Un choque frontal con Donald Trump y la ruptura de un acuerdo con Israel. En pocas horas, Giorgia Meloni consuma un giro en su política exterior. Aquellas amistades se habían vuelto incómodas y tóxicas desde el punto de vista del consenso, como ya había mostrado el resultado del referéndum sobre la justicia del pasado marzo.
Así, la primera ministra, en un martes de abril, primero rompe un acuerdo de defensa con Israel, provocando el enfado de Benjamin Netanyahu, y después entra en conflicto con el presidente de Estados Unidos a raíz de sus insultos al Papa León XIV el domingo por la noche, que calificó de “inaceptables”, una posición que reiteró este martes: “No me sentiría a gusto en una sociedad en la que los líderes religiosos hacen lo que dicen los líderes políticos”.
Las palabras más duras (y más gruesas) llegan desde Washington. Trump, en la mañana estadounidense, responde por teléfono a la corresponsal del Corriere della Sera en Nueva York, Viviana Mazza, y antes incluso de que pueda formular una pregunta, pide por las últimas declaraciones de la primera ministra y, visiblemente molesto, añade: “Giorgia piensa que Italia no debería estar implicada en Irán. Piensa que América debería hacer el trabajo por ella”.
A partir de ahí, lanza una serie de acusaciones, también personales, a todos los niveles: “Ya no es la misma persona, y Italia no será el mismo país. La inmigración está matando a Italia y a toda Europa”. El núcleo de su enfado está en la defensa que desde Roma se ha hecho del Papa: “Es ella la que es inaceptable, porque no le importa si Irán tiene un arma nuclear y haría saltar por los aires Italia en dos minutos si tuviera la posibilidad. Pero no quiere ayudarnos con la OTAN, no quiere ayudarnos a deshacernos del arma nuclear. Es muy diferente de lo que pensaba”. Y concluye, con amargura: “¿Le gusta a la gente? No puedo imaginarlo. Estoy en shock por ella. Pensaba que tenía coraje, me equivoqué”.
Meloni no responde y deja que sean los miembros de su Gobierno quienes celebren casi en coro “el coraje” de haber defendido la dignidad nacional. “Ser aliados no significa aceptarlo todo en silencio”, afirma el ministro de Defensa, Guido Crosetto. También le llega un apoyo desde la oposición. La líder del Partido Demócrata, Elly Schlein, toma la palabra en el Parlamento y le ofrece un respaldo total: “Plena solidaridad con Meloni. No aceptamos ataques a nuestro país ni a nuestro Gobierno. Italia es un país libre y soberano y nuestra Constitución es clara: Italia repudia la guerra”.
La oposición
La líder de la izquierda, Schlein, respalda a Meloni frente a los ataques de Trump
Por la mañana, el anuncio había sido el dirigido a Netanyahu: “El Gobierno, en la situación actual, ha decidido suspender la renovación automática del Acuerdo de Defensa con Israel”.
La relación está al borde de una crisis diplomática. El día anterior, el Gobierno de Netanyahu había convocado al embajador italiano en Tel Aviv para protestar por las declaraciones del ministro de Exteriores, Antonio Tajani, que había calificado de “inaceptables” los bombardeos israelíes en Líbano. La acción militar del ejército israelí, además de provocar centenares de víctimas, ha afectado también a algunos soldados italianos desplegados en la misión de la ONU, Unifil.
También aquí hay cálculo político. El conflicto en Oriente Medio está erosionando el consenso de Meloni ante una opinión pública golpeada además por el aumento del precio de la energía tras el ataque militar contra Irán. La primera ministra, que no ha respaldado la ofensiva estadounidense e israelí contra Teherán, ha pagado —según muchos análisis postelectorales— su excesiva cautela ante los crímenes de Israel y las guerras de Trump. Ahora puede abrirse una nueva fase para la líder italiana.
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