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Los verdaderos enemigos de la democracia

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Sostendré en este artículo los dos peligros que la democracia y el Estado de Derecho deberían sortear allí donde, supuestamente, imperan ambos; también mi pesimismo a que, en el transcurso de las décadas próximas, ambas instituciones y principios se sostengan en el tiempo por motivos que diré. Adelanto que no creo que sean ni los militares -antaño golpistas en países y zonas como América Latina, España, África, etc.- ni la extrema derecha será la que acabe con esta relación establecida entre gobernantes y gobernados (democracia) y ese conjunto de principios (Estado de Derecho) que sostienen aquélla. Y no es porque la extrema derecha no esté en esa labor sino porque ni esas formaciones ni los poderes económicos que están detrás de partidos como los de Abascal, Meloni, Le Pen, Milei, etc. consideran que es rentable esa aventura dada la interrelación de las economías en el planeta y el peso que van teniendo las instituciones mundiales en las decisiones de las naciones (ONU, FMI, BM, UE, BRICS, OMC, etc.). Pensemos en los perjuicios que ocasionaría que un país europeo de la UE fuera expulsado de la institución debido a un golpe de Estado interno. Pero que no estén en ello o no les parezca rentable a los poderes económicos propiciar golpes de Estados para acabar con las democracias no significa que se queden con los brazos cruzados, sobre todo cuando vean que pueden llegar al gobierno -aunque una cosa es el gobierno y otra el poder como genialmente distinguió Maquiavelo- porque existe una manera distinta y nueva históricamente de anular la relación entre gobernantes y gobernados si los gobernados adquieren un nivel intelectual y un criterio ético capaz de torcer los deseos de los poderosos, de los privilegiados. No lo adelanto y sigo. Y es que para entender lo que está pasando en el mundo con las democracias hay que invertir los términos de jerarquía entre democracia y Estado de Derecho. La democracia surgió en la antigua Grecia allá por el siglo VI a. C., aunque esa democracia era una mezcla entre asamblea universitaria y junta de vecinos actuales, democracia en la que no podían participar las mujeres, los esclavos ni los metecos (hombres libres pero extranjeros). En realidad, la democracia surge ya en las postrimerías de la Edad Media ante la necesidad de los Reyes (los primus interpares) de financiar la Corona, las guerras y alguna cosa más de poca monta. Lo de la democracia está lleno de tópicos y el mundo anglo nos ha vendido la historia falsa y tópica de que la Inglaterra anglicana fue la primera en instaurar el sistema cuando, por ejemplo, Oliver Cromwell acabó con la incipiente y discriminatoria democracia de 1236 en 1648 con la purga de Pride, la decapitación del rey Carlos I y Cromwell se convirtió en dictador in pectore. Es en 1701 cuando, mediante el Acta de Establecimiento, que se puede hablar de parlamentarismo en un sentido más moderno, pero aún con voto privilegiado. ¡Sólo en 1928 se reconoció el derecho al voto de las mujeres! en condiciones de igualdad con los hombres. En España, por ejemplo, lo fue durante la Segunda República. Aún más tópico es lo del parlamentarismo francés que, a pesar de la Revolución francesa (o quizá gracias a ella), se produjo primero la dictadura con Napoleón y ¡la restauración borbónica después! Y es que sólo ¡en 1944 fue reconocido el derecho al voto de las mujeres! en la patria de los “derechos del hombre y del ciudadano”: menuda milonga nos han vendido los gabachos con su revolución, la separación de poderes (el propio Althusser niega que Montesquieu sea el padre) y el Estado de Derecho. Y no sigo más porque tantos tópicos falsos -valga la redundancia- y tantas mentiras convertidas en verdades mostrencas es insufrible. Volvamos al presente.

La democracia no sobrevivirá a la estupidez porque la estupidez no tiene antídoto

Veamos dos ejemplos extraños: dos supuestas democracias (dos teocracias en realidad) han atacado a Irán porque sí, que son la USA de Trump y el Israel de Netanyahu. ¿Hasta cuándo las vamos, las vais a seguir considerando democracias por el simple hecho de que haya elecciones? Dos democracias, una de las cuales practica genocidio con un pueblo indefenso (el pueblo palestino) además de atacar a otro pueblos y naciones soberanas, y la otra hace lo mismo con Irán, secuestra al presidente y esposa de otro país soberano (Venezuela), amenaza con quedarse un territorio de otro país ¡de la OTAN!, amenaza con intervenir en Cuba, México, ha bombardeado 14 países: ¿y seguís llamando democracia a USA y a Israel? El problema son las inercias del pensar, la consolidación de los tópicos en el cerebro. Pero invirtamos los términos entre democracia y Estado de Derecho y consideremos al segundo como sustantivo y al primero como adjetivo. Eso sí, entonces cabe preguntarse qué es el Estado de Derecho. Pues son instituciones pero, sobre todo, son principios: que los gobernados elijan a los gobernantes directa o indirectamente, que todos somos iguales ante la ley, gobernantes, gobernados, ricos y pobres, emigrantes y autóctonos, hombres y mujeres, el habeas corpus, que el Estado sea laico, ¡que se respete la legalidad internacional!, que se separe lo público de lo privado mediante un muro intransitable desde el punto de vista del gasto, que la sanidad y la educación públicas sean gratuitas enteramente, que jamás lo privado sea financiado con recursos públicos, que se luche contra la desigualdad, que se asegure un mínimo a todos los que habitan un país desde la cuna hasta la sepultura, etc. Todo eso y más es el Estado de Derecho en el siglo XXI y si esas cosas no se respetan, no se impulsan desde lo público tenía razón Lenin: ¿democracia para qué?

Pero todo esto tiene dos enemigos, uno interno y otro externo. El interno surge en las elecciones en una democracia cuando una parte importante de los ciudadanos votan en contra de sus intereses. Lo vimos en Alemania en 1933 cuando parte de la clase obrera votó al partido de Hitler y lo estamos viendo en el presente cuando una parte de los ciudadanos que necesitan de lo público (del conjunto de los impuestos) para su salud, su educación, su dependencia cuando son o sean mayores, para sus pensiones, su vivienda, y votan a partidos que quieren acabar con ello, que sólo sea el mercado el que actúe, que al que Dios se la dé San Pedro se la bendiga o, como decía una diputada del PP “que se jodan”. Y eso lo estamos viendo en España, Francia, Italia, Argentina, USA, etc. Es un mal universal, pero es el cáncer de la democracia porque la democracia no podrá sobrevivir con ese enemigo interno, con esa “quinta columna”, y ello será así porque los mismos que votan a su enemigo luego reclaman al gobierno de turno -el que sea- que mejore sus condiciones. Y surge la pregunta de por qué hacen eso. Y creo que hay varias respuestas: una es por ignorancia, simplemente, pero hay más. Por ejemplo, en el estado de California se estima que la victoria de Trump se produjo gracias al voto latino, ese voto y esos ciudadanos a los que el psicópata y golpista persigue y encarcela. ¿Acaso no sabían que algo así ocurriría porque Trump no ha engañado? Y la respuesta está en la consideración subjetiva pero también objetiva del privilegiado y es que muchos latinos ya instalados en USA consideraban que la mejor manera de mantener sus privilegios -aunque sean privilegios miserables, las migajas que los ricos dejan en la mesa- es impedir que otros latinos pudieran conseguir esos mismos privilegios no fuera que entonces, en esa nueva hipotética situación, que los privilegios se acabaran para todos porque un privilegio siempre es excluyente y se hace contra otros. Y eso ocurre en las guerras más dramáticamente: los pobres de unas naciones matando a los pobres de otras naciones. En España, como ejemplo, vemos que parte de los asalariados y de los pensionistas votan al partido que les quitó los convenios con la reforma del 2012 y al que subió las pensiones ¡el 0,25%! durante 4 años. Y el segundo enemigo es el efecto demostración, porque vemos a países que son autocracias como China que prosperan y de qué manera y otras como la India -democracia, frontera con la primera, con las mismas posibilidades, con ayudas occidentales- aún permanece en una mixtura entre el primer y el tercer mundo; también el renacimiento de la propia Rusia a pesar de las sanciones o, en sentido contrario, la decadencia acelerada de USA gracias a las ocurrencias del psicópata e ignorante que asienta sus nalgas en la Casa Blanca.

Soy pesimista y la democracia no sobrevivirá tal como la conocemos, y no acabará con ella golpistas de antaño sino la esterilidad de hogaño, la inanición, y ello porque el Estado de Derecho que hemos comentado antes puede sobrevivir sin democracia, pero ésta no podrá sobrevivir al voto ideológico de los que necesitan de lo público hasta para sobrevivir y votan a los que quiere acabar con ello (lo público). En definitiva, la democracia no sobrevivirá a la estupidez porque la estupidez no tiene antídoto.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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