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Para  avanzar, una necesaria cuestión moral

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Una de las bases ineludibles del compromiso político de las izquierdas, tiene que ser el combate por la igualdad frente a los privilegios. Defender, parafraseando a Enrico Berlinguer, a “los pobres, los desfavorecidos y darles voz y una oportunidad concreta para influir en las decisiones y cambiar sus propias condiciones, porque ciertas necesidades sociales y humanas, actualmente ignoradas, se han de satisfacer con prioridad sobre otras..” ( Extraído de una conversación entre Eugenio Sclafari, director de la Repubblica, y Enrico Berlinguer. Publicado en el monográfico sobre Berlinguer en el nº226 de Nous Horitzons ).

Los poderes del dinero, al servicio de un sistema económico y político son enormes. Ya nos lo decía el Arcipreste de Hita “ Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar, hace correr al cojo y al mudo hace hablar…”

Del extracto de la intervención de Berlinguer, vemos claramente el compromiso de lucha por la igualdad y un firme compromiso de hacer partícipes de este combate por la igualdad, a los sectores sociales más desfavorecidos, porque es un combate por cambiar sus condiciones de vida.

Estas afirmaciones del que fue secretario general del PCI, aunque pronunciadas en otro tiempo, marcan una dirección que considero debemos seguir si queremos transformar la sociedad, y caminar hacia un mundo con justicia social, democracia y un planeta habitable. Este ha de ser el norte que marque la trayectoria política de las izquierdas, y no lo perdamos

Para avanzar se nos hace imprescindible, la unidad, que no puede ser un compromiso puramente electoral, aunque también, sino un proyecto ideológico y político, por la democracia, la igualdad y la justicia social. Un proyecto cargado de fraternidad, aceptación de la pluralidad, profundamente democrático, donde queden fuera los egocentrismos, los dogmatismos y la nostalgia. Se trata de avanzar no de mirar atrás.

Avanzar, atendiendo a la correlación de fuerzas, lo que  implica acuerdos necesarios con otros actores políticos para ir conquistando posiciones favorables. Es importante no caer en el populismo emocional que en nada ayudan a los procesos políticos que necesitamos. Determinados discursos quedan bien en la cafetería de la universidad pero son formatos inútiles para configurar mayorías.

Este posicionamiento central, tiene que estar ligado a dos ideas básicas: una clara posición moral, y la construcción de una fuerte organización.

Actuar políticamente desde la izquierda, tiene que tener el objetivo fundamental de querer cambiar las cosas, poniendo los intereses de los sectores sociales que defienden, en primerísimo lugar. Esta es, ha de ser, nuestra posición moral, poner toda la fuerza en esta premisa, y no aceptar bajo ningún concepto, aquellas actuaciones que socaven la credibilidad política y que favorezcan intereses espúreos.

Los poderes del dinero, al servicio de un sistema económico y político son enormes. Ya nos lo decía el Arcipreste de Hita “ Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar, hace correr al cojo y al mudo hace hablar…”

Los que ostentan gran cantidad de resortes económicos y de poder, siempre intentarán por todos los medios que se caiga en sus redes y así perviva el sistema de manera inamovible.

Este peligro siempre existe, pero ha de ser combatido, manteniendo el principio moral que ha de dictar la actuación política de la izquierda, poniendo siempre el compromiso por la igualdad y la justicia social.

Pero para avanzar, también  necesita desarrollar organización, tener militancia y terminales hasta en los más recónditos lugares, puesto que sin organización que canalice y de forma política a todas las expresiones de protesta social, éstas no pasarán de instantes de cabreo..

La organización que se necesita tiene que ser profundamente democrática, con mecanismos de control, contrapoderes que eviten situaciones anómalas. Una organización capaz de aglutinar en sus propuestas, a una mayoría social, y avanzar, así, en el camino de la justicia social.

En definitiva, estas son algunas ideas, no muy diferentes de lo que planteaba “caro” Enrico Berlinguer.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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