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eBay y los paquetes llenos de cucarachas

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Entre incendios y migraciones es complicado sostener esa máxima de que en verano las noticias pequeñas se inflan. Máxime cuando estos días se ha resuelto un caso que encaja a la perfección en esa difusa categoría que llamamos serpiente de verano y que, sin embargo, ha pasado casi desapercibido.

En 2019, varios empleados de eBay llevaron a cabo una campaña de acoso y amenazas contra los periodistas David e Ina Steiner tras las críticas que estos habían publicado contra la plataforma de comercio digital en su boletín (hoy diríamos newsletter), EcommerceBytes. Según la demanda de los periodistas, los empleados les enviaban paquetes de apariencia inocente por fuera que, sin embargo, dentro contenían cosas como una máscara de cerdo ensangrentada, larvas de mosca, un feto de cerdo y otros obsequios de dudoso gusto. Al parecer, a los de eBay no les gustaba especialmente lo que los periodistas publicaban sobre su plataforma, y por eso decidieron espiarlos, amenazarlos, y enviarles estos paquetes; el más recurrente era el que estaba lleno de cucarachas vivas.

La noticia no es nueva (ya en 2020 The New York Times se hizo eco de ella), pero lo que se ha sabido estos días es que siete de los empleados de eBay han sido condenados, y la empresa va a pagar a los Steiner más de 55 millones de dólares para cerrar la demanda. La reconstrucción del caso que hizo en 2020 el NYT es fascinante: al parecer, el jefe de vigilancia de la compañía reunía a un equipo de seguridad y les ponía trozos de películas para que se inspiraran en su campaña de acoso. American Gangster, El lobo de Wall Street, Red de mentiras, ese tipo de filmes. El caso es que imaginar esa imagen (la de empleados acosadores llenando un paquete de cucarachas vivas para mandarlo a unos periodistas) me ha hecho volver a la infancia, al pueblo, a las estrategias rurales para espantar insectos: a la lavanda, el laurel y la menta como barrera aromática contra la plaga.

Ya me he puesto nostálgico. El verano se suele relacionar con la actividad frenética, pero a mí se me emparenta más con la melancolía: echo de menos aquel tiempo pretérito en el que Macondo era todavía una aldea de veinte casas de barro y cañabrava y, sobre todo, cuando los periódicos publicaban el top 10 de los programas más vistos del día anterior en televisión. Recuerdo que en ese ranquin diario comparecían, inevitablemente, Los Simpsons: los echaban en Antena 3 a la hora de comer en sesión doble y España entera los seguía —aunque fuera como ruido de fondo— en una suerte de ritual compartido. He pensado en la familia amarilla leyendo esta fascinante historia porque el caso de eBay podrían haberlo escrito los guionistas de la propia serie.

El problema es que no lo escribieron. Desde hace años repetimos que Los Simpson predicen el futuro, pero yo creo que es justo al revés: no es la serie la que adivina el mundo, sino que somos nosotros quienes, cada vez que ocurre algo demasiado absurdo, buscamos desesperadamente un capítulo que nos convenza de que alguien ya había imaginado semejante disparate. Es una forma de consuelo, porque si Homer ya lo vivió antes en la ficción, entonces el mundo sigue teniendo cierto sentido. El problema llega cuando descubres que ni siquiera los guionistas de Springfield imaginaron a unos empleados de Silicon Valley amenazando a periodistas con paquetes llenos de cucarachas vivas. Quizá porque la sátira necesita exagerar la realidad. Y la realidad ya no parece necesitar de ninguna ayuda.


Fuente:

elpais.com

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