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Señales de guerra en el Reino Unido

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Alerta en Europa

Preparación ante la guerra

En la vieja canción popular que cruzó siglos y fronteras, “Mambrú se fue a la guerra” evocaba, con tono burlón, la supuesta muerte de John Churchill, el célebre duque de Marlborough. Trescientos años después, el eco de aquella melodía resuena con una inquietante literalidad: el Reino Unido, heredero de aquella tradición militar, vuelve a prepararse para una guerra en Europa que muchos creían desterrada para siempre.

El giro estratégico británico no es aislado ni improvisado. Se inscribe en un clima continental marcado por la prolongación de la guerra en Ucrania, la creciente confrontación entre la OTAN y Rusia, y la percepción, cada vez más explícita en los altos mandos militares, de que Europa ha entrado en una “zona gris” entre la paz y el conflicto abierto. La advertencia del primer ministro Keir Starmer ha sido tan clara como inquietante: el Reino Unido debe asumir que vive en un escenario de “guerra en dos frentes”, con Ucrania en el este y Oriente Próximo como telón de fondo.

Este cambio de tono no responde únicamente a una retórica política. En los últimos meses, Londres ha acelerado un conjunto de medidas que, tomadas en su conjunto, dibujan un retorno a la lógica de la movilización nacional propia de las grandes guerras del siglo XX. Entre ellas destaca la actualización del llamado “Libro de Guerra”, un documento estratégico cuyo origen se remonta a la Primera Guerra Mundial y que durante décadas estructuró la respuesta del Estado británico ante conflictos de gran escala.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, firman declaración para el despliegue de fuerzas – PHOTO/ LUDOVIC MARIN via REUTERS 

La nueva versión de este manual no se limita al ámbito militar. Como ha explicado el mariscal jefe del aire Richard Knighton, el objetivo es adaptar la resiliencia nacional a “una sociedad moderna e infraestructuras modernas”, incorporando lecciones tanto de la Guerra Fría como de los conflictos recientes. El documento contempla desde la reorganización de hospitales hasta la movilización industrial, pasando por la preparación de la población civil para escenarios de escasez, interrupciones energéticas o ataques híbridos.

Knighton ha sido una de las voces más insistentes en subrayar la gravedad del momento. En un discurso que marca un punto de inflexión en el lenguaje oficial británico, advirtió que la amenaza rusa “está aumentando” y que el país debe prepararse no solo militarmente, sino también social e industrialmente. “Hijos e hijas, compañeros, veteranos… todos tendrán un papel que desempeñar. Construir, servir y, si es necesario, luchar”, afirmó, en una apelación directa al sacrificio colectivo que recuerda a las grandes movilizaciones del siglo pasado.

Sobre el terreno, esa preparación adopta formas concretas. Tropas británicas participan en ejercicios de alta intensidad en el flanco oriental de la OTAN, especialmente en los países bálticos, donde se ensayan escenarios de “guerra total” con Rusia. Estos ejercicios incluyen combate en trincheras, maniobras con munición real y simulaciones de enfrentamientos directos, en una clara adaptación a las características del conflicto en Ucrania. El general Richard Shirreff ha descrito estos escenarios con crudeza: se trata de una guerra “de extrema brutalidad”, comparable a los conflictos más devastadores del siglo XX.

El esfuerzo británico también se refleja en el plano presupuestario y tecnológico. El Gobierno se ha comprometido a aumentar el gasto en defensa hasta el 2,5 % del PIB en 2027, con la ambición de alcanzar el 3 % a más largo plazo. Este incremento se destina a la modernización de capacidades clave, incluyendo submarinos de ataque, sistemas nucleares y nuevas tecnologías como drones y guerra digital. En paralelo, se trabaja en la reconstrucción de la base industrial de defensa, considerada esencial tras décadas de infrafinanciación.

<p paraid="193566301" paraeid="{e82d96dc-e245-4dba-b3e6-4df66f82729e}{128}">Los vehículos dañados en el sitio de un ruso ataque con aviones no tripulados, en medio de las Rusias ataque en Ucrania, en Odesa, Ucrania el 9 de febrero de 2026 - REUTERS/ NINA LIASHONOK</p>
Imagen de ataque ruso en Ucrania – REUTERS/ NINA LIASHONOK

Alerta en Europa

Sin embargo, el Reino Unido no actúa en solitario. En todo el continente europeo se multiplican las señales de una preparación similar, aunque desigual. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ha impulsado un servicio militar voluntario de diez meses para jóvenes, en un intento de reforzar las reservas y enviar un mensaje de disuasión. En Polonia, el primer ministro Donald Tusk estudia fórmulas de entrenamiento militar generalizado, mientras que Alemania analiza la reintroducción del servicio obligatorio.

Los países nórdicos, más próximos geográficamente a Rusia, llevan la delantera en esta transformación. Suecia ha reactivado un sistema de registro obligatorio para jóvenes y desarrolla una estrategia de “defensa total” que implica a toda la sociedad. Finlandia y Noruega mantienen desde hace décadas el servicio militar obligatorio, integrando a la población civil en la planificación de defensa. En estos países, la preparación para la guerra no es una hipótesis lejana, sino una realidad asumida.

Más llamativa aún es la preparación civil. Suecia ha distribuido manuales a todos los hogares con instrucciones precisas sobre cómo actuar en caso de guerra, desde el almacenamiento de alimentos hasta la localización de refugios. Lituania ha elaborado guías similares. En contraste, las sociedades de Europa occidental, incluido el Reino Unido, muestran aún una cierta resistencia psicológica a asumir la posibilidad de un conflicto de gran escala.

Esa brecha de percepción preocupa a los estrategas. Como ha señalado el propio Knighton, el Reino Unido “no percibe la amenaza con la misma intensidad” que algunos de sus aliados, lo que podría ralentizar la respuesta en un momento crítico. De ahí la insistencia en abrir un debate público sobre los costes de la defensa y la necesidad de una movilización más amplia.

Emmanuel Macron presenta un nuevo servicio militar nacional mientras se dirige al ejército en la base militar de Varces, el 27 de noviembre de 2025 - REUTERS/ THOMAS PADILLA
Emmanuel Macron presenta un nuevo servicio militar nacional ante los temores de guerra – REUTERS/ THOMAS PADILLA

Preparación ante la guerra

La posibilidad de una guerra entre Rusia y los países europeos sigue siendo, en términos estrictos, un escenario que todos los actores afirman querer evitar. Moscú niega tener intenciones ofensivas contra la OTAN y denuncia la expansión de la Alianza como una amenaza directa. Sin embargo, la acumulación de tensiones, la militarización progresiva y la fragilidad de los equilibrios actuales alimentan la preocupación de que un incidente o una escalada mal calculada puedan desencadenar un conflicto mayor.

En ese contexto, el Reino Unido parece decidido a no repetir los errores del pasado. La reactivación del “Libro de Guerra”, el aumento del gasto militar y la apelación a la sociedad civil forman parte de una estrategia que busca anticiparse a lo impensable. Como en tiempos del duque de Marlborough, la guerra no es un destino deseado, pero sí una posibilidad que exige preparación.

La vieja canción infantil hablaba de un regreso incierto. En la Europa de hoy, la pregunta no es solo quién irá a la guerra, sino si el continente será capaz de evitarla. Entretanto, en Londres y en otras capitales europeas, los preparativos avanzan con una determinación que revela hasta qué punto la historia, lejos de haber terminado, vuelve a reclamar su lugar.


Fuente:

www.atalayar.com

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