La tarde de Palha transcurría sin pena ni gloria. Mala, sin bravura, sin celo, sin querer, sin humillar… Así fueron los cuatro primeros capítulos. Nada de nada. Hasta que salió el quinto, un imponente y destartalado toro -más para Pamplona que para Madrid-, con un … metro de pitón a pitón. Nadie podía hacerse con él en la capa, mientras el toro pegaba frenadas y hacía cosas feas, hasta que llegó Iván García, le pegó tres capotazos, le pudo por bajo y se tapó, porque no era su turno de brega (ya lo había hecho magníficamente en el primero), llevándose una de las dos ovaciones más cerradas de la tarde (que la otra también fue para él, con los palos). «Pues lo mejor de la tarde», comentaban por el 3. Varios puyazos tomó el toro, sin empujar en ninguno y saliéndose suelto de todos.
Tras el celebrado y meritorio tercio de banderillas de Iván García, el animal llegó a la muleta queriendo irse, manseando, con la cara suelta, distraído y, cuando tocaba el engaño, se descomponía, y no quería nada por arriba. Se llamaba Estorbo, y todo lo que no fuera estar en las tablas le estorbaba, ciertamente. Eso sí, si se le dejaba a su altura y con temple, el animal iba y tenía importancia lo que se le hacía, por sus descomunales hechuras. Otra cosa es que anduvo mucho rato Espada delante de él y aplicó poco esa tónica.
Cerró la tarde otro palha de imponentes hechuras. En los primeros tercios se vislumbraron las malas intenciones de Tesugo. Comenzó Luis Gerpe al natural, pero el animal no tenía un muletazo por ahí. «Si ya le ha avisado, ¿por qué sigue por ahí?», se preguntaba un señor. Pues porque cambió al derecho y se lo llevó por delante. Cayó muy mal el toledano, que fue llevado a la enfermería sin conocimiento. Salió Sánchez Vara para matar al toro, pero el animal ya sabía latín y arameo, y esperaba al madrileño sin hacer caso a la muleta. Una media meritoria dejó. Y aquello era un sinvivir, porque cogió con mala baba a Francisco Javier Tornay, en una cornada que recordaba a la de Morante, aunque todo quedó en un susto gracias a Dios. Como la media no le hizo nada, con mucho mérito volvió a entrar el diestro, pero el animal no es que le esperara, es lo siguiente. Como Javier ya tiene muchas tablas, logró matarlo con habilidad.
El madrileño había abierto la tarde yéndose a portagayola con el primero, que colocó tres veces en el caballo, empujando el animal en el último (trasero) puyazo. Tomó los palos Sánchez Vara, con más voluntad que acierto, porque el toro esperaba y echaba la cara arriba. Comenzó por bajo, pero Apagado no humillaba ni por casualidad y además tenía las fuerzas justas. Se justificó Javier, aunque se pasó de faena. La estocada a la segunda fue muy meritoria.
Plaza de toros Monumental de Las Ventas.
Domingo, 26 de abril de 2026. Entrada: 12.129 espectadores. Toros de Palha, de escasísimo juego y buena presentación 5º y 6º.
Sánchez Vara,
de verde y oro. Pinchazo y estocada tendida (silencio). Pinchazo y estocada tendida (silencio). Media, pinchazo, estocada y descabello en el que mató por Gerpe.
Francisco José Espada,
de rosa palo y oro. Estocada caída (saludos por su cuenta). Pinchazo y estocada trasera y caída (saludos con división).
Luis Gerpe,
de salmón y oro. Metisaca, dos pinchazos, pinchazo hondo y estocada (silencio). Cogido.
Parte de Luis Gerpe:
«Herida inciso contusa en región parietal derecha. Herida inciso contusa en mentón. Traumatismo en hemitórax derecho. Puntazo con hematoma en 1/3 superior cara interna de muslo derecho. Pronóstico reservado».
Desentendido de la lidia estuvo Sánchez Vara en el cuarto, otro toro que manseó los primeros tercios. Pese a las protestas contra todos los actuantes, volvió a coger los palos el diestro, mientras renqueaba el animal de los cuartos traseros. Comenzó el madrileño abriéndole los caminos hasta los medios, aunque el toro sólo quería estar bajo el cobijo de las tablas. No tenía mala condición el animal, pero no podía con su alma y le faltaba casta, en resumidas cuentas.
El segundo empujó en el peto sin mucho poder. Y así llegó a la muleta, manseando. A regañadientes embestía el animal, y con cucharilla le iba sacando los muletazos Espada. Con todo, no metía mal la cara en el derecho, cuando el de Fuenlabrada entendía la distancia. Eso sí, siempre salía desentendido y no transmitía nada.
Fuente:
www.abc.es



