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No hay quien lo entienda

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Mientras el cerebro de las emociones se nutría de las procesiones, otra parte del público seguía la aventura astronáutica, y para eso usaba el córtex cerebral donde reside la inteligencia sin adherencias

Un momento de la procesión de la Tamborada de Hellín (Albacete), el pasado Miércoles Santo.Víctor Fernández (Europa Press)
Manuel Vicent

Mientras en España durante la Semana Santa miles de nazarenos con capirote se llevaban toda la energía religiosa hacia la Edad Media, cuatro astronautas dentro de una cápsula espacial se daban un rodeo por la Luna para llevar la técnica astronáutica hasta el extremo de la imaginación. Ha sido la vez en que el ser humano se ha alejado más de la Tierra, pero esta distancia no ha sido solo física sino también metafórica, puesto que en este caso ha quedado claro lo alejadas que pueden estar la religión y la ciencia cuando aparecen superpuestas. Durante la procesión del Santo Entierro, a un nazareno le sonó el móvil y atendió la llamada por debajo del capuchón del capirote. Era su nieta, que desde Nueva York le decía que había aprobado la asignatura de Biología Molecular y a este abuelo nazareno de la alegría se le cayó el cirio de la mano.

Una parte de españoles ha asistido a las procesiones y se ha estremecido ante la imagen de un Cristo llevada en vilo por los legionarios que presumen de ser los novios de la muerte y también ha sentido una extraña emoción ante el paso de vírgenes llorosas, de penitentes que arrastraban cadenas con los pies desnudos, de fustigantes que se azotaban la espalda hasta dejarla en carne viva. Mientras el cerebro de las emociones se nutría de estas oscuras descargas, otra parte del público prefería seguir la aventura astronáutica y para eso usaba el córtex cerebral donde reside inteligencia clara sin adherencias.

Queda un tercio de ciudadanos que entre las procesiones medievales y las aventuras de unos astronautas por el espacio optó por desnudarse al sol en la playa y dejar que la espuma de la cerveza les resbalara por la barriga. Este hedonismo funcionó como una fusión más allá de la fe y la razón, una conquista al alcance de cualquiera. Hay cofrades de la Macarena que no creen en Dios, y científicos astrofísicos que no se pierdan una misa los domingos, de modo que este absurdo galimatías que existe en el cerebro humano no hay quien lo entienda.

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Sobre la firma

Manuel Vicent
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Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario ‘Madrid’ y las revistas ‘Hermano Lobo’ y ‘Triunfo’. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

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Fuente:

elpais.com

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