A simple vista parecen piedras rosadas dispersas sobre el fondo marino. Sin embargo, esas estructuras redondeadas que descansan a decenas de metros bajo la superficie están vivas y desempeñan un papel mucho más importante de lo que se creía. Son rodolitos, acumulaciones formadas por algas rojas calcificadas que crean auténticos ecosistemas submarinos y ayudan a almacenar carbono durante largos periodos de tiempo.
Ahora, un equipo de investigadores japoneses ha descubierto que estos organismos esconden una diversidad extraordinaria en las aguas profundas de la isla de Tanegashima, al sur de Japón. Tal y como ha revelado un estudio publicado en la revista Journal of Phycology, los científicos identificaron al menos doce especies de algas coralinas formadoras de rodolitos en una zona relativamente pequeña situada entre 35 y 38 metros de profundidad. Entre ellas aparecen cuatro especies completamente nuevas para la ciencia.
El hallazgo no solo amplía el catálogo mundial de estas algas calcificadas. También aporta una nueva perspectiva sobre cómo funcionan los ecosistemas marinos profundos y demuestra que, incluso en regiones aparentemente bien estudiadas, siguen existiendo comunidades biológicas prácticamente desconocidas.
La investigación fue liderada por especialistas de la Universidad de Hiroshima, que analizaron muestras recogidas frente a la costa occidental de Tanegashima, una isla situada en la prefectura de Kagoshima. Los trabajos se centraron en una zona conocida por su enorme riqueza biológica, favorecida por la influencia de la corriente cálida de Kuroshio y por unas condiciones oceánicas especialmente favorables para el desarrollo de algas marinas.
Lo que encontraron sorprendió incluso a los propios investigadores.
Un ecosistema escondido entre la penumbra del océano
Las muestras fueron obtenidas mediante dragados del fondo marino realizados a unos diez kilómetros de la costa. Allí, en una franja situada entre los 30 y los 40 metros de profundidad, comienza la llamada zona mesofótica, un entorno donde la luz solar todavía llega, aunque de forma mucho más débil que en las aguas superficiales.
Durante años, estas profundidades han permanecido relativamente poco exploradas debido a las dificultades técnicas que implica su estudio. Sin embargo, los científicos sospechaban que podían albergar comunidades biológicas únicas.
Los resultados parecen confirmar esa hipótesis. Mediante análisis genéticos basados en varios marcadores moleculares y un detallado examen morfológico de los ejemplares, los investigadores identificaron doce especies distintas pertenecientes a varios grupos de algas coralinas.
Entre ellas se encontraban cuatro organismos desconocidos hasta ahora: Orientalilithon compactum, Roseolithon aggregatum, Roseolithon sparsituberculatum y Sporolithon variotuberculatum.

La descripción de estas nuevas especies ha permitido además revisar algunas características de géneros ya conocidos y mejorar el conocimiento científico sobre la evolución de estas algas.
Aunque el descubrimiento de nuevas especies siempre resulta relevante, en este caso los investigadores consideran especialmente importante el contexto ecológico en el que aparecen.

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Según explica el equipo de la Universidad de Hiroshima, los lechos de rodolitos constituyen la mayor extensión de hábitats dominados por algas marinas en los océanos del planeta.
El hallazgo que no esperaban encontrar bajo el agua
Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue comprobar que la comunidad biológica de los rodolitos profundos apenas tiene relación con la que existe en zonas cercanas mucho más someras.
Los científicos compararon sus resultados con los obtenidos previamente en un lecho de rodolitos situado a apenas un metro de profundidad, relativamente cerca del área estudiada. Lo lógico habría sido encontrar numerosas especies compartidas entre ambos lugares.
Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. De las doce especies identificadas en las profundidades de Tanegashima, solamente tres aparecían también en el ecosistema superficial.
Este dato resulta especialmente llamativo porque otras investigaciones realizadas en la misma región sobre algas rojas no calcificadas habían mostrado una continuidad mucho mayor entre hábitats superficiales y profundos.
La conclusión es que las algas coralinas parecen responder de una forma muy diferente a los cambios de profundidad. Pequeñas variaciones en la cantidad de luz, la temperatura del agua, las corrientes marinas o las interacciones ecológicas podrían estar generando comunidades prácticamente independientes a pocos kilómetros de distancia.
Para los investigadores, este patrón sugiere que las profundidades mesofóticas funcionan como ecosistemas con identidad propia y no simplemente como una prolongación de los hábitats costeros.

El estudio revela que una pequeña área del fondo marino de Tanegashima alberga al menos doce especies distintas de algas coralinas, cuatro de ellas desconocidas hasta ahora para la ciencia.
Mucho más que algas: refugios para la biodiversidad y almacenes de carbono
Los rodolitos desempeñan un papel esencial en los océanos. Aunque suelen pasar desapercibidos, forman algunos de los hábitats dominados por algas más extensos del planeta.
Sus estructuras calcificadas crean refugios donde encuentran protección multitud de organismos marinos, desde pequeños invertebrados hasta peces juveniles. Actúan como auténticas ciudades submarinas capaces de aumentar significativamente la biodiversidad local.
Pero su importancia no termina ahí.
Al incorporar carbonato cálcico en sus tejidos, estas algas contribuyen al almacenamiento de carbono en los sedimentos marinos durante largos periodos de tiempo. Por esta razón, cada vez reciben más atención dentro de los estudios relacionados con el denominado carbono azul, es decir, el carbono capturado y retenido por ecosistemas oceánicos.
Comprender cómo funcionan estos sistemas resulta especialmente relevante en un contexto marcado por el cambio climático y por el creciente interés en los mecanismos naturales capaces de ayudar a mitigar la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera.
Los investigadores señalan que todavía se desconoce la extensión exacta de los lechos de rodolitos que rodean Tanegashima y cuál es su capacidad real para almacenar carbono. Se trata de una de las preguntas que pretenden abordar en futuras campañas científicas.

Los científicos subrayan que muchas de las más de 700 especies de algas coralinas descritas en el mundo fueron clasificadas antes de la llegada de las técnicas genéticas modernas y necesitan ser reevaluadas.
Un océano lleno de especies que aún no conocemos
A pesar de que las algas coralinas se encuentran distribuidas por prácticamente todos los océanos del mundo, gran parte de su diversidad sigue siendo un misterio.
Actualmente se reconocen más de 700 especies de este grupo a escala global. Sin embargo, muchas fueron descritas hace décadas utilizando únicamente características externas observables al microscopio. Las modernas técnicas genéticas están demostrando que algunas de esas clasificaciones necesitan ser revisadas y que la diversidad real podría ser mucho mayor de lo que se pensaba.
El estudio realizado en Japón es un buen ejemplo de ello. Gracias a la combinación de análisis moleculares y observaciones anatómicas detalladas, los investigadores han podido identificar organismos que habrían pasado desapercibidos utilizando únicamente métodos tradicionales.
El siguiente paso consistirá en averiguar si las cuatro nuevas especies descubiertas son exclusivas de las aguas de Tanegashima o si también habitan en otras regiones del Pacífico occidental.
Sea cual sea la respuesta, el trabajo deja una conclusión clara: todavía existen ecosistemas enteros esperando ser explorados en las profundidades marinas.
Mientras gran parte de la atención científica suele centrarse en arrecifes tropicales, grandes mamíferos o peces comerciales, estas discretas “rocas vivas” recuerdan que algunos de los descubrimientos más sorprendentes pueden encontrarse en organismos aparentemente modestos. Y que bajo las aguas del océano aún quedan innumerables secretos por revelar.
Referencias
Min‐Khant‐Kyaw et al, Unveiling coralline diversity of mesophotic rhodoliths in subtropical Japan, including new species of Sporolithon , emended genera Orientalilithon and Roseolithon (Corallinophycidae, Rhodophyta), Journal of Phycology (2026). DOI: 10.1111/jpy.70176
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



