La profesora de Lengua y Literatura Margarita Álvarez Rodríguez quiere desmentir el tópico de que los jóvenes de hoy utilizan un lenguaje menos rico que el de sus padres y abuelos. También que hayan perdido la curiosidad, esa característica inherente a los humanos, que siempre buscan explorar nuevos horizontes, que descubren, renombran o bautizan acordes con su propia experiencia.
Después de haber publicado tres libros de divulgación de gran éxito, que van de la cultura y el habla leonesa de la comarca de Omaña, a una innovadora y amplia inmersión en el lenguaje del insulto, esta filóloga saca a la luz “Hablando en femenino. Mujer y lenguaje” (Lobo Sapiens, 417 págs.). Un libro que nos acerca a lo que dicen las palabras y las expresiones del idioma español referidas a las mujeres.
Para los menos proclives a adentrarse en esta tan amena como alegre investigación sociolingüística, conviene animarlos comprobando que los intensos diecinueve capítulos de que consta la obra pueden leerse y examinarse independientemente unos de otros. Como profesora experimentada y maestra vocacional, es decir transmisora incansable de conocimiento, Margarita Álvarez no escatima esfuerzos en recopilar y señalar la amplísima panoplia de expresiones que trufan a diario las conversaciones, escritos y relaciones de los que hablamos español. Ella misma recalca que prefiere denominar en esta obra “español” a “castellano”, al abarcar la magna historia y orígenes de las palabras, en femenino, que se han asentado en nuestro idioma a los dos lados del Atlántico.

No escatima esfuerzo alguno la autora en ordenar todos los campos de la vida con sus orígenes históricos al sexismo lingüístico, incluidas expresiones encajadas casi a la fuerza, como consecuencia del sano trasiego e intercambio de gentes en nuestra geografía.
El español, quizá el idioma más rico de palabras y expresiones tanto en el halago como en el insulto, dispone en este libro de varios capítulos al respecto, que son una auténtica maravilla, tanto para evocar lecturas de infancia y adolescencia como para renovar y actualizar la impresionante gama de improperios con la que puede enriquecerse la relación con conocidos y amigos o adversarios y enemigos. Inevitable, a este respecto, aludir a la pobreza lingüística de nuestros representantes políticos, que, en sus debates y comparecencias públicas, parecen haber sustituido la elegancia de un buen, medido y preciso insulto por el grito y el adjetivo chabacano.
Como mujer, Margarita Álvarez Rodríguez no se aviene a las objeciones y reparos que ha intentado imponer el denominado “wokismo”, y llama sin tapujos a las cosas por su nombre. El Lenguaje de la prostitución y los órganos sexuales es un capítulo tan rico y variado, que a buen seguro será uno de los más leídos y releídos que, además de reencontrar hallazgos interesantes, podrán solazarse con la riqueza de nuestro extraordinario refranero.
No se le escapan tampoco a la autora los sectores en los que, con suavidad o a la fuerza, se ha asentado una misoginia que conviene revisar a fondo. Por ejemplo, en la música, donde dedica un apartado al machismo imperante, especialmente en el reguetón. Pero, también en la Literatura misma, desde la Biblia a la misoginia histórica en la RAE, pasando por la Edad Media y el Renacimiento, a nuestra Edad Contemporánea.

Y ya, cuando se avistan las últimas páginas del libro, la escritora leonesa no olvida los zoónimos en femenino, con la amplia variedad de los animales domésticos, de agua o campo consagrados con significación femenina generalmente peyorativa salvo, claro está, las excepciones que confirman la regla.
Dice la también filóloga Pilar Pacho Mencía, autora del prólogo, que “este libro, además de un estudio riguroso, es un acto de amor a las palabras, a las mujeres que nos precedieron y a las que aún buscan su voz. Margarita Álvarez nos invita a leer con mirada crítica, pero también con el corazón abierto. Porque en cada palabra late un reflejo de quienes somos y de quienes aspiramos a ser”.
Me confesaba la propia Margarita Álvarez, responsable también y nada menos que de la organización de los numerosos eventos culturales de la Casa de León en Madrid, que su gran anhelo con este libro era conseguir que sus lectores disfruten con sus reflexiones, que desentrañan el sentido y la historia de ese gran tesoro que son las palabras.
Por mi parte, doy fe de que lo ha conseguido.
Fuente:
www.atalayar.com



