En las últimas semanas, entre los stories de Instagram, ha empezado a salirme un contenido rarísimo: fotos de mis amigos. Estaba yo viendo lo típico: anuncios, frutinovelas e influencers metiendo miedo con la crisis migratoria de Ceuta (al final va a resultar que leer sí que te hace mejor persona), cuando de repente, sin previo aviso, me apareció un vídeo de mi prima comiéndose una paella. Los pies de mi compañero de pilates semienterrados en la arena blanca. Al principio pensé que se me había roto el algoritmo, que su última actualización había sido en realidad un downgrade, y que había vuelto a 2012, cuando las redes eran sociales y esto iba de compartir con tus amigos y no de consumir contenido con pasividad catódica. Pero luego caí en la cuenta: no era el algoritmo el que había cambiado, eran mis amigos.
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Fuente:
elpais.com



