Un nuevo estudio publicado en Cell Host & Microbe identifica cambios en el ecosistema bacteriano del endometrio asociados a la menor tasa de éxito reproductivo a partir de los 35 años. El trabajo, liderado por la investigadora Rong Li de la Universidad de Pekín, analizó muestras endometriales de 149 mujeres en tratamiento de reproducción asistida distribuidas por tramos de edad y encontró una disminución notable de la especie Lactobacillus gasseri en pacientes de mayor edad.
Los autores señalan que, aunque la diversidad microbiana global no varió de manera apreciable entre grupos, sí hubo diferencias en especies concretas. Las pacientes que consiguieron embarazo tras transferencia embrionaria presentaron una mayor abundancia de Lactobacillus gasseri en el endometrio respecto a las que no lograron implantación. Según el equipo, esta bacteria destaca por su capacidad de adhesión a células endometriales y por propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que podrían preservar la receptividad uterina.
La investigación avanzó hacia una aplicación terapéutica al aislar exopolisacáridos (EPS) producidos por la bacteria, es decir, compuestos que actúan como posbióticos. En modelos celulares y en ratonas de edad reproductiva avanzada, la administración de estos posbióticos protegió células del tejido conectivo frente a marcadores de senescencia y mejoró las tasas de implantación embrionaria en animales. Los autores subrayan que los posbióticos podrían ofrecer una alternativa más estable que la introducción de microorganismos vivos en el tracto reproductivo.
La propia Rong Li y especialistas consultados llaman a la prudencia. La autora advierte contra la automedicación con suplementos comerciales y recuerda que el estudio es preliminar y no establece causalidad definitiva. Expertos españoles como Rocío Núñez Calonge (Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad) y el catedrático Guillermo Antiñolo Gil (Hospital Virgen del Rocío) valoran la aproximación pero destacan limitaciones: la asociación clínica, las variaciones hormonales y la baja biomasa de las muestras dificultan la extrapolación directa a pacientes.
El trabajo abre una línea inédita que sitúa la salud del microbioma endometrial como un posible pilar en la receptividad uterina y en estrategias para abordar la infertilidad en edades maternas avanzadas, pero los autores insisten en la necesidad de ensayos clínicos para validar seguridad y eficacia antes de cualquier aplicación clínica.



