León XIV exige en el urbi et orbi que “quien desata guerras elija la paz”

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Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.

El urbi et orbi es una bendición que absuelve a todos y, sin embargo, hay cuentas pendientes. En su primera Pascua como Pontífice, ante 50.000 fieles, León XIV puso en el punto de mira a los poderosos de la tierra. No dio nombres, pero no hacía falta demasiada imaginación para identificar a los destinatarios de su llamamiento pascual: “¡Quien tenga armas en la mano, que las deponga! ¡Quien tenga el poder de desencadenar guerras, que elija la paz! No una paz perseguida con la fuerza, sino con el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarse con él!”.

Desde la logia de las bendiciones, el balcón central de la basílica de San Pedro, el mensaje resultó aún más contundente, también porque es imposible olvidar la escena de la Pascua del año pasado, cuando el papa Francisco quiso hacer un último esfuerzo: una bendición fatigosa y dolorosa, seguida de un largo recorrido en papamóvil por la plaza, su última aparición antes de la muerte, ocurrida la noche siguiente.

El Pontífice replica indirectamente a EE.UU. y denuncia la guerra en nombre de Dios

Las palabras de su sucesor llegan en un contexto aún más dramático y en un mundo donde, como advertía Jorge Mario Bergoglio, se impone la “globalización de la indiferencia”: “Nos estamos acostumbrando a la violencia”, es el temor de Prevost, que citó a Francisco: “Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los tantos conflictos que afectan a diversas partes del mundo”.

El Papa, que no había buscado protagonismo en sus primeros 11 meses, ha elevado el tono en esta Semana Santa.

El viernes, en el vía crucis del Coliseo, en el que cargó con la cruz a lo largo de las 14 estaciones, León XIV fue aún más explícito al leer las meditaciones de un franciscano: “Quien inicia las guerras deberá responder ante Dios”. El contraste fue inmediato, también en Estados Unidos, donde hasta ahora su mensaje había resonado con menor intensidad. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha promovido sesiones de oración en el Pentágono en las que se pide a Dios la victoria militar sobre el enemigo. Ha llegado a invitar a los ciudadanos a rezar “cada día, de rodillas”, por una victoria en Oriente Medio “en el nombre de Jesucristo”. Una suerte de llamada a la cruzada a la que el Papa ha respondido indirectamente, calificando de “blasfemia” matar para vencer.

Durante la misa del Jueves Santo en la basílica de San Juan de Letrán, catedral del obispo de Roma, el Papa afirmó que la misión cristiana ha sido a menudo “distorsionada por un deseo de dominación, totalmente ajeno al camino de Jesucristo”.

Sin mencionar a Hegseth, ­León XIV añadió: “Tendemos a considerarnos poderosos cuando dominamos, vencedores cuando destruimos a nuestros semejantes, grandes cuando somos temidos. Dios nos ha dado un ejemplo, no de cómo dominar, sino de cómo liberar; no de cómo destruir la vida, sino de cómo donarla”. Y en la misa del domingo de Ramos había sido aún más directo: “Dios no escucha las plegarias de quienes quieren justificar la guerra”.


Fuente:

www.lavanguardia.com

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