vazov National Theatre de Bulgaria. 

Medea, tragedia escrita por Eurípides, se representó por primera vez en el 431 a. C. El argumento es de sobra conocido: Medea, esposa de Jason y madre de sus dos hijos, es abandonada por este. Jason es un vivales, un trepa que busca prosperar y hacerse rico con la hija de Creonte, el rey de Corinto. Para ello no duda en abandonar a su familia en busca del parné que viene de una buena familia. El rey, que sabe de lo que es capaz una mujer abandonada y herida por despecho, decide expulsarla del reino. Medea, rota de dolor, finge sumisión y decide aceptar el trato de su ex y pirarse al día siguiente sin rechistar. Medea prepara un regalo para la reina como muestra de su buena voluntad: una corona y una túnica que al contacto con la piel te deja más estropeado que el ébola. La reina, que no sospecha nada, cae víctima de la falsa sororidad de la época. Se prueba los trapitos y muere entre espasmos, mientras el rey Creonte acude a auxiliarla y al contacto con el tejido letal, también las espicha. Medea, poco a poco va perdiendo la cabeza y decide anticiparse a la posible venganza que puede recaer sobre sus retoños y los asesina en el primer acto de violencia vicaria, esta vez ejercida por una mujer. 

Como acostumbra Donellan, la escenografía es mínima. Tan solo una tarima de madera que, como un cuadrilátero, ejerce tanto de púlpito sobre el que se asientan los personajes

Radina Kardzhilova, actriz búlgara, es la encargada de meterse en la piel del difícil personaje de Medea. Radina firma una excelente interpretación, y en menos de una hora se transforma, sufre por amor, busca la aprobación entre el coro para el terrible acto que va a cometer, disimula frente a su marido, Velislav Pavlov como Jason, llora y ríe antes del filicidio. Un personaje que tiene un arco dramático de serie televisiva de varias temporadas, comprimido en un ratito. 

Como ya acostumbra Declan Donellan, la escenografía es mínima. Tan solo una tarima de madera que, como un cuadrilátero, ejerce tanto de púlpito sobre el que se asientan los personajes para declamar, como de pira funeraria para la cremación final de los hijos de Medea. Las actrices que forman parte del coro y el resto de los actores se infiltran entre el público, que asiste a la representación de pie. Teatros del Canal ha tenido la deferencia de colocar algunas sillas para los espectadores de más edad o con algún tipo de impedimento. Se recomienda no hacer pierna ese día en el gimnasio.

El único inconveniente de la puesta en escena es la imposibilidad de seguir la rapidez con la que se suelta el texto y la lectura de los sobretítulos, con la interpretación. Además, los sobretítulos de los laterales se ven regular, por lo que recomiendo a las personas que asistan al espectáculo que se coloquen frente al cuadrilátero.

En definitiva, una nueva parada y fonda del maestro Donellan en Madrid, que sigue la estela de sus trabajos con compañías del este de Europa, y que nos vuelve a deleitar con una remasterización de otro clásico, trasquilando, limando, y dejando la esencia de la tragedia de Medea en una función de apenas sesenta minutos, tiempo suficiente para que intentemos comprender las motivaciones de una mujer despechada que pierde la cabeza y que decide viajar a las tinieblas del alma humana para cometer el más atroz de los asesinatos.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

Artículos relacionados

Publicidadspot_img

Artículos recientes

spot_img