La tendencia a la abstención en los últimos procesos electorales
Criterios de exclusión y su impacto en las listas de candidatos
Respuestas de la administración y el peso de la situación económica
Un parlamento aislado de la sociedad civil
La última jornada electoral en Argelia cerró con un dato que marca un punto de inflexión. Según confirmó la Autoridad Electoral Nacional Independiente (ANIE) a través de la televisión pública Ennahar TV, la tasa de participación provisional se desplomó hasta el 20,79 %.
El dato oficial llegó tras una jornada marcada por la baja afluencia en las principales ciudades, un escenario que el presidente en funciones del organismo electoral, Karim Khelfane, intentó mitigar autorizando una prórroga de una hora para mantener abiertos los colegios hasta las 20:00 horas en las 69 provincias (wilayas) del país. Sin embargo, la medida apenas alteró la tendencia.
La tendencia a la abstención en los últimos procesos electorales
Este mínimo histórico del 20,79 % prolonga la tendencia a la baja que arrastra Argelia desde la última década. En las legislativas de 2017, la afluencia ya se situó en un discreto 37 %. Cuatro años más tarde, en los comicios de 2021 —los primeros celebrados tras las históricas protestas del movimiento civil Hirak— el porcentaje de votantes cayó al 23 %.
Si bien en 2021 el Ejecutivo achacó los datos al boicot activo de bloques de la oposición, la abstención actual apunta a un desapego estructural del electorado. Este desplome de la participación complica los esfuerzos del Gobierno por consolidar internacionalmente el proyecto institucional de la llamada “Nueva Argelia”.
Criterios de exclusión y su impacto en las listas de candidatos
El camino hacia las urnas estuvo marcado por un fuerte filtro administrativo. Organizaciones locales y colectivos independientes estiman que unas 3.000 candidaturas y un tercio de las listas presentadas quedaron excluidas por los comités de control del Estado.
Esta criba vació de alternativas de oposición a grandes circunscripciones urbanas, destacando el caso de Argel, y limitó las opciones a los partidos tradicionalmente vinculados al aparato oficialista, como el Frente de Liberación Nacional (FLN) y la Agrupación Nacional Democrática (RND).

Desde el poder, la lectura del proceso fue radicalmente opuesta a los datos de las urnas. El presidente de la República, Abdelmadjid Tebboune —cuya reelección previa estuvo cuestionada por las dudas sobre la claridad en el recuento de votos— aseguró a la agencia estatal APS que el proceso transcurrió “en muy buenas condiciones logísticas y de seguridad”.
En esa misma línea, periódicos afines al régimen como L’Expression defendieron que la jornada sirvió para “dar plena legitimidad a la futura Asamblea”, una postura que choca con la opinión de analistas independientes, quienes ven en la Cámara un órgano supeditado por completo a las directrices del Ejecutivo y de la cúpula militar.
Respuestas de la administración y el peso de la situación económica
El silencio en los colegios provocó reacciones en la administración. El ministro del Interior, Saïd Sayoud, evitó hacer declaraciones ante medios independientes como el portal TSA, y optó por un mensaje en la televisión pública donde instaba a la población a “acudir de forma masiva a cumplir con el deber electoral”.
En las calles, sin embargo, los motivos para no votar se vinculaban directamente al bolsillo. Testimonios recogidos por agencias internacionales reflejaron esta realidad: ciudadanos de avanzada edad, como el jubilado Djammel Bouakkaz (74 años), explicaron que acudieron a votar casi por inercia, mientras que los sectores más jóvenes prefirieron no dar su nombre por temor al endurecimiento del código penal y las leyes de seguridad. Explicaban que la falta de caras nuevas y la desconfianza hacia los capítulos parlamentarios quitan las ganas de participar.

Un parlamento aislado de la sociedad civil
Con un censo que supera los 24 millones de electores para repartir los 407 escaños de la Asamblea Popular Nacional (APN), el futuro parlamentario se adentra en un terreno resbaladizo. Al anular las vías legales para que la oposición compita y perder el respaldo de ocho de cada diez votantes, cabe preguntarse si el Gobierno no está cerrando los únicos canales pacíficos de protesta en un momento crítico.
La prioridad del país real pasa hoy por la inflación, la pérdida de valor del dinar y la falta de empleo juvenil, asuntos que interesan mucho más que el juego parlamentario. Al final, las autoridades retienen el control de las instituciones, pero gobernarán un parlamento sin el respaldo de la sociedad civil.
Fuente:
www.atalayar.com



