Un miedo distinto ahora se percibe en varios barrios de El Salvador, según testimonios recabados durante una visita de BBC Brasil al país. Algunas comunidades describen un alivio palpable tras el declive del control de las pandillas, mientras que otras familias y vecinos relatan experiencias que apuntan a detenciones masivas y a una creciente cautela para expresar críticas hacia el poder público.
Habitantes consultados destacan cambios en la vida cotidiana: calles por las que antes no se transitaba libremente vuelven a llenarse de gente y comercios reportan mayor actividad. Ese sentimiento de mayor libertad contrasta con relatos de quienes han perdido a miembros de su familia en procesos que consideran irregulares; para muchos, la recuperación de espacios públicos ha venido acompañada de medidas de seguridad de alcance extraordinario.
Entre las voces críticas aparecen madres que aseguran que sus hijos se encuentran detenidos sin pruebas concluyentes y vecinos que admiten sentir temor a manifestar opiniones en público. Estas denuncias se enmarcan en un contexto en el que el gobierno de Nayib Bukele ha impulsado una estrategia contundente contra las maras; aunque para numerosos ciudadanos esa estrategia representa la restauración del orden, para otros plantea preguntas sobre garantías procesales y libertad de expresión.
El balance entre la mejora en la percepción de seguridad y las señales de un clima más restrictivo sitúa a la sociedad salvadoreña ante una disyuntiva de difícil resolución: conservar los avances en seguridad sin socavar mecanismos esenciales de supervisión y justicia. Las distintas experiencias recogidas señalan que, más allá de la eficacia operativa, persisten interrogantes sobre transparencia, debido proceso y el espacio cívico necesario para el debate público. El futuro inmediato dependerá de cómo se manejen esas tensiones y de la capacidad de las instituciones para responder a las demandas de seguridad sin erosionar derechos fundamentales.




