«Parece más agradable aquí que en el Sena». El gallego Borja Santomé, de 33 años, no disimula su entusiasmo por el nuevo lugar predilecto de los jóvenes para resistir al calor en París: el canal de Saint-Martin. Después de toda una controversia … a finales de mayo por las imágenes de adolescentes saltando desde puentes y nadando de manera ilegal, el Ayuntamiento de la capital francesa autorizó desde el 18 de junio los baños en ese canal construido en el siglo XIX. «Ha sido todo un exitazo. Quizás el agua está un poco sucia, pero el ambiente resulta muy divertido», resumía desde uno de los muelles Santomé, director de cine de animación y residente en Francia desde hace siete años.
Eran las siete y media de la tarde del viernes y costaba encontrar un hueco libre. Estaba lleno de veinteañeros y treintañeros sentados en los muelles mientras tomaban el sol y bebían cerveza —muchos de ellos incumplían la reciente prohibición de no beber alcohol en la calle durante este fin de semana a causa del calor—, pero también dentro del agua. Ante una ola de altas temperaturas histórica, que comportó que el miércoles se registrara en Francia el día más caluroso desde 1947, el alcalde de París, el socialista Emmanuel Grégoire, autorizó la semana pasada los baños en el canal de Saint-Martin. Desde entonces, esa zona se ha convertido en un concurrido y animado lugar para refrescarse.
«Me parecía absurdo gastar muchísima energía de la policía municipal y de la nacional para impedir a los jóvenes que se bañaran cuando hace 40 ºC», declaró Grégoire. Las tempranas olas de calor cogieron con el pie cambiado al Ayuntamiento, cuyas piscinas fluviales en el Sena —representan el principal legado de los Juegos Olímpicos de 2024— no abrirán hasta el 4 de julio. Por ese motivo, permitió que la gente pudiera nadar de manera temporal en esa céntrica zona, cercana a la Plaza de la República. Y preparó en pocas semanas un dispositivo, pero prácticamente ha muerto de éxito.
Las autoridades delimitaron un espacio de 100 metros de largo, donde pueden bañarse un máximo de 300 personas al mismo tiempo. Aunque unos pocos socorristas y policías controlan el aforo y vigilan que no haya incidentes, eso no ha impedido a que centenares de parisinos salten al agua en otras partes del canal donde no está permitido. «Es gratuito y uno siente una mayor libertad. El hecho de que no esté delimitado hace que la experiencia sea más placentera», destaca Kristine, de 19 años, una estudiante de Derecho que vive en un pequeño estudio en una buhardilla cerca de los Campos Elíseos. «Hace más calor dentro de mi piso que en el exterior», añade esta joven, cuya vivienda está muy mal aislada climáticamente.
Aunque en los últimos años hubo una ambiciosa política de plantación de árboles, París es una ciudad bastante mal preparada ante el cambio climático, a causa de su densidad urbana y el escaso uso del aire acondicionado. Eso contribuye al éxito que tiene cualquier atisbo de una playa urbana. «Vengo casi todas las tardes aquí. Es el lugar idóneo para compensar las altas temperaturas», sostiene Lofti Allagei, de 36 años, que trabaja en una panadería donde «fácilmente se superan los 40 ºC y se puede llegar hasta los 50 ºC». «Podrían haberlo limpiado un poco más, el agua está sucia», se queja, sin embargo, Yousef Megaith, de 16 años, un estudiante de secundaria que intenta abrirse camino como DJ.
Afluencia masiva
Una semana antes de la apertura, según la municipalidad, limpiaron el fondo con buzos. «Hay muchos menos afluentes y vertidos desde el alcantarillado que en el Sena, donde cambia más la calidad del agua, sobre todo a causa de las lluvias», sostuvo Antoine Guillou. Este concejal de París defendió que la parte de Saint-Martin está menos contaminada que el río neurálgico de la capital. Y eso que invirtieron 1.800 millones de euros en limpiar el Sena.
La policía vigila a los bañistas parisinos.
(Reuters)
Más que el peligro de intoxicarse por la contaminación, el principal riesgo se debe a la falta de socorristas, así como a los centenares de jóvenes que nadan fuera de la zona permitida.
Dando lugar a imágenes más bien propias de finales del siglo XIX, los bañistas han inundado el canal a lo largo de esta semana. Incluso los más atrevidos (e inconscientes) desafían las barreras puestas para impedir el acceso a los puentes y saltan desde encima de ellos. Justo al lado hay un cartel, deliberadamente ignorado, donde pone: «Prohibido bañarse por peligro de muerte».
Más de 55 ahogamientos
De hecho, un hombre murió ahogado el viernes por la noche en el canal de Saint-Martin fuera del espacio vigilado. Ese deceso se suma a los más de 55 ahogamientos que hubo en Francia en menos de diez días. El perfil de la mayoría de esas víctimas se corresponde con el de hombres menores de 30 años que se refrescaron en ríos, lagos o estanques donde está prohibido hacerlo. Esta preocupante tendencia, fomentada por el calor, ha provocado que cada vez más ciudades francesas exploren la posibilidad de crear lugares donde esté autorizado nadar.
Además del Sena y del río Marne en la región parisina, las municipalidades de Lyon y Lille contemplan una opción parecida de cara al verano del año que viene.
Fuente:
www.abc.es



