Manuel Azaña y Pedro Sánchez para las derechas no son españoles

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La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su libro “La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social” de 1977, expone una teoría sociológica muy interesante denominada “La espiral del silencio”, cuyas ideas fundamentales expongo a continuación.

La sociedad amenaza con aislar a los individuos díscolos con el pensamiento dominante. Los seres humanos experimentamos constantemente el temor al aislamiento, a ser rechazados por quienes nos rodean, ya que somos seres sociales y sentimos una acuciante necesidad de encajar en el grupo. Por ello, con mucha frecuencia nos mostramos reacios a manifestar públicamente nuestras opiniones, si intuimos que vamos a recibir algún tipo de rechazo de nuestro entorno. No es necesario que esa reprobación se manifieste de una manera explícita. Una mirada, un gesto o una mueca pueden ser suficientes para provocar nuestro silencio.

Lo que contra el señor Azaña se hace quizá no tenga precedente en nuestra historia, y si lo tiene, de fijo valdrá más no recordarlo. No se ejercita en su contra una oposición, sino una persecución

Este temor al aislamiento provoca que los individuos estén constantemente «sondeando» el clima de la opinión pública para determinar qué opiniones pueden expresar. Los resultados de dichos sondeos afectan a su comportamiento en público, sobre todo su disposición o renuencia a expresar abiertamente sus opiniones. De acuerdo con ello, surge la llamada «espiral del silencio», que es la situación, que se dibuja a medida que aquellos que tienen posiciones minoritarias son enmudecidos, y las opiniones percibidas como mayoritarias aumentan y se vuelven dominantes. Ese silencio les hace invisibles en la esfera pública, lo que provoca que acaben teniendo la sensación de que su opinión es más marginal de lo que es en realidad. Esto refuerza aún más su temor al rechazo social, creándose así una espiral donde las voces minoritarias van progresivamente enmudeciendo.

No obstante, no siempre acontece así. Ya que también pueda darse un «núcleo duro», es decir, algunos individuos que al ser presionados reafirman y persisten en sus opiniones. Esta minoría estaría formada fundamentalmente por personas con mayores niveles educativos y económicos, así como por los que no les importa el aislamiento o la exclusión de la masa. Además, esta minoría es necesaria para llevar a cabo los cambios necesarios en cualquier sociedad, mientras que la mayoría es un factor de estabilidad.

La teoría expuesta de “La espiral del silencio” podemos verla en la figura política de Pedro Sánchez. Hay bastante gente, que no se atreve a hablar bien o decir cosas positivas de él, aunque piensen que lo son, ante el temor de sentirse aislada, al intuir que va a ser rechazada en su entorno. Este voluntario y cobarde silencio les hace invisibles en la esfera pública y así va creándose una espiral donde las voces minoritarias van progresivamente enmudeciendo, lo que provoca a su vez que acaben teniendo la sensación de que su opinión es más marginal de lo que es en realidad.

En una sociedad para que una clase dominante a través de una fuerza política alcance el poder y pueda conservarlo, debe alcanzar la hegemonía cultural

Esta situación podemos constatarla. Hay muchos jubilados que han visto revalorizadas sus pensiones de acuerdo con el IPC; igualmente muchos trabajadores que se han beneficiado de la subidas del SMI, o quienes mantuvieron sus puestos de trabajo con los ERTEs durante el covid-19; o millones de españoles acogidos a las medidas del escudo social, como ayudas al transporte, y todos estos que se han visto beneficiados con las políticas sociales del gobierno de Sánchez no se atreven a expresarlo abiertamente por temor a la opinión del entorno anti-Sánchez.

Todavía más surrealista, muchos de estos defienden y prefieren a las derechas, que han votado en contra de sus propios intereses. ¿Las derechas no han votado en contra de la revalorización de las pensiones o de la subida del SMI? Y ahora mismo han votado en contra o se han abstenido en el decreto para combatir las secuelas de la guerra de Irán, entre ellas la rebaja de los combustibles.

Tampoco es una novedad que los de abajo voten a los de arriba en contra de sus propios intereses. En una sociedad para que una clase dominante a través de una fuerza política alcance el poder y pueda conservarlo, debe alcanzar la hegemonía cultural, concebida, no solo como dirección política, sino también como dirección moral, cultural e ideológica sobre las clases sometidas. La clase dominante se sirve de un conjunto de instituciones: educativas, religiosas, medios de comunicación para «educar» a los dominados, para que estos vivan e interioricen su sometimiento y la supremacía de la primera como algo natural y conveniente, inhibiendo así cualquier potencialidad reivindicativa

En la teoría del “espiral del silencio” también pueda darse un «núcleo duro», es decir, algunos que al ser presionados reafirman y persisten en sus opiniones, aunque sean contrarias contra la opinión dominante, y lo hacen, aunque puedan ser aislados, excluidos o insultados por la masa. Además, esta minoría es necesaria para llevar a cabo cambios necesarios en cualquier sociedad.

Yo modestamente me incluyo en ese núcleo duro contra la opinión dominante. Suelo hacerlo todas las semanas a través de mis artículos, y mis problemas me generan, ya que tratan de insultarme con el adjetivo de “sanchista”.  Mas, no solo con mis escritos, sino también en acontecimientos de mi vida personal.

No hay límite a los insultos dirigidos a Sánchez, hasta tal punto que se ha popularizado en numerosas fiestas de los pueblos interrumpir con gran jolgorio el pregón con el siguiente grito” Pedro Sánchez, hijo de puta”

Cuento tres anécdotas. La primera. Hace unos meses, pude contemplar profundamente atónito y compungido una escena lamentable. Era en una panadería de Zaragoza, una dependienta preguntó a un señor mayor, muy bien vestido con traje y corbata. Muy elegante; ¿Qué tal, don Manuel? Contestó de muy malas maneras. ¡Cómo quiere que me vaya con el hijo de puta de Sánchez! Me quedé un tanto perplejo. Mas, no pude aguantarme. ¿A usted le parece bien dedicar a una persona ese insulto? Una cosa es que no le guste y otra muy diferente proferir una injuria semejante. Me miró con cara de pocos amigos y me dijo, ¿que quién era yo para llamarle la atención? Le contesté: un ciudadano normal que no puede permanecer impasible ante semejante insulto. Y la advertí que había 2 chavales de unos 10 años que estaban observando la escena. Terminé ¡Vaya ejemplo! Y se marchó, aunque tengo mis dudas que se sintiera avergonzado.

La segunda. Estaba en una carnicería, también en Zaragoza, donde 4 o 5 clientes-por la edad eran jubilados- todos al unísono se quejaban amargamente de que todo estaba muy caro por la subida de los precios Ni que decir tiene que el culpable para ellos era Sánchez. Por cierto, no compraban carne de baja calidad. La más cara; ternasco, solomillo de ternera… Tome aire, respire profundamente. Y me dije: me tiro a la piscina. Que sea lo que Dios quiera. Me atreví a decir, “que también nos habían revalorizado las pensiones estos años”. Yo estaba sentado en un banco, los clientes me daban la espalda. Como si fuera un pistoletazo de salida, todos se giraron hacia mí y me lanzaron una mirada muy poco amistosa. No me replicaron de palabra. Sus miradas fueron suficientemente expresivas.

La tercera. Poco ha, a un cliente que conocía por coincidir algunas veces a la hora de tomar café en un bar, que acusaba al gobierno de Sánchez de «extrema izquierda», le insté a que me explicara su significado. ¿Qué entiende usted por extrema izquierda? No le quise preguntar por lo de bolivariano, que también solía utilizarlo. Bolivariano hubiera sido para nota. Se quedó un poco descolocado y meditabundo. Le volví a insistir, seguía silente. Tomé de nuevo la iniciativa. Le insistí: ¿Es que el gobierno de Sánchez va a tomar el Palacio Real, como se hizo con el Palacio de Invierno en la Revolución Rusa, tras el disparo del crucero Aurora? ¿Va a implantar la dictadura del proletariado? ¿También los soviets? ¿Va a nacionalizar la banca, los transportes, la industria…? Siguió perplejo y silente. Tras mucho esfuerzo, al fin me dijo que la extrema izquierda, reafirmó que lo era el gobierno de Sánchez, traería las colas de alimentos y medicinas, como en Venezuela, Corea del Norte y Cuba. Ante una argumentación de tanto calado ideológico, claudique: «me has convencido». Esta anécdota no pude contemplarla yo, pero me la contó un amigo de total confianza. Estaba repostando gasolina en una gasolinera y pudo oír que un cliente se quejaba de que el culpable de la subida del precio del combustible era, Pedro Sánchez. Alucinante. ¿Nos estamos volviendo todos gilipollas? Pronto, será culpable también de la extinción de los dinosaurios.

La clase dominante se sirve de un conjunto de instituciones: educativas, religiosas, medios de comunicación para «educar» a los dominados

A esta gente hay que pararles los pies y ponerlos en evidencia. Hay demasiada consideración hacia estos personajes. Ante estos bocazas descerebrados la gente se calla. Por ello, andan crecidos. Y así pasa lo que tiene que pasar, que hoy hablar con espontaneidad sobre la actuación política de Sánchez es una auténtica temeridad. Hoy no se puede hablar bien de él. Todo es negativo. Desde potentes medios y partidos políticos, Pedro Sánchez ha sido calificado con todo tipo de defectos y vicios. No ha existido un político en nuestra democracia más vilipendiado e insultado, me recuerda en cierta manera a Azaña, del que hablaré más adelante.

No hay límite a los insultos dirigidos a Sánchez, hasta tal punto que se ha popularizado en numerosas fiestas de las ciudades y pueblos interrumpir con gran jolgorio el pregón con el siguiente grito” Pedro Sánchez, hijo de puta”. Desde el balcón municipal las autoridades municipales se regocijan. Y la policía local ni se inmuta ante una injuria, que es un delito según el Código Penal. Así han conseguido que una parte muy importante de la sociedad le odie, y es imposible saber las razones.

Lo he visto en personas que curiosamente han sido beneficiadas por sus políticas, como algunos jubilados y algunos trabajadores. No hay respuesta razonada, sino una avalancha de dicterios y descalificaciones. Incluso personas que parecen moderadas tienen esta actitud. Felicitaría a los promotores si no fuera por las consecuencias tan negativas que ha originado en términos de crispación y división de la sociedad. Se ha acuñado incluso el término de sanchismo-un nuevo término en la sociología política- que refleja un odio visceral a Sánchez y a sus votantes. Aquí está la explicación de no poder hablar bien de Sánchez y quien se atreve se ve marginado o, incluso, insultado.

Pedro Sánchez ha sido calificado con todo tipo de defectos y vicios. No ha existido un político en nuestra democracia más vilipendiado e insultado, me recuerda en cierta manera a Azaña

Pues voy a reflejar algunas opiniones positivas foráneas sobre la actividad política de Sánchez. Viene bien observar cómo nos ven fuera. Merece la pena leer el artículo de Ekaitz Cancela aparecido en la revista argentina Anfibia, titulado Lo que queda del progresismo europeo. Pedro Sánchez contra el Trumpismo. Reflejo algunas pinceladas del artículo: “Sánchez se ha enfrentado a Donald Trump por las tarifas comerciales y el incremento del 5% del gasto exigido por la OTAN, así como por el bombardeo a Irán. Al mismo tiempo, se ha convertido en el “mediador” entre Europa y China”. “Pedro Sánchez ha conseguido articular una nueva constelación progresista con América Latina, diversificando las relaciones comerciales de la UE hacia bloques regionales distintos a Estados Unidos, y abriéndose a un multilateralismo basado en los derechos humanos”. “Al igual que Javier Milei en Argentina, con quien se ha enfrentado en distintas ocasiones, Pedro Sánchez utiliza la agenda internacional para galvanizar su base interna y distraer a la oposición”.

 Pero quiero detenerme con más detalle en otra visión foránea positiva, que he podido conocer en el artículo “Pedro Sánchez superstar” de John Carlin, publicado en La Vanguardia con fecha de 22 de marzo de 2026. Este medio no es social-comunista ni bolivariano, es un medio de derechas, pero una derecha moderada y equilibrada, que no tiene nada que ver con la derecha de muchos medios de la capital de España.

La Vanguardia es propiedad del Grupo Godó de Comunicación, controlado por la familia Godó desde su fundación en 1881. Javier Godó Muntañola, Conde de Godó, es el editor y figura histórica, mientras que su hijo, Carlos Godó Valls, asumió la presidencia ejecutiva del grupo en 2025, representando la quinta generación familiar. En cuanto a John Carlin es un reconocido periodista y escritor británico, famoso por su cobertura de conflictos internacionales y su especialización en la política de Sudáfrica.

Reflejaré algunas de las ideas del artículo de John Carlin, el cual se plantea la siguiente pregunta: ¿Existe algún motivo para sentirse remotamente optimista, para mantener una pizca de fe en la humanidad? La pregunta está más que motivada. Si tenemos en cuenta que estamos sumergidos en un mundo distópico, en un mundo oscuro, ya que nuestro destino está en manos de tres auténticos psicópatas, la de Donald Trump, la de Benjamín Netanyahu y Vladímir Putin. Y Carlin encuentra un conato de esperanza “en un podcast llamado The rest is politics, que dirigen dos veteranos políticos británicos curtidos en la guerra y en la diplomacia internacional, ambos con un fuerte sentido de la justicia. Alastair Campbell, laborista escocés, fue asesor en el 10 de Downing Street de Tony Blair durante seis años. Rory Stewart, conservador inglés, fue diputado parlamentario y ministro del gobierno.

Semanalmente entrevistan a algún personaje importante de la política internacional: Mark Carney, el primer ministro de Canadá; Alexander Stubb, el presidente de Finlandia; Radosław Sikorski, el canciller de Polonia, y, esta semana, Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno español. Según Carlin, “Sánchez habló con calma sobre los temas más serios del momento, como las guerras en Irán y Ucrania, como Israel y Gaza, la inmigración, el futuro de la Unión Europea y la inteligencia artificial. Y con un impecable inglés y con una lucidez, un abanico de conocimientos y una capacidad de entrelazar conceptos complejos que no me esperaba.

Pensaba mientras le escuchaba en la vergüenza ajena que me provocaría ver en su lugar a los Feijóo, Díaz Ayuso, Abascal y compañía, aunque hablasen inglés”. Tras la entrevista Campbell y Stewart dieron su veredicto. “Campbell opinó que Sánchez era un tipo de muy alto nivel (“very impressive”) y “un fenómeno”. Antes de la entrevista había hablado con varios diplomáticos extranjeros en Madrid que le habían dicho que Sánchez era, “de muy lejos”, el político español más capaz en muchos años. Para Stewart, Sánchez era “realmente brillante” y destacó su disposición, “inexistente en los políticos británicos”, a imprimir un valor moral en la política internacional y en el espinoso tema de la inmigración.

Nos cuenta finalmente Carlin que “amigos ultrapolitizados en Estados Unidos que vieron la entrevista lamentaron “el abismo moral e intelectual” que separa al “adulto” Sánchez de su presidente y de la mayoría de sus rivales demócratas y se quedaron atónitos ante su pragmatismo, su visión del futuro y “la amplitud y profundidad” con que trató los problemas más serios que afectan”.

Ni que decir tiene que Ana Rosa Quintana, Susana Griso, Vicente Vallés, Carlos Herrera y Carlos Alsina abrieron sus programas con la entrevista a Sánchez. Como también fue portada en La Razón, El Mundo y el ABC. Lo hicieron en un ejercicio de patriotismo, ya que se sentían orgullosos de que fuera de España se hablase bien de su presidente del Gobierno.

Pero dejemos la ironía. Volvamos a la realidad cruel. He comentado antes que la figura de Sánchez tan denigrada y vilipendiada en amplios sectores de la sociedad española, me recuerda a la de Azaña, que recibió ataques furibundos por parte de los poderosos, por la derecha de siempre, cuyo delito como gran estadista fue su intento de transformar y modernizar España a través de sus reformas educativas, agrarias, religiosas y militares, a través de la aprobación de un Estatuto para Cataluña o a partir de “razones y de votos”, que los reaccionarios contestaron con “puños y pistolas”.

Como señala Miguel Ángel Villena en su artículo De Azaña a Sánchez: «Lo que contra el señor Azaña se hace quizá no tenga precedente en nuestra historia, y si lo tiene, de fijo valdrá más no recordarlo. No se ejercita en su contra una oposición, sino una persecución. No se le critica, sino que se le denuesta, se le calumnia y se le amenaza. No se aspira a vencerle, sino a aniquilarle.

Para vejarle se han agotado todos los dicterios. Se le presenta como un enemigo de su patria, como el causante de todas las desdichas, como un ser monstruoso e indigno de vivir”. Este párrafo, nos dice Miguel Ángel Villena, está incluido en un manifiesto, escrito y divulgado en el otoño de 1934 en defensa de Manuel Azaña, entonces en la oposición, que había sido acusado en falso de instigar la Revolución de Asturias y había sido encarcelado en un buque-prisión del puerto de Barcelona.

Aquel manifiesto, que denunciaba las turbias maniobras de la derecha de la época, estaba firmado por un centenar de escritores e intelectuales de la talla de Azorín, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán, José Bergamín, León Felipe, Alejandro Casona o Isabel Oyárzabal.

Ni siquiera con su muerte en el exilio en Montauban, perseguido por la Gestapo y la policía franquista, se acabó tanta inquina. Se mantuvo durante la dictadura mostrándolo como un monstruo anticlerical, pervertido y cobarde, como un destructor del Ejército, la Iglesia y los valores patrios. Azaña fue un excluido, no merecía ser español, hasta tal punto, la dictadura trató de borrar cualquier rastro de su último presidente, llegando hasta el extremo de sustituir el nombre de un pueblo toledano, Azaña de la Sagra, que nada tenía que ver con el suyo, por el de Numancia de la Sagra, que trasparentaba la mitología de los vencedores de la Guerra Civil.

Azaña sigue enterrado en Francia y el nombre de Numancia de la Sagra todavía se mantiene. Merece la pena detenerse en este cambio de nombre tal como nos describe el periodista Carlos Mier, en su artículo A Azaña le cambiaron hasta el nombre. Realmente es una especie de tragicomedia lo acontecido. ¡Qué mentes más retorcidas pudieron llevar a cabo esta acción! Y estos estuvieron al frente de los designios de España durante 40 años. Y lo más grave es que las secuelas de esta acción perversa todavía se mantienen hoy en 2026.

Disfruten: Hay un lugar en La Mancha cuyo nombre fue borrado de los mapas en una tarde. Al menos ocho siglos de topónimo forjado por la historia arrojados al cubo de la basura por una coincidencia que no le hizo mucha gracia al regimiento franquista alzado en armas que invadió un pequeño pueblo toledano en su camino triunfal hacia Madrid. Ya saben, cosas de la guerra, que diría aquel que quiere olvidar para siempre lo arbitrario de las contiendas bélicas.

El 19 de octubre de 1936, apenas estallada la contienda y un día después de la toma de la villa de Azaña, nombre maldito donde los haya entre las huestes del bando nacional, el comandante Jesús Velasco, del Regimiento de Numancia, ‘convocaba’ a ocho vecinos del pueblo para poner las cosas en orden. El acta firmada aquella tarde entre bayonetas fue todo lo contundente que era de esperar: “Que en lo sucesivo esta villa lleve el nombre de Numancia de la Sagra por el hecho transcendental de haber sido reconquistada por los gloriosos Escuadrones del Regimiento de Numancia en la inolvidable mañana del día dieciocho de los corrientes”, un testimonio para la historia terminado con “la vibrante exclamación de ¡¡Viva España y su glorioso Ejército Nacional!!”. Puede que Zamora no se hiciera en una hora, pero a Numancia de la Sagra le habrían sobrado 50 minutos. La verdadera razón del cambio no fue registrada en el documento manuscrito y es lógico pensar que a nadie de los allí presentes ni de los aproximadamente 1.000 vecinos que tenía el pueblo en aquellos oscuros años se les ocurriera discutir con el comandante lo absurdo de su decisión.

Sin embargo, contra la opinión de los militares y en favor del sentido común, el pueblo de Azaña no llevaba su nombre en homenaje al que era en aquel momento presidente de la II República, Manuel Azaña, ni tan siquiera se trataba de una decisión que hubiese emanado del régimen republicano. El origen habría que buscarlo en 1158, primer momento en el que se encuentran referencias, concretamente en un documento del rey Sancho III.

Azaña proviene de la árabe noria, o aceña. Ésa era y es la verdadera razón de tan inefable topónimo. Ochenta años después y tras una década de Ley de Memoria Histórica, la voluntad de aquel militar franquista sigue intacta. Y no parece que nadie vaya a hacer mucho por corregirlo, a pesar de que la propia ley ampara la recuperación del nombre original y bastaría con un acuerdo en el pleno del Ayuntamiento para proceder a su cambio. Insisto. Numancia de la Sagra, hoy todavía es el topónimo de un pueblo de la provincia de Toledo.

El Partido Comunista ha exigido al alcalde que cumpla con la Ley de Memoria Democrática y elimine la denominación franquista del pueblo, devolviéndole el nombre a la villa de Azaña. «La historia es tozuda y la verdad al final resplandece. Es de justicia y sentido común recuperar su nombre histórico y verdadero», ha zanjado. Ha sido en vano. El mantenimiento del nombre es un esperpento y una infamia.

Por lo expuesto, los paralelismos entre la figura de Azaña y Sánchez en cuanto a la persecución por parte de la derecha de hace 90 años y de la actual son bastante semejantes. Ambos como ejemplo de auténtica perversión y maldad, han sido acusados de ser antiespañoles. Y lamentablemente ha sido y es así. Recordemos nuestra historia.

Como señala José María Ridao en su libro «La República encantada. Tradición, tolerancia y liberalismo en España, en 1998 visitó la tumba de Manuel Azaña en Montauban, Nos recuerda que al llegar al cementerio tardó en localizar la lápida abandonada y cubierta de maleza, sobre la que encontró jirones de banderas republicanas y una placa rota en reconocimiento al último presidente de la República.

Tras reunir los fragmentos dispersos de la placa, aún pudo leer: los españoles republicanos exiliados en Francia a su presidente, don Manuel Azaña, ¡Viva la república! Al principio, sigue diciéndonos, Ridao, profundamente conmovido no entendió su auténtico significado. Posteriormente, le supuso una auténtica revelación sobre el significado de la historia de España; a los redactores de la placa sobre la tumba de Azaña que encontró no les cupo duda: el sustantivo era “español”, y el adjetivo, “republicano”.

Cambiar ese orden fue el origen de su drama. Ahí estaba la clave, en ese juego de sustantivos y adjetivos que trasformaba el tópico de que son los vencedores quienes escriben la historia poniendo en evidencia de que, en esta España nuestra, se priva a los vencidos de la condición de españoles, convirtiéndolos en extranjeros. 

 Ya ahora mismo. Desde la política en la campaña electoral del 23-J de 2023 se usó este eslogan: ¡Sánchez o España! ¿Cabe mayor aberración?


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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