Venecia, invierno de 1921. Una mujer de sesenta y tres años sube a un tren con el cuerpo cansado y las deudas acumuladas. Italia está ardiendo: los camisas negras marchan por las calles, los campesinos esperan una reforma agraria que no llega, y los supervivientes de la Gran Guerra … arrastran la mirada vacía. Eleonora Duse, la actriz más célebre del mundo, la mujer a quien Stanislavski llamaba «la encarnación de todas las artes», lleva doce años retirada del escenario. Ahora regresa a las tablas para sobrevivir.
Es esta escena (o algo muy parecido a ella) la que late en el corazón de Duse, la nueva película del director napolitano Pietro Marcello, que se estrena este viernes. La protagonizan Valeria Bruni Tedeschi y Noémie Merlant. El problema de Eleonora Duse es que casi no existe. No hay grabaciones de su voz, pues la que Edison registró se perdió, y su única aparición en pantalla, en la película ‘Cenere’, de 1916, es una obra menor en la que la actriz parece evitar deliberadamente el encuadre. Una actriz que revolucionó la interpretación moderna (que anticipó el naturalismo de Stanislavski, que Chéjov modeló a Madame Arkadina sobre ella, que en 1923 fue la primera mujer en portada de la recién fundada revista Time) y que, sin embargo, no dejó casi rastro audiovisual. Un fantasma luminoso.
Esta ausencia, lejos de ser un obstáculo, se convirtió para Pietro Marcello en una liberación. «Mi intención no era hacer un ‘biopic’, porque nadie ha visto actuar a Duse, y no tenía esa pretensión», explica en conversación con ABC. «Lo que me interesaba era contar la relación entre una mujer, entre lo humano y lo divino». Como los directores italianos de su generación, Marcello entiende que «la historia no es un pasado muerto, es más bien un presente mal iluminado».
La mujer que nunca dejó de moverse
La película se centra en los últimos años de la actriz, entre 1917 y 1923, el período en que la historia de Italia se precipita hacia el abismo. La Primera Guerra Mundial ha dejado el país en ruinas. La reforma agraria prometida a los combatientes nunca llega. El fascismo avanza con su retórica de orden y grandeza nacional. Y en ese paisaje de catástrofe, Duse vuelve a los escenarios porque ha perdido sus ahorros en la crisis de posguerra y necesita dinero. La grandeza artística y la urgencia material, inseparables hasta el final.
Para su papel, Marcello nunca consideró a nadie más que a Valeria Bruni Tedeschi. «Cuando escribí el tratamiento, ya la imaginaba en el papel», cuenta. «Valeria tenía esas características para contar una figura femenina con una fuerza monstruosa». La elección no es casual: Bruni Tedeschi es también directora (‘Una historia de amor y deseo’, ‘Los amigos de mi hermano’) y Marcello encontró en esa dualidad un espejo perfecto para el personaje. El resultado es una actuación que hace que existan momentos en que la cámara de Marcello se queda quieta, y la ficción se vuelve algo más difícil de nombrar.
Valeria Bruni Tedeschi y Fanni Wrochna en ‘Duse’.
(BTEAM PICTURES)
Marcello es explícito sobre la resonancia contemporánea de Duse: «Ella se encontró en un momento de cambios y transiciones como el que estamos viviendo hoy. A nosotros también nos cuesta reconocer este nuevo mundo. Porque nadie podía imaginar hace veinte años todo lo que está pasando ahora mismo». La distancia histórica se colapsa. Los fascismos de entonces y los populismos de ahora comparten una estética: «Es una forma de apropiarse de los símbolos, de convertir el dolor colectivo en espectáculo», alega el director.
La figura de Gabriele D’Annunzio, interpretado por Fausto Russo Alesi, atraviesa la película como una sombra cómica y amenazante. El poeta-profeta que donó su estética al fascismo, que Mussolini temía y admiraba al mismo tiempo, aparece aquí como lo que Marcello considera que realmente fue: «Una figura patética». No hay nostalgia en ese juicio. «No me gusta D’Annunzio como personaje», dice el director. «También fue un buen escritor, pero son figuras tan patéticas…». Lo que le importa es la trampa que tiende el poder a los artistas: la red de mariposas, como dice el propio D’Annunzio a Duse en una de las escenas más memorables del filme.
‘Duse’ termina donde empezó: en el movimiento. La actriz murió el 30 de julio de 1923 en Pittsburgh, durante una gira que su médico le había desaconsejado, en un último intento de recuperar su independencia financiera y artística. Había nacido en una gira. Murió en otra. «Duse nunca se detuvo», escribe Marcello en la nota del director. «En toda su vida nunca permaneció más de cuarenta días en un mismo lugar. Siempre en movimiento, siempre buscando. En un momento en que Europa vuelve a ensayar sus viejas retóricas del miedo, en que los artistas vuelven a preguntarse si el arte puede algo contra la brutalidad del poder, ¿no podemos ver como la única respuesta es la resistencia?». La respuesta, según Pietro Marcello, es la única que importa.
Fuente:
www.abc.es



