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Tuve ocasión de conocer personalmente a Rodolfo Arango en Bogotá, cuando se celebró con mucha ilusión el primer congreso internacional que reunió a estudiosos del kantismo en lengua española, organizado en Bogotá por Lisímaco Parra con mi concurso como primer secretario ejecutivo de la recién constituida Sekle. Corría el otoño de 2012 y en ese foro se presentó una ponencia titulada “Republicanismo kantiano”, publicada luego en la revista Ideas y Valores y que se incluye ahora como último capítulo de un libro aparecido con motivo del tricentenario.
Estamos ante una recopilación de artículos que ya vieron la luz en distintos momentos, pero que presentan una excelente panorámica de las reflexiones kantianas en el ámbito práctico. Quien suscribe ha publicado algún libro recopilando textos dispersos, en la estela de Javier Muguerza y La razón sin esperanza. Es una lástima que no se haga con más frecuencia, para mostrar el bajo continuo de una investigación cuyos movimientos acaban componiendo una sinfonía, pese a su articulación aparentemente rapsódica.
Aquel memorable congreso colombiano de 2012, en el que participaron cuatro campus universitarios (Universidad Nacional de Colombia, Universidad Javeriana, Universidad Del Bosque y Universidad de Los Andes) inspiraría la creación de una revista internacional publicada en seis idiomas (para poner al español en pie de igualdad con el alemán, francés, inglés, portugués e italiano) y cuya cabecera responde al nombre de Con-Textos Kantianos.
Este ambicioso proyecto editorial tuvo asociada una colección de libros coeditados con la Editorial Aldama, cuyos títulos continúan estando disponibles en su nueva sede, y generó además los denominados Encuentros CTK, y dos de los cuales han tenido lugar en Madrid. Uno en 2017, el Instituto de Filosofía del CSIC, bajo el rótulo de Parerga kantiana, y otro en mayo de 2026, que ha tenido lugar hace muy poco en la Universidad Complutense de Madrid con el título Posiciones euroamericanas en torno a la racionalidad práctica de Kant. Aprovechando esta ocasión le pasé a Rodolfo Arango un ejemplar de mi libro El talante moral de la Ilustración y sus correlatos políticos, traído desde México por Efraín Lazos del IIFS de la UNAM, mientras él hacía otro tanto con este que reseño aquí: Emociones, democracia y anticolonialismo en Kant: El legado práctico del genio de Königsberg.
La ponencia presentada en esta ocasión suponía un epílogo a este libro, puesto que Rodolfo Arango desarrollaba lo apuntado al final del mismo. Le parece muy significativo que Kant hable de independencia emancipatoria en Teoría y práctica o La Metafísica de las costumbres, mientras que la tercera pieza del republicanismo, tras libertad e igualdad, sea una dependencia jurídica común o sumisión a una legislación idéntica en Hacia la paz perpetua, lo que a nuestro autor le parece un giro revolucionario.

Debo reconocer que según mi humilde parecer esta presentación kantiana no aportaría (o quizá sí, no lo sé) una diferencia de semejante calibre y las tres formulaciones vendrían a expresar más o menos lo mismo, tal como sucede con las tres formulaciones del imperativo categórico, pese a que subrayen aspectos distintos del respeto emanado de la ley moral, cual serían su carácter autónomo, el ser potencialmente universalizable y la no instrumentalización propia o ajena, para tratarnos mutuamente como personas o fines en sí mismos y no como cosas intercambiables.
Eso no quita para que Javier Muguerza nos hable de una formulación adicional expresada con su imperativo de la disidencia, puesto que siempre nos cabe no secundar cuanto consideremos injusto e inicuo. Así vería yo la lectura que nos propone Rodolfo Arango, al considerar una versión revolucionaria la recogida por Kant en Hacia la paz perpetua. Como es bien sabido, el ensayo en su conjunto produjo una fuerte impresión en Sieyès, quien fue alfa y omega de la Revolución Francesa, procurándole además a Kant acusaciones de ser un jacobino encubierto, algo que no tuvo mayores consecuencias por su prestigio internacional.
Esa buena recepción que tuvo en Francia, hizo que al editarse la versión francesa se añadiera ese Artículo Secreto donde se reclama dejar hablar públicamente a los filósofos en su papel de críticos del poder, lo cual por cierto les impediría ejercerlo en cuanto tales. Libertad, igualdad e independencia son los principios a priori del estado civil y por tanto los atributos jurídicos de cualquier ciudadano, como señala Kant en los textos fechados en 1793 y 1797, mientras que las dos primeras condiciones de posibilidad y el sometimiento común a una misma legislación son los principios de una constitución republicana, tal como se fijan en 1795.
Con todo, leeré con atención el trabajo en curso a este respecto y le agradezco que su intervención me hiciera reparar en un error de traducción imperdonable, porque yo mismo traduje independencia cuando se dice justo lo contrario, errata que he subsanado con la codependencia respecto de una legislación común, es decir, asumida por el conjunto -al margen de su estatus- de quienes integran una sociedad civil cuya constitución tenga espíritu republicano.
En este punto, quisiera destacar que Rodolfo Arango se ha tomado muy en serio su lectura de Kant e intenta poner en práctica sus principios como magistrado del Tribunal Especial para la Paz, cuya misión es imponer sanciones a quienes abandonaron las armas tras los frágiles acuerdos de paz que alcanzó la sociedad colombiana y podrían derrumbarse con el advenimiento de un gobierno ultraderechista que polarizara todavía más a la población, tal como está sucediendo por doquier.
Como jurista no quiere inclinar la balanza del derecho con una espada, sino que se propone ser un filósofo del derecho de corte kantiano e indagar si las leyes existentes no requieren verse mejoradas antes de aplicarse sin más. En cualquier caso, muestra hallarse familiarizado con esa filosofía práctica kantiana de la que su prólogo brinda una cabal visión panorámica. El pensamiento kantiano se caracterizaría por una constante búsqueda de la emancipación humana y eso le habría llevado a estudiar el papel de las emociones asociadas a nuestras decisiones prácticas, los límites del derecho internacional y las alternativas del cosmopolitismo, la forma republicana de gobierno y la condena del colonialismo.
“Partía del presupuesto que habitamos simultáneamente un mundo físico y un mundo eidético, gobernado por el pensamiento y la capacidad de imaginar cursos de acción diferentes al devenir natural. Esta duplicidad humana, que nos permite evadirnos del determinismo y dirigir nuestra conducta según un derrotero imaginado por nosotros mismos (autonomía), ofrece las claves para resolver innumerables problemas” (p. 12).
El primer capítulo se ocupa del papel de las emociones en las decisiones prácticas, dialogando con María Borges y su exhaustiva taxonomía de los afectos kantianos, pero sin dejar de hacerlo igualmente con Martha Nussbaum o Bernard Williams. En el segundo se hace dialogar al propio Kant con el jurista Hans Kelsen sobre la democracia, confrontando sus nociones de libertad e igualdad, sin olvidar la ya mencionada más arriba codependencia jurídica de una misma legislación. Con el tercer capítulo se nos recuerda que hay un aporte normativo en lo que atañe a su republicanismo. A continuación, en el cuarto capítulo se nos hace ver cómo el derecho cosmopolita kantiano podría servir para conjurar la defensa del colonialismo.
Como ya se dijo en un comienzo, al final de su libro Rodolfo Arango nos habla del republicanismo kantiano, que anhela una constitución válida incluso para un pueblo compuesto por demonios, recogiendo las reflexiones políticas de Hobbes, Mandeville y Rousseau. Se analizan aquí las posiciones de Peter Niesen y el recientemente desaparecido Reinhard Brandt, para finalizar exponiendo la suya propia. Resulta muy recomendable leer este libro integrado por cinco trabajos complementarios que abordan temas nucleares de la filosofía política kantiana.

Fuente:
www.nuevatribuna.es




