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Pakistán anuncia que EE.UU. e Irán han consensuado el texto de un acuerdo de paz

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Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, y principal mediador entre ambos países en las negociaciones de paz, ha anunciado a través de su cuenta de X que Estados Unidos e Irán han consensuado un texto de acuerdo para llegar a ese objetivo. También ha añadido que ahora se trabaja en implementar los siguientes pasos.

Ni Washington ni Teherán confirmaron el mensaje del pakistaní, conscientes probablemente de las diferencias que les separan en cuanto a los temas a tratar y a su resolución.

”Podemos confirmar que se ha alcanzado un acuerdo sobre un texto final y Pakistán trabaja ahora con las dos partes para pasar a las siguientes etapas” añadió el político pakistaní. “La paz nunca había estado tan cerca como hoy” añade Sharif.

Horas antes, un portavoz iraní había indicado que “el acuerdo nunca había estado tan próximo”. Lo hacía minutos después de que Donald Trump acusara furioso en un mensaje en Truth Social a Teherán de hacer circular un borrador falso. “Esta es gente deshonesta y patética” escribió el presidente estadounidense. 

“Mientras que Pakistán despliega intensos esfuerzos de mediación, somos plenamente conscientes de que hay una campaña de desinformación incesante llevada a cabo por aquellos que quieren sabotear el acuerdo de paz” concluyó el primer ministro pakistaní en su mensaje. 

La secuencia de los últimos acontecimientos está en línea con la frenética actividad en las redes de Donald Trump -un hombre sin una estrategia definida para alcanzar la paz, pero con mucha prisa para conseguirla- en contraste con la retranca de las autoridades iraníes, que no han mostrado ninguna prisa para alcanzar ese acuerdo. Todo ello con un Estrecho de Ormuz cerrado después de tres meses y en un momento en el que las reservas de petróleo y de gas de los países empiezan a agotarse y los efectos sobre la inflación alcanzan también a Estados Unidos.

Los últimos acontecimientos arrancan a mediodía del jueves, cuando solo unas horas después de haber prometido un ataque “muy duro” contra Irán por haber derribado un helicóptero Apache sobre el Estrecho de Ormuz, Trump cambiaba de opinión y anunciaba que “el acuerdo está muy cerca” y que este había sido sometido a las más altas autoridades de Irán. Después realizaba una serie de declaraciones desde la Casa Blanca en las que anunciaba que la firma se iba a producir “muy pronto” y que probablemente sería en un país europeo. También añadía, todo ello en un tono muy vago, que él no iba a estar presente.

En sintonía con lo que ha ocurrido en las últimas semanas, un portavoz de Exteriores iraní aguaba la noche del jueves la fiesta del presidente al indicar que “todavía es pronto para decir que el acuerdo está próximo”. Lo que no impedía que la mañana del viernes, dos agencias de información iraníes filtraran un borrador de catorce puntos que Trump califica como falso.

El borrador difundido por las agencias Mehr y Tasnim es probablemente inexacto, pero es una demostración de cuáles son las aspiraciones iraníes en esta negociación. En concreto, se habla de un alto el fuego de sesenta días durante los cuales Washington y Teherán discutirán sobre la cuestión que más les separa: el enriquecimiento de uranio para conseguir el arma atómica.

Sin embargo, solo para sentarse, Irán da por hecho que Estados Unidos retirará las sanciones económicas que tanto perjudican a la economía persa y liberará 28.000 millones de sus activos congelados, vitales para un país acuciado por la crisis. Asimismo, Estados Unidos se debe comprometer a retirar sus tropas de la región y aceptar encabezar un plan de reconstrucción del país, una especie de Plan Marshall para la región.

Teherán vincula un futuro acuerdo entre ambos países con la paz en el Líbano, donde Israel ha iniciado una invasión del sur para erradicar a las milicias de Hizbulah. Y con una segunda cuestión también especialmente delicada: el control sobre el Estrecho de Ormuz.

Durante años, Teherán ha amenazado con bloquear este punto geográfico vital para la geopolítica energética mundial, pero nunca había dado el paso hasta que Irán e Israel atacaron el país el 28 de febrero, en unos bombardeos en los que pereció el líder supremo, Alí Jamenei y parte de la cúpula del régimen.

El bloqueo de Ormuz le ha dado a Irán una plena conciencia de su valor, una palanca a través de la cual puede bloquear de forma instantánea las exportaciones de petróleo y derivados químicos de los países del Golfo, la llave de paso del centro energético mundial. Ahora Teherán aspira a que EE.UU. le valide algún tipo de administración del Estrecho juntamente con Omán, país que está en la ribera sur y con el que ya ha empezado a hablar.

Quedarían fuera de las conversaciones el futuro de “la resistencia”, la galaxia de organizaciones a las que Irán ha alimentado y financiado en los últimos años (en Irak, en el Yemen, en Líbano) y contra las cuales Estados Unidos e Israel combaten desde hace décadas. Del mismo modo, no hay mención alguna al programa de misiles.

El texto es tan inverosímil para que pueda ser aceptado en su totalidad por Estados Unidos -que destruiría de asumirlo su prestigio y credibilidad en el mundo- que da una idea de la distancia que existe entre los dos países.

Israel, país que no participa en las negociaciones, pero es el principal aliado de Estados Unidos en la región, también está en contra de cualquier pacto que le obligue a abandonar las armas en Líbano y que deje intacta la capacidad militar de Irán en la región. Es, ahora mismo, el principal interesado en que las negociaciones fracasen.  

 


Fuente:

www.lavanguardia.com

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