A estas alturas a nadie se le escapa que vivimos tiempos excepcionalmente peligrosos. No, no estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial. Pero hay que ser ciegos —o tener mala fe— para no entender que afrontamos riesgos muy graves. Tiempos como estos son un enorme flash moral, que retrata a cada cual, los agachados y los de la espina dorsal recta. En otros momentos más tranquilos es posible camuflarse en zonas de penumbra. Pero en estos, no.
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Fuente:
elpais.com



