En la sierra gaditana de Arcos de la Frontera se alza, semioculta entre el monte, una de las obras hidráulicas más imponentes que el Imperio romano dejó en el sur de Hispania. La cisterna de Sierra Aznar, datada en el siglo I d.C. y vinculada al antiguo municipio de Calduba (mencionado por Ptolomeo en el siglo II), se ha sometido al análisis tridimensional más preciso de su historia gracias a la combinación de fotogrametría digital y escáner láser terrestre.
El estudio, publicado en 2026 por investigadores de la Universidad de Cádiz en la revista Heritage, ha generado un modelo de alta resolución que permite calcular, por primera vez y con rigor científico, la capacidad de almacenamiento original de la cisterna. La estructura, que hoy tiene colmatado el 37,5 % de su volumen, podía albergar aproximadamente 2.180 metros cúbicos de agua, equivalente a la capacidad de unos 22 camiones cisterna.
El análisis tridimensional, además, ha aclarado algunos aspectos relativos a la organización del conjunto hidráulico al que pertenece la cisterna sin tener que excavar ni un metro de tierra. Se ha descubierto así un sistema articulado en varios niveles altimétricos que habría funcionado de forma integrada, aprovechando la gravedad para distribuir el agua por la ladera.
Un nuevo estudio presenta un modelo de alta resolución de la cisterna de Sierra de Aznar que permite calcular su capacidad de almacenamiento original.

Una cisterna tallada en la roca de la sierra
La ubicación del yacimiento se ha identificado con la Calduba mencionada por Ptolomeo, una pequeña ciudad donde el agua tuvo un papel central como fuerza cultural y organizativa del territorio. Con unas dimensiones en planta de 20 por 19,10 metros y una profundidad de unos 5 metros, la estructura de la cisterna de Sierra Aznar se asienta en una terraza a 355 metros sobre el nivel del mar. La construcción presenta una geometría asimétrica, con esquinas redondeadas; una de sus paredes se apoya directamente sobre la roca natural del terreno.
Para generar el modelo de la cisterna, el equipo empleó una cámara Nikon D800 con objetivo fijo de 50 mm para la fotogrametría, con la que se tomaron 513 fotografías distribuidas en tres alturas distintas, y un escáner láser Leica BLK360, capaz de capturar 360.000 puntos por segundo. Ambos métodos generaron nubes de entre 49 y 50 millones de puntos que posteriormente se integraron en un modelo unificado.
La cisterna se ubica en el yacimiento identificado con la Calduba mencionada por Ptolomeo, una pequeña ciudad donde el agua tuvo un papel central como fuerza cultural y organizativa del territorio.

Dos millones de litros y un tercio de la cisterna perdido en el tiempo
Una vez validado el modelo, los investigadores calcularon la capacidad original de la cisterna. Mediante AutoCAD, extrajeron la sección transversal y crearon un sólido tridimensional que replicaba la geometría interior del depósito. El cálculo dio como resultado 2.183 metros cúbicos, equivalentes a más de dos millones de litros, sobre una superficie en planta de 436,7 metros cuadrados.

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El volumen de sedimentos acumulados a lo largo de los siglos resultó igualmente llamativo. Partiendo de la única excavación realizada hasta la fecha, que se limitó al rincón suroeste, donde se alcanzó el suelo original a 356,78 metros sobre el nivel del mar, los investigadores calcularon la proporción de la capa sedimentaria: 819,8 metros cúbicos, el 37,5 % del volumen total. El sedimento alcanza 1,3 metros de espesor en la zona baja y hasta 2,3 metros en la zona alta de la estructura.
El cálculo de la capacidad de la cisterna dio como resultado 2.183 metros cúbicos, equivalentes a más de dos millones de litros, sobre una superficie en planta de 436,7 metros cuadrados.

Un sistema hidráulico que usaba la montaña como motor
El estudio, además, documentó y modeló en tres dimensiones otros dos elementos del complejo: un conjunto de balsas de decantación (las piscinae limariae, en la terminología romana) y una fuente terminal. El análisis altimétrico reveló una organización espacial de notable coherencia, en la que la cisterna se emplazaba a 368,42 metros sobre el nivel del mar, las balsas a 348,58 metros y la fuente a 303,69 metros.
El desnivel total supera los 30 metros, suficiente para que el agua circule por gravedad sin recurrir a mecanismos de elevación. Las distancias entre las distintas estructuras (unos 77 metros entre la cisterna y las balsas, y otros 60 metros entre las balsas y la fuente) refuerzan la imagen de un conjunto planificado con criterios de eficiencia hidráulica.
La diferencia de capacidad entre los tres elementos también confirma una jerarquía funcional deliberada. Así, la cisterna contaba con una capacidad de 2.180 metros cúbicos, las balsas, unos 95 y la fuente terminal, 443. La cisterna acumulaba agua a gran escala, las balsas clarificaban el agua mediante decantación y la fuente operaba de punto de redistribución controlado. Este orden recuerda, a grandes rasgos, al de una planta de tratamiento moderna, aunque construida hace veinte siglos.
El desnivel total supera los 30 metros, suficiente para que el agua circule por gravedad sin recurrir a mecanismos de elevación.

El gran enigma: ¿para qué servían dos millones de litros?
La función exacta del sistema sigue siendo objeto de debate. Algunos especialistas proponen una conexión de la cisterna con el acueducto de Gades. De confirmarse, esto convertiría Sierra Aznar en un nudo clave de la infraestructura hidráulica del conventus Gaditanus, la circunscripción administrativa romana que englobaba el suroeste de la Bética. Otras hipótesis apuntan al uso agrícola del agua o a la explotación de una mina de hierro cercana.

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Una cuarta lectura, de corte religioso, sugiere que el lugar fue un santuario dedicado a las divinidades acuáticas. La infraestructura monumental del complejo podría responder a este supuesto carácter sagrado. La abundante sedimentación, que representa en la actualidad un tercio del volumen original, apunta a un uso multifuncional y prolongado, compatible con periodos de mantenimiento reducido cuando cambiaron la organización administrativa y los usos del territorio.
La cisterna acumulaba agua a gran escala, las balsas clarificaban el agua mediante decantación y la fuente operaba de punto de redistribución controlado.

La tecnología que desvela lo que no se puede excavar
El estudio, además, demuestra el potencial transformador de la documentación tridimensional para el estudio del patrimonio hidráulico romano. Los investigadores señalan que la ausencia de canalizaciones físicas conservadas impide reconstruir con certeza el circuito completo del agua, pero la evidencia topográfica y volumétrica obtenida del modelo 3D es lo suficientemente sólida como para proponer una interpretación coherente del sistema. La investigación demuestra, de este modo, que la tecnología del siglo XXI puede recuperar información que parecía sepultada para siempre bajo dos milenios de historia.
Referencias
Calvillo-Ardila, J.A., Lagóstena-Barrios, L.G. y Galindo, P.L. 2026. «Three-Dimensional Analysis of a Large Roman Cistern: Hydraulic Study of the Sierra Aznar Water Management System». Heritage, 9, 212. DOI: https://doi.org/10.3390/heritage9060212
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



