Emmanuel Macron ha repetido con frecuencia, incluso en las peores crisis y cuando su continuidad en el Elíseo era cuestionada, que quería ser presidente “hasta el último cuarto de hora”. Salvo un accidente, parece que su deseo se hará realidad. Le falta solo un año para culminar su segundo mandato y no se conforma con un papel de mera figura decorativa. Prepara una intensa agenda porque tiene la voluntad de influir en la realidad nacional e internacional hasta el final.
En otoño pasado, cuando el país volvió a quedarse sin primer ministro y en una precariedad política total, se reactivó la hipótesis de que Macron arrojara la toalla para desatascar la crisis. Hasta Édouard Philippe, que fue su jefe de gobierno los primeros tres años, le aconsejó públicamente que lo dejara. Al final, la situación se salvó. Sébastien Lécornu, fiel entre los fieles del presidente, se convirtió en premier y sigue aguantando. A un año de los comicios, ya no interesa a nadie hacer caer al Gobierno. Se guarda toda la pólvora para la campaña presidencial.
Macron, de natural hiperactivo, opta por un crepúsculo luminoso, si ello es posible, porque piensa en su legado y en su futuro personal el día después. Accedió a la presidencia con 39 años y la dejará con 49. Será todavía muy joven para la jubilación.
El jefe de Estado, según el testimonio de ministros, transmite la misma energía y el mismo interés por los temas que el primer día. Es su forma de ser. De ahí que no frene el ritmo y que albergue ambiciones. Dentro de pocos días realizará una minigira africana (Egipto y Etiopía) y participará en una cumbre del continente en Kenia. El 26 de mayo presentará una iniciativa para acelerar la electrificación y ser menos dependiente de las energías fósiles. El 1 de junio asistirá como presidente, en Versalles, al último foro Choose France (Escojan Francia) para atraer inversiones internacionales. Del 15 al 17 de junio hará de anfitrión de los líderes del G-7 en la cumbre de Évian-les-Bains, a la que ha invitado al indio Narendra Modi, un gesto de la estrategia macronista de captar aliados para una tercera vía alternativa a las pretensiones hegemónicas de Washington y de Pekín, y al imperialismo ruso.
El futuro de Macron, que dejará el cargo con solo 49 años, lleva a especular sobre un camino en Bruselas
La agitada coyuntura mundial, con las guerras de Ucrania y de Irán, así como la actitud de la Administración Trump, ayudan al protagonismo de Macron, cuya labor diplomática es a menudo más valorada en el exterior de lo que se aprecia su gestión doméstica en Francia.
Según indiscreciones de la prensa francesa, Macron prepara un desfile militar para el Día de la Bastilla, el 14 julio, de una magnitud sin precedentes. Quiere invitar a todos los jefes de Estado y de gobierno miembros de la “coalición de voluntarios” que se está organizando para garantizar la paz en Ucrania en cuanto esta llegue. La intención es exhibir, más que nunca, el poderío militar francés y la unidad europea ante Putin y ante un Trump que anuncia retirada de tropas de Europa y desdeña la solidaridad atlántica.
En el terreno interior, está en la agenda la entrada en el Panteón -el mausoleo para las grandes figuras nacionales– del historiador y resistente judío Marc Bloch. Será el 23 de junio. Un acto de esta naturaleza siempre es significativo en Francia, donde vive la comunidad judía más numerosa de Europa, y envía un mensaje tácito ante las derivas ultraderechistas, dentro y fuera del país.
Para otros proyectos Macron necesita al Parlamento, muy dividido. El presidente aspira a que se apruebe una ley sobre la regulación “del final de vida” (en realidad, eutanasia), otra sobre la prohibición del uso de las redes sociales por los menores de 15 años y la puesta en marcha del servicio militar voluntario.
El desfile del 14 de Julio será mayor que nunca para mostrar a Putin y Trump poderío militar y unidad europea
¿Qué va a hacer Macron cuando deje el Elíseo? Él ha dicho que no pretende dedicarse más a la política, pero a pocos les convence. Se hacen múltiples especulaciones. Entre las hipótesis siempre barajadas está un alto cargo en Bruselas, como presidente de la Comisión o del Consejo Europeo. Tendría lógica dado su talante y su trayectoria, pero la unanimidad en torno a él no está para nada asegurada. ¿Se conformará con presidir una fundación de análisis político, escribir libros y pronunciar conferencias? Con 49 años, la tentación será grande de probar suerte otra vez. Hay quien ve posible, por tanto, que vuelva a presentarse en el año 2032 (la Constitución prohíbe tres mandatos consecutivos, pero no si son alternos), que intente un desagravio ante quienes ya despachan su presidencia, a un año de su conclusión, como un fracaso, y más aún si debiera ceder el Elíseo a la extrema derecha.
Fuente:
www.lavanguardia.com




