durante dos siglos. La Reina Isabel y François Mitterrand
atravesaron el canal de la … Mancha bajo el mar para viajar desde
París a Londres en poco más de dos horas. Desde entonces, cerca
de 20 millones de pasajeros al año utilizan el tren en lugar del avión
o el transbordador para cruzar al otro lado.
La construcción del túnel nunca fue un problema técnico porque los
ingenieros lo consideraron viable desde los comienzos del siglo XIX.
Pero la clase dirigente británica temía que la obra fuera utilizada
para una futura invasión francesa o prusiana. Pensaban que la
seguridad del país estaba vinculada a su aislamiento geográfico. La
insularidad ya había preservado a Gran Bretaña de conquistas
como la que intentó llevar a cabo la Armada Invencible o del
empeño napoleónico de acabar con el Imperio.
Una caricatura, publicada en 1885 en un periódico estadounidense,
muestra a un arrogante gallo que emerge de un túnel bajo el mar y
fuerza a huir al general Garnet Wolseley, jefe del Ejército británico, a
los lomos de un león. Era un reflejo de la oposición que suscitaba
en la opinión pública el proyecto y el temor a un conflicto con
Francia.
La idea nació en 1802 cuando el ingeniero francés Albert Mathieu-
Favier presentó un proyecto para excavar un túnel bajo el canal de
la Mancha. Estaría iluminado por lámparas de aceite y el transporte
se realizaría en carruajes tirados por caballos. Nadie mostró interés
por financiar el sueño de este visionario.
En 1856, otro ingeniero llamado Thomé de Gamond realizó los
primeros trabajos geológicos para llevar adelante la obra, que
contaba con el beneplácito de Napoléon III. Su elevado coste hizo
imposible que prosperara. En el otro lado, el canciller Gladstone
desechó otro plan similar. Tres intentos más se sucedieron a lo
largo del siglo XIX. El más serio se produjo en 1882 cuando se
excavaron algunos cientos de metros en ambos lados. Los temores
del Ejército británico abortaron de nuevo el túnel.
Winston Churchill publicó un artículo en 1924 en el que expresaba
su apoyo al proyecto y calificaba de ridículo el miedo a una
invasión. La propuesta encontró eco en la productora Gaumont, que
impulsó una película, estrenada en 1935, basada en la existencia
de un túnel entre los dos países.
Gran Bretaña y Francia acordaron poner en marcha el enlace
submarino en 1964. El proyecto de ingeniería estaba terminado y
había empezado la construcción de dos galerías cuando el 20 de
enero de 1975 el Gobierno laborista de Harold Wilson canceló la
obra por su elevado coste y por diferencias con la entonces
Comunidad Económica Europea.
Hubo que esperar a 1981 cuando Thatcher y Mitterrand crearon un
grupo de trabajo que desembocó en un concurso, en abril de 1985,
para presentar ofertas. Las empresas de los ferris, los puertos y los
sindicatos expresaron su rechazo a la iniciativa, que esta vez sí
prosperó. Un consorcio de capital privado se adjudicó la
construcción y explotación.
En 1988, Renfe nos invitó a un grupo de periodistas a presenciar el
comienzo de la obra. Una gigantesca tuneladora horadaba la tierra
en el lado francés en medio de un bosque. Tras cinco años de
trabajo, el túnel de 50 kilómetros, excavado a unos 45 metros bajo
el subsuelo, el tercero más largo del mundo, comenzó a ser
operativo. El tren tardaba 35 minutos en el recorrido entre
Coquelles, cerca de Calais, y Folkestone. Su coste: 16.000
millones de euros.
El Brexit triunfó en Gran Bretaña, que se salió de la UE, pero el
Eurotúnel sigue uniendo los dos países que libraron guerras y que
pugnaron por la hegemonía europea durante siglos. Churchill tenía
razón.
Fuente:
www.abc.es



