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Las revueltas de la Inteligencia Artificial

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El viernes 8 de mayo, la ejecutiva inmobiliaria Gloria Caulfield no esperaba la respuesta que iba a recibir de los estudiantes, al ponderar la importancia de la inteligencia artificial en su discurso como «la próxima revolución industrial», en la ceremonia de graduación celebrada en la Escuela Nicholson de Comunicación y Medios de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de Florida Central, en Orlando, Estados Unidos. El sonoro abucheo la descolocó visiblemente y solo acertó a decir «¡Vale, he tocado una fibra sensible! ¿Puedo terminar?».

El sábado 9 de mayo fue en la ceremonia de la Facultad Scott Borchetta de Medios de Comunicación y Entretenimiento, de la Universidad Estatal de Middle Tennessee. Habló el propio Scott Borchetta, fundador y director ejecutivo de uno de los mayores sellos discográficos independientes de Estados Unidos —se dice que descubrió a Taylor Swift. Si consideramos que la facultad tomó su nombre después de que donara 15 millones de dólares, la mayor provisión de fondos a título personal que ha recibido la institución, comprendemos mejor lo dramático del caso.

Mientras estudiantes y vecinos se rebelan y, como vemos, algún desesperado recurre a la violencia, las élites empresariales aplican la lógica del capital

Borchetta, después de afirmar en su discurso que «la reproducción en línea [streaming] transformó la economía», y que «las redes sociales transformaron el modelo de descubrimiento», dijo: «la IA transforma la producción mientras les hablo». En ese momento llegaron los abucheos del auditorio. Borchetta, con una punzada de irritación, respondió: «Lo sé; acéptenlo; como he dicho, es una herramienta; eh, como digo, o me escuchan ahora o lo pagarán después; eh, entonces hagan algo al respecto, ¿vale? Es una herramienta, hagan que funcione para ustedes»; y antes de cambiar de tema, añadió: «el bien más valioso son los buenos contenidos, las buenas historias. La IA no va a cambiar eso».

El viernes 15 de mayo, en otra ceremonia de graduación, esta vez en la Universidad de Arizona y ante unos 10.000 estudiantes, fue el turno del ex director general y presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt. La reacción vino tras escuchar de su voz, entre sonrisas un tanto enigmáticas, si no sádicas, la idea de que la IA «afectará a cada profesión, a cada aula, a cada hospital, a cada laboratorio, a las personas y a las relaciones que tienen».

Esta afirmación desató un sonoro y generalizado abucheo que se prolongó durante largos minutos, mientras Shmidt proseguía: «Hay un temor en su generación a que el futuro ya esté escrito; a que vengan las máquinas; porque los trabajos se evaporan; porque el clima está roto; porque la política se ha fracturado; y porque heredan un desastre que no han creado ustedes; y entiendo su temor».

Todos esos abucheos no son sino una manifestación más de la inquietud que trae el advenimiento imparable de la IA a cada rincón de la sociedad. En las facultades son los jóvenes quienes se rebelan, pero en las ciudades son los vecinos y las vecinas quienes protestan, denuncian y, en ocasiones, consiguen rotundas victorias.

Los despidos vinculados a la IA han superado ya los 100.000 puestos de trabajo en el último año

Por ejemplo, en Nuevo México, Estados Unidos, los residentes del condado de Doña Ana lograron que la Comisionada de Tierras del Estado denegara los permisos para el gasoducto que debía alimentar el centro de datos masivo Project Jupiter, de OpenAI. Los vecinos y vecinas habían presentado demandas colectivas y acumularon más de 7.000 quejas ante la agencia ambiental.

En Michigan, cientos de vecinos de Saline se movilizaron para frenar otro macrocentro de datos, con la advertencia de que las facturas de la luz de toda la zona subirían entre un 25% y un 30%. Pero la lucha también se produce por un recurso básico como el agua. En Newton, Georgia, un macrocentro de datos de Meta consume el 10% del agua diaria de todo el condado. Las autoridades locales estiman que para 2030 habrá déficit. Y las tarifas para los residentes se incrementarán previsiblemente un 33% en solo dos años, muy por encima del 2% anual habitual.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, en España, una coalición de colectivos de Aragón (Ecologistas en Acción, Tu Nube Seca Mi Río, No Es Sequía es Saqueo, la Cátedra UNESCO, entre otros) presentó la primera demanda ciudadana —cuya financiación se completó mediante microdonaciones en menos de una semana—, contra un centro de datos para Europa del gigante Amazon. Y en el Reino Unido, la campaña «No Palantir in the NHS (por las siglas en inglés de Servicio Nacional de Salud)» lucha por expulsar a la tecnológica de la sanidad pública.

Siemens despidió a 6.000 trabajadores y trabajadoras para automatizar con IA sus procesos de ingeniería. Amazon ha eliminado 30.000 puestos en una serie de oleadas, desde octubre de 2025

También saltaron recientemente a los titulares de los diarios algunas acciones individuales, llamativas cuando menos. En la madrugada del viernes 10 de abril, Daniel Moreno-Gama, joven de 20 años, lanzó un cóctel molotov contra la verja de la casa de Sam Altman, director general de OpenAI, en San Francisco. Una hora después, fue detenido frente a la sede de la tecnológica, mientras intentaba forzar la entrada con una silla y amenazaba con prender fuego al edificio. Cuando fue apresado, llevaba consigo una lista de nombres y direcciones de altos cargos del gremio y un documento que abogaba por eliminarlos. Dos días después, la propiedad de Altman sufrió un segundo ataque cuando alguien disparó contra ella desde un coche en marcha.

Mientras estudiantes y vecinos se rebelan y, como vemos, algún desesperado recurre a la violencia, las élites empresariales aplican la lógica del capital. Los despidos vinculados a la IA han superado ya los 100.000 puestos de trabajo en el último año. Siemens despidió a 6.000 trabajadores y trabajadoras para automatizar con IA sus procesos de ingeniería. Amazon ha eliminado 30.000 puestos en una serie de oleadas, desde octubre de 2025, por causa directa de la automatización y la aplicación de la inteligencia artificial. Meta acaba de despedir a 8.000 empleados y empleadas (un 10% de su plantilla), mientras recoloca a 7.000 en tareas relacionadas con la IA. Son solo algunos ejemplos del prurito reestructurador al que se suman empresas como Microsoft, Intel y otras.

En este contexto, se organiza la incipiente resistencia a la apisonadora de la IA. La periodista Karen Hao —ex reportera del MIT Technology Review y de The Wall Street Journal—, junto con un grupo de periodistas, académicos críticos e investigadores en inteligencia artificial, lanzó el 21 de mayo pasado el portal electrónico The AI Resist List. Hao y sus colaboradores y colaboradoras documentan en él más de 30 «movimientos de resistencia» en todo el planeta contra unos «imperios de la IA» que, alertan, «pretenden reducir el mundo a una abstracción “de talla única” [“one size fits all”] y sustituir a los seres humanos por máquinas».

Para mayor claridad, clasifican las iniciativas de resistencia según ejerzan presión sobre alguno de los nueve «pilares» que «sostienen y perpetúan» a esos imperios de la IA, a saber: «relato, financiación, datos, centros de datos, extracción de recursos, laboral, adopción, vigilancia y políticas».

Por cuestiones de espacio y tiempo, solo reseñaremos algunas de esa treintena de revueltas contra la IA que recoge The AI Resist List. Como por ejemplo, Microslop y Slow LLM, ambas pertenecientes a la categoría de Relato, ya que ambas desafían el dopaje publicitario de la IA y sus afirmaciones de inevitabilidad. Microslop es «un manifiesto que documenta la inundación sistemática de la red con contenidos de baja calidad». Nació en 2025, con un término que suma Microsoft y «slop» («basura» en inglés), para describir la avalancha de contenidos sintéticos y sin verificar generados por la empresa de Bill Gates. El escarnio fue tan efectivo que la compañía censuró el uso del término en su servidor de Discord.

Al fin y al cabo, no se trata de imaginar una utopía, sino de señalar que ya existen alternativas reales al imperio extractivo y uniformizador de la inteligencia artificial

Más teatral todavía resulta Slow LLM, una extensión para navegador que ralentiza los robots de IA hasta hacerlos insoportablemente lentos. Su creador, el artista Sam Lavigne, explica que la «pequeña herramienta de sabotaje digital» no busca ser útil, sino provocar una pausa molesta, interrumpir la experiencia para obligar a usuarios y usuarias a cuestionar el uso acrítico de esos sistemas.

También hay espacio para el sabotaje técnico en The AI Resist List, en este caso en la categoría de Datos. Nightshade permite a los artistas «envenenar» sus imágenes antes de subirlas a la red: los cambios son imperceptibles para el ojo humano, pero letales para el modelo de IA que las escanea sin permiso, el cual se precipita a comportamientos erráticos e inservibles. El objetivo es encarecer y frenar el robo de datos.

En el frente Laboral, la lucha se desarrolla en nueve iniciativas. En Filipinas, la Coalición de Empleados Digitales (CODE AI por sus siglas en inglés) exige que se protejan los derechos de los trabajadores del sector de subcontratación en IA. La Tech Workers Coalition, con presencia en EE.UU. y Europa, moviliza a los propios empleados tecnológicos contra los despidos masivos, la pérdida de cualificación y la vigilancia en sus puestos. En Japón, el sindicato JMITU obligó a IBM a dar marcha atrás en el uso de la IA para decidir salarios, al considerar que la tecnología no puede sustituir el juicio humano. En Kenia, la Data Labelers Association ofrece apoyo psicológico a los trabajadores del etiquetado de datos, sometidos a jornadas de trabajo con imágenes violentas y traumáticas.

Sin embargo, todavía dentro del pilar Laboral, el conflicto más dramático sea quizá el que enfrenta a 2.400 psicólogos y psicólogas con la dirección de Kaiser Permanente (California). Tras seis meses de huelga indefinida contra la algoritmización de la sanidad, una parte de los especialistas protagonizaron una huelga de hambre de cinco días. A esta lucha se suma una carta abierta que firman más de 1.200 empleados de Amazon para exigir a Jeff Bezos que la IA no se alimente de energías sucias ni se utilice para la vigilancia masiva. Una herramienta de documentación forma parte también de lo Laboral: la Worker Mobilizations Database (Universidad de Toronto), que rastrea protestas de trabajadores y trabajadoras culturales contra la IA. 

En Quilicura, Santiago, Chile, un grupo de vecinos y vecinas crearon el portal Quili.ai, que lucha contra el pilar de la Adopción: durante doce horas, quienes entraban en dicho portal web lanzaban consultas como si hablaran con un robot. Sin embargo, al otro lado no había ninguna IA, sino personas reales de la comunidad armadas con su propia experiencia. El proyecto atendió 25.000 mensajes de 68 países. Fue una forma de recordar que cada instrucción (prompt) se refrigera con litros de agua, en un territorio explotado en el que los humanos sufren sus consecuencias. En este caso, ese territorio es el de la cuenca del río Mapocho, del que se extrae la misma agua que necesitan los humanos, es decir, agricultores y agricultoras, vecinos y vecinas de la comuna de Quilicura, el barrio que alberga la mayor concentración de centros de datos del país.

Mientras tanto, iniciativas globales como Media Capture Watch, socavan el pilar de la Financiación, mediante el rastreo de los más de mil millones de dólares en vínculos financieros entre las grandes tecnológicas y las redacciones periodísticas. Su objetivo, que la ciudadanía sepa quién financia realmente la información que consume.

«No tiene que ser así», afirman Hao y aliados y aliadas, para señalar que hay otra IA posible, como hay otro mundo posible. Y es que The AI Resist List no solo documenta la lucha contra los pilares que sustentan esos imperios de la codicia —«inteligencia fingida» según Richard Stallman, o «loros estocásticos», que decía Timnit Gebru—. Una de sus secciones, Posibles Futuros, también recoge proyectos como, por ejemplo, el llamado IA Soberana y Computación Sostenible para Comunidades Indígenas (The Sovereign AI and Sustainable Computation for Indigenous Communities).

Los responsables de ese proyecto reutilizan procesadores gráficos desechados por NVIDIA, los cuales acabarían probablemente en cualquier vertedero como basura electrónica, para crear pequeños centros de datos y entrenar a sus propios «Pequeños Modelos de Lenguaje» (Little Language Models) con datos culturalmente relevantes, decididos por la propia comunidad. Al fin y al cabo, no se trata de imaginar una utopía, sino de señalar que ya existen alternativas reales al imperio extractivo y uniformizador de la inteligencia artificial.

Fuentes:

Discursos y abucheos en graduaciones:

· Gloria Caulfield (8 de mayo de 2026). Discurso de graduación en la Universidad de Florida Central (UCF). Transcripción y traducción del autor a partir del vídeo:

· Scott Borchetta (9 de mayo de 2026). Discurso de graduación en la Universidad Estatal de Middle Tennessee (MTSU). Transcripción y traducción del autor a partir del vídeo:

· Eric Schmidt (15 de mayo de 2026). Discurso de graduación en la Universidad de Arizona. Transcripción y traducción del autor a partir del vídeo:

Sobre la resistencia vecinal en EE.UU. (Nuevo México, Michigan, Georgia) y el ataque a la casa de Sam Altman:

· X de Ole Lehmann (21 de mayo de 2026).

· Bloomberg Businessweek (18 de mayo de 2026). «Meta Goes Big on the Bayou» (caso de Georgia).

Sobre la demanda ciudadana en Aragón (España):

· La Marea (9 de enero de 2025). «Los centros de datos de Amazon en Aragón consumirán más energía que toda la Comunidad».

Sobre The AI Resist List y su clasificación:

· X de Karen Hao (21 de mayo de 2026).

· The AI Resist List (web).

Sobre el concepto de «inteligencia fingida» y «loros estocásticos»:

· Richard Stallman (2026). Conferencia en Georgia Tech. Transcripción del autor.

· Timnit Gebru, Emily M. Bender, Angelina McMillan-Major, Margaret Mitchell (2021). «On the Dangers of Stochastic Parrots: Can Language Models Be Too Big?». FAccT ’21.

Imágen:  Meme-tivism to Rethink AI’s Environmental Impact


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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