InicioOpinión“Detrás de cada trámite hay una persona”, opina una lectora

“Detrás de cada trámite hay una persona”, opina una lectora

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Las instituciones no se deterioran de golpe, empiezan a hacerlo cuando dejan de cuidar los detalles: atender una llamada, responder un correo o dedicar unos minutos a escuchar a quien necesita ayuda. Ser funcionario no consiste sólo en gestionar expedientes, sino en recordar que detrás de cada trámite hay una persona. Evitar el contacto con los ciudadanos, incluso el telefónico, no es eficiencia; es renunciar a la esencia del servicio público. La tecnología debe acercar la Administración a la gente, no levantar nuevas barreras. La confianza no nace de las plataformas digitales ni de los discursos, sino de gestos sencillos como una explicación clara o una respuesta a tiempo.

Bibiana Caamaño Álvarez. Gijón (Asturias)

Desviar la mirada

Cada verano asistimos impotentes al mismo drama devastador. Nuestros bosques arden y el paisaje se reduce a cenizas. Y cada año nos toca escuchar el mismo mantra de que “los incendios se apagan en invierno”. Hay que recordar que son las administraciones locales y regionales las que tienen la obligación legal y moral de limpiar los montes, crear cortafuegos y dotar de medios estables a los retenes forestales durante todo el año. No vale mirar hacia otro lado ni culpar siempre al Gobierno central. Y nosotros, cómplices también, seguimos votando a los partidos que niegan el cambio climático y a los que se apoyan en ellos para gobernar. Así nos va.

Miguel Ángel Granados Ruiz. Pinto (Madrid)

Refugios

Resulta paradójico el hecho de que las bibliotecas públicas acorten su horario de apertura en verano. Cuando nuestros niños y jóvenes tienen más tiempo libre y no tienen un horario concreto que les ate a una rutina académica ni extraescolar. Cuando aparece el aburrimiento y el calor más agobiante, puede aparecer también un libro como mágico salvador de los males mundanos. No solo no se aumenta el horario de apertura de las bibliotecas, ofreciendo así un refugio climático a aquellos chavales que de otra forma no se les ocurriría usar este espacio, sino que, en muchos pueblos, se disminuye. Luego queremos alejarlos de pantallas y adicciones.

María del Mar Blanco. Fuengirola (Málaga)

Una esperanza

Una llega desalentada a la manifestación contra la masificación turística de Mallorca porque hace tiempo que sabe que las posibilidades de construir un proyecto de vida aquí son cada vez menores. Me rodea gente de todas las edades, pero no puedo evitar fijarme en los jóvenes. Intentamos sobrevivir en una isla que, poco a poco, nos expulsa. Somos una generación que no quiere renunciar a su tierra, ni a su identidad, ni a su cultura. Queremos seguir viviendo aquí y, por supuesto, compartir Mallorca con el resto del mundo, pero sin que ese intercambio implique tener que marcharnos. Al volver a casa, el desánimo deja paso a otra sensación. Pienso que quizá no todo esté perdido. Somos muchos los que nos resistimos a aceptar que vivir en Mallorca se haya convertido en un privilegio. Y tal vez, precisamente por eso, todavía estemos a tiempo.

Cynthia Mateu Martín. Inca (Islas Baleares)

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Fuente:

elpais.com

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