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La ruptura Trump–Netanyahu dispara el miedo a una crisis energética global

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Trump rompe con Netanyahu: “Le dije que no lo hiciera”

Netanyahu, de Cristo a Gengis Kan

Crisis energética: Ras Laffan en ruinas y Ormuz en jaque

Desde el Despacho Oval, el presidente de Estados Unidos señaló como el responsable del ataque sorpresa al yacimiento de gas South Pars, que según él desató toda esta crisis energética que tiene al mundo pendiente de los apenas 33 kilómetros que mide el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del petróleo mundial.

Y no es para menos: ese golpe abrió las puertas a las represalias de Irán contra el Golfo, cerrando a medias el estrecho de Ormuz y poniendo el petróleo en precios que puedan desencadenar una crisis global sin precedentes.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, , en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D. C. (EE. UU.), el 19 de marzo de 2026 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, , en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D. C. (EE. UU.), el 19 de marzo de 2026 – REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN

Trump rompe con Netanyahu: “Le dije que no lo hiciera”

Ante esta situación, Donald Trump, acompañado de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, incidió en que, en repetidas ocasiones, advirtió a Netanyahu que no atacara la infraestructura energética iraní. “Le dije a Netanyahu que no tocase la energía iraní, y no lo hará más», afirmó. Con esas palabras, lo señaló directamente como responsable de los misiles iraníes que han alcanzado Ras Laffan, en Qatar, y varios puertos saudíes.

Sin embargo, desde Israel tres altos cargos, que prefirieron mantenerse en el anonimato, acusaron a Washington de mentir: según ellos, el ataque a South Pars sí se coordinó con la Casa Blanca. Netanyahu, por su parte, admitió que Israel actuó «en solitario», aunque no cerró la puerta a nuevas operaciones similares.

El fondo del problema es que Trump protege su imagen interna de cara a las elecciones de medio término, con la gasolina disparada, mientras el Pentágono mantiene el pie a fondo en el acelerador de la escalada militar.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D. C. (EE. UU.), el 19 de marzo de 2026 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D. C. (EE. UU.), el 19 de marzo de 2026 – REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN

De aliados a choque: cómo cambió todo entre Trump y Netanyahu

Hasta el 28 de febrero, día en el que empezó la guerra, ambos líderes se presentaban como inseparables. Trump rompió el pacto nuclear con Irán, reconoció la soberanía israelí sobre el Golán y trasladó la embajada a Jerusalén. Netanyahu, por su parte, repetía que Trump era “el mejor amigo de Israel” en la Casa Blanca.

No obstante, las últimas declaraciones de ambos mandatarios evidencian que sus caminos se han ido separando, probablemente porque persiguen objetivos distintos en la guerra contra Irán. Israel quiere tumbar el régimen de los ayatolás de raíz, mientras que Trump se centra en mermar su capacidad armamentística y nuclear, pese a que el exjefe antiterrorista estadounidense Joe Kent ha asegurado que Irán no estaba al borde de conseguir un arma nuclear. Otras voces, como la de Tulsi Gabbard, insisten en que los objetivos israelíes y norteamericanos “no casan”.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofrece una rueda de prensa en Jerusalén, el 19 de marzo de 2026 - REUTERS/ RONEN ZVULUN
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ofrece una rueda de prensa en Jerusalén, el 19 de marzo de 2026 – REUTERS/ RONEN ZVULUN

Netanyahu, de Cristo a Gengis Kan

En este contexto de fricción, Netanyahu, aludiendo al historiador Will Durant, desató una nueva polémica al señalar que “la historia enseña que Cristo no le gana a Gengis Kan”, y remató apuntando que “el mal aplasta al bien si tienes fuerza y crueldad”. Traducido a la actual guerra con Irán, el mensaje es claro: Israel no puede limitarse a ser el “bueno” moral, sino que debe golpear con firmeza para garantizar su supervivencia. Apenas pasaron unos minutos hasta que comenzaron las críticas desde los círculos cristianos.

El primero en reaccionar fue el arzobispo Atallah Hanna, quien calificó las palabras del primer ministro israelí de “sarcasmo ofensivo” y recordó que las bombas en Gaza, Cisjordania o Jerusalén “pegan mucho más fuerte que cualquier frase”.

En la misma comparecencia, Netanyahu subrayó que la guerra contra Irán la emprendió de la mano de Estados Unidos y que “nadie puede dar órdenes a Donald Trump”, a quien definió como “el hombre más poderoso del mundo”, insistiendo en que solo el presidente estadounidense decide hasta dónde llegar en esta ofensiva y cuándo ponerle fin.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una rueda de prensa, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Jerusalén, el 19 de marzo de 2026 - REUTERS/ RONEN ZVULUN
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una rueda de prensa, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Jerusalén, el 19 de marzo de 2026 – REUTERS/ RONEN ZVULUN

Crisis energética: Ras Laffan en ruinas y Ormuz en jaque

El ataque a South Pars desató la furia de Irán, que contraatacó sin piedad: misiles contra Ras Laffan –el complejo que maneja el 20 % del GNL mundial–, el puerto saudí en el Mar Rojo y Haifa. Las autoridades qataríes ya advierten que arreglar los daños tomará entre 3 y 5 años y costará en torno a 20.000 millones de dólares.

El resultado no se hizo esperar: Ormuz quedó semi-paralizado y el barril de Brent superó los 100 dólares, encareciendo los precios de la gasolina en todo el mundo.

En Mascate, el ministro omaní Badr Albusaidi lo ve lógico: “Era lo único que les quedaba ante una guerra diseñada para borrarlos del mapa”. En The Economist, pidió a Europa y al Golfo que presionen a Washington para negociar; mientras Trump se queja de que sus aliados de la OTAN no le van a ayudar a escoltar los petroleros que circulan por Ormuz.

El humo se eleva desde la refinería de petróleo de Saudi Aramco en Ras Tanura tras un supuesto ataque con drones iraníes, en medio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Ras Tanura, Arabia Saudí, el 2 de marzo de 2026 - PHOTO/ REUTERS
El humo se eleva desde la refinería de petróleo de Saudi Aramco en Ras Tanura – PHOTO/ REUTERS

Europa duda: británicos, franceses y alemanes prometen ayuda, pero solo “si hay alto el fuego”. El canciller Merz no da fechas. La OTAN celebró que Irán pierda capacidad militar, sin comprometerse de verdad.

Omán sigue mediando, tras meses de negociaciones nucleares truncadas en febrero. Albusaidi insiste: “Esto no es la guerra de EE.UU. Israel no va a ganar”. Irán remata por boca de Zolfaghari: “Si tocan lo nuestro, destruiremos lo suyo hasta que no quede nada”.

Mientras tanto, los países del Golfo pierden la paciencia y amenazan con repetir la jugada de la crisis del petróleo de 1973: recortar producción masiva y disparar precios para presionar a Occidente, como hizo la OPEP contra quienes apoyaron a Israel en Yom Kipur. Si ven que sus infraestructuras siguen en la mira iraní, no descartan una crisis energética global peor que aquella, con racionamientos y recesión asegurada.


Source:

www.atalayar.com

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