Michele Ruol es anestesista, escritor y dramaturgo. Y de esa insólita mezcla ha surgido ‘Inventario de lo que queda cuando el bosque arde’ (Siruela), una originalísima novela debut que se ha publicado con gran éxito en Italia y que se ha traducido … a varios idiomas. Los objetos de una casa abandonada son los que narran la historia de cómo era y ya no es una familia arrasada por la muerte de sus vástagos.
Ruol transita el duelo de los padres a lo largo de veinte años para explorar su evolución. «No solo me interesaba entender qué supone en la vida de una persona, sino también cómo la vida de esa persona puede reorganizarse después. Siguiendo la metáfora del título, no me interesaba contar solo el incendio, si no dar tiempo a ese bosque quemado para que, de alguna manera, volviera a brotar. Para hacer eso necesitaba tiempo», explica ABC.
Una decisión espinosa en la que los objetos, paradójicamente, quitan espinas. «Quería narrarlo de la manera más honesta de la que fuera capaz. Para ello tenía que eliminar todo lo superfluo, lo que fuera sensacionalismo, o sentimentalismo. Esta estructura (basada en pequeños fragmentos que calan hondo momentáneamente, pero luego se desprenden para pasar a otro) me ayudó. Los objetos, que son la arquitectura que sostiene toda la novela, me permiten acercarme a la vida de los personajes, pero manteniendo una especie de distancia de seguridad».
«La foto de los chicos que hay en la mesita del recibidor es la misma que se ha usado para la lápida». El comienzo del libro es su detonante desde la entrada misma de la casa. Pero también pasa por la cocina (colección de imanes de nevera, el cazo de la leche), las habitaciones de los hijos (callejero, casco de esquí) o el coche (cinturón de seguridad, gafas de espejo). Así hasta 99 piezas que guardan la memoria de un nosotros que existió y que se resiste a desvanecerse por completo. «Los objetos absorben alma, absorben vida. No están vivos, pero tampoco son inanimados. Por eso tienen un valor, no económico, sino afectivo. Son un filtro para llegar a las personas», indica el autor.
Hasta ese recurso llegó Ruol a través de la literatura dramática y el teatro también es el responsable de que nadie en el libro tenga nombre. Son Padre, Madre, Mayor, Menor… «En el lenguaje teatral importan más los papeles que los nombres. Además, me interesaba que fueran roles universales que todos experimentamos. En un momento dado se produce un cortocircuito: tras el accidente, los papeles que definían a los personajes desaparecen. Ya no son madre y padre de nadie. Quedan vaciados y deben reconstruir desde cero no solo sus vidas, sino también su identidad. Es una situación extrema, pero refleja algo que todos vivimos cuando perdemos una relación, dejamos un lugar o desaparece algo que nos definía».
«Ahora se tiende a morir en los hospitales, a medicalizar ese proceso. Tendemos a tener miedo de algo que, en realidad, forma parte del ciclo natural de la vida»
El germen del libro se encuentra, no obstante, en la situación inversa. Ruol fue padre por segunda vez, en plena pandemia, mientras trabajaba en la unidad de cuidados intensivos. «Al principio teníamos mucho miedo, porque no sabíamos qué rumbo iba a tomar la situación: todavía no existían las vacunas ni muchas de las medidas y recursos que llegarían después. Y, por otro lado, en mi vida privada tenía un recién nacido en casa. Así que experimentaba un miedo aún mayor: el de poder hacerle daño involuntariamente contagiándolo», reconoce.
Esa experiencia le hizo descubrir una nueva vulnerabilidad asociada a ser padre. «Durante un tiempo esta situación hizo que no pudiera escribir, porque no tenía fuerzas físicas ni mentales. Sin embargo, la escritura siempre ha formado parte de mi vida y, en un momento dado, sentí la necesidad de volver a ella. Fue entonces cuando surgió la idea de los objetos y comprendí que podía empezar de nuevo».
Ruol encontró la forma de hablar de la muerte, del duelo. De todo lo que más nos inquieta y por eso ocultamos. «Antes era normal morir en casa. Ahora cada vez más se tiende a morir en los hospitales, a medicalizar ese proceso. En algunas ocasiones eso es necesario, por supuesto; no estoy cuestionando el papel de la medicina. Pero a veces tendemos a tener miedo de algo que, en realidad, forma parte del ciclo natural de la vida».
«Yo no quería hablar de la muerte en términos científicos; quería mostrar que alrededor del dolor existe algo más»
La anestesia es la rama de la medicina que se mueve en la frontera entre la conciencia y la inconsciencia, entre la vida y la muerte. «Pero yo no quería hablar de ello en términos científicos; quería mostrar que alrededor del dolor existe algo más. Cuento una tragedia enorme, pero es algo que nos ocurre a todos. Todos tenemos nuestros propios incendios, nuestras propias catástrofes. Cada uno las afronta de una manera diferente, pero incluso del sufrimiento puede surgir algo nuevo, puede florecer algo. Hasta ahí puede llegar una cierta luz», especifica el escritor.
Pero ‘Inventario de lo que queda cuando el bosque arde’ no ofrece soluciones ni caminos de salvación. «Es un recorrido personal, muy subjetivo. No hay una única respuesta y ni siquiera está garantizado que se llegue a encontrarla», señala. Sin embargo, Ruol sí ha encontrado en la naturaleza pistas de por dónde puede ir la cosa. «Nos recuerda cuál es nuestro lugar. Tendemos a considerarnos el centro del universo, cuando en realidad somos una parte mínima del planeta. La mayor parte está ocupada por plantas y formas vegetales. Ya solo poner en perspectiva quiénes somos nosotros en relación con el resto del mundo —sin hablar siquiera de nuestra relación con el universo— ayuda a relativizar la importancia que damos a ciertas cosas».
Por eso el autor ha querido que juegue un papel central en el libro. «La vegetación tiene una función concreta: mostrarle a Madre la fuerza de la vida. Y lo hace en un sentido biológico antes incluso que religioso o filosófico. Lo que Madre comprende al regresar a ese bosque que vuelve a cobrar vida es que tampoco una tragedia es eterna». La naturaleza es incendio, inundación, terremoto, pero también floración y primavera. Y todo a la vez.
Fuente:
www.abc.es



