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La cuestión de Alemania

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Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.

Estados Unidos pensó un día en convertir Alemania en un país agrícola y ganadero, sin pulso industrial, con el objetivo de impedir su rearme para siempre jamás. Ochenta años después, Estados Unidos empuja a Alemania al rearme. Henry Morgenthau jr., patrocinador en los años cuarenta de una Alemania pastoril, tendría hoy un espanto.

Henry Morgenthau padre fue asesor del presidente Woodrow Wilson durante la Primera Guerra Mundial y embajador de Estados Unidos en el Imperio Otomano. Eran descendiente de una familia judía alemana. Su hijo alcanzó el cargo de Secretario del Tesoro durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt. Horrorizado por las noticias que a Estados Unidos de la persecución de los judíos en Europa y de los campos de concentración en Alemania. Morgenthau llegó a la conclusión que había que cortar por lo sano.

Si los nazis y sus aliados perdían la Segunda Guerra Mundial había que hacer todo lo posible para evitar un nuevo rearme de Alemania en el futuro y el único camino para lograrlo era impedir la reconstrucción de su industria. El territorio alemán sería fragmentado en diversos protectorados y reducido a una llanura agrícola y ganadera.

No todos estuvieron de acuerdo con esa idea en Washington. En Londres, el economista John Maynard Keynes tampoco la compartía; la juzgaba imposible. A los dirigentes de la Unión Soviética les gustaba el plan Morgenthau y aspiraban a conquistar militarmente las tierras más fértiles de Alemania. El círculo del general Charles de Gaulle también estaba de acuerdo. La Francia Libre quería pasar cuentas.

Un año después de concluir la guerra en Europa, los norteamericanos empezaron a darse cuenta de que sin la industria alemana las economías europeas no iban a la levantar cabeza y ello redundaría en un mayor malestar social que daría fuerza a los comunistas de la Europa occidental, puesto que habían jugado un papel primordial en la resistencia al nazi-fascismo en países como Francia e Italia.

El PC francés había sido el más votado en las primeras elecciones legislativas libres, celebradas en octubre del 1945. En Italia, los comunistas estaban participando en la escritura de la nueva constitución y formaban un potente frente electoral junto con los socialistas. Estados Unidos tuvo que emplearse a fondo para que la Democracia Cristiana ganase las primeras elecciones posteriores a la nueva constitución, celebradas en 1948.

La Alemania occidental estaba llena de refugiados a los que había que alimentar. Los británicos estaban literalmente exhaustos, habían vuelto a las cartillas de racionamiento; los laboristas habían derrotado a Winston Churchill en las urnas y Washington no iba a perdonarle a Londres ni un centavo de los créditos concedidos para resistir durante la guerra.

Lo mejor era archivar el plan Morgenthau, permitir y alentar la recuperación de la actividad industrial en la Alemania occidental ocupada por los aliados, y desplegar otro plan, el Plan Marshall, para que los motores económicos europeos volvieran a encenderse, bajo la tutela política de los Estados Unidos. Así nació la República Federal de Alemania (Alemania Occidental), en mayo del 1949, replicada inmediatamente por los soviéticos con la fundación de la República Democrática de Alemania (Alemania Oriental), en octubre del mismo año.

El despegue económico alemán, acompañado de un generoso estado del bienestar, se convirtió en un poderoso escaparate

En este contexto, la RDA decidió la construcción del muro de Berlín en 1961, para separar las dos repúblicas. Así se pusieron los cimientos de la guerra fría en Europa. El despegue económico alemán, acompañado de un generoso estado del bienestar, pactado por democristianos y socialdemócratas, se convirtió en un poderoso escaparate del mundo occidental bajo égida norteamericana. En Alemania Occidental había más libertades individuales que en la otra Alemania, se trabajaba duro y se vivía bien.

Francia aceptó, no le quedaba otra opción, pero ideó un genial mecanismo de control. Francia y Alemania compartirían una misma política para la extracción de carbón y la fabricación de acero, entonces fundamentales en una sociedad industrial; se vigilarían mutuamente. Así nació en 1952 la Comunidad Económica para el Carbón y el Acero, la célebre CECA, primer embrión de la actual unidad europea. Estrasburgo, capital de la disputada Alsacia, se convirtió en símbolo de ese proyecto. En Estrasburgo se halla la principal sede del Parlamento Europeo, la sede del Consejo de Europa (organización distinta de la UE, centrada en los derechos humanos), y la sede del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, símbolo del garantismo jurídico surgida de la pacificación europea.

El primer gran cambio de estatus se produjo en 1990 con la acelerada reunificación de Alemania ante la retirada de la Unión Soviética de los territorios europeos conquistados por el Ejército Rojo. La reunificación alemana no entusiasmaba ni a británicos ni a franceses, ni a la liberal Margaret Thatcher, ni al socialista François Mitterrand, pero el democristiano Helmuth Kohl supo plantearla como un acontecimiento imparable. La España de Felipe González apoyó la reunificación.

Nacía un país de ochenta millones de habitantes en el centro-norte de Europa, fronterizo con Francia y con Polonia. Se acababa la Comunidad Económica Europea basada en un cierto equilibrio de cuatro países con unos sesenta millones de habitantes cada uno (Francia, Alemania Occidental, Italia y Reino Unido). Llegaba la Europa del euro bajo hegemonía alemana. Una hegemonía silente, sin exhibicionismos ideológicos, sin teatralidad, hasta la fecha.

La siguiente curva viene ahora. Alemania se rearma. Alemania se rearma porque se siente traicionada por Rusia, porque la égida trumpiana en Estados Unidos le está amenazando con retirar las tropas norteamericanas estacionadas en el país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Hipótesis en circulación: cerrar bases en Alemania y trasladar efectivos a Polonia, país que después sería empujado por su derecha nacionalista a abandonar la Unión Europea, convirtiéndose en el principal protectorado de Estados Unidos en el este europeo.

Los alemanes se sienten traicionados por los rusos, empujados por los estadounidenses, y preocupados por los chinos. Tenían planes para vender muchos coches eléctricos alemanes en China, y las cosas están sucediendo al revés. Los chinos están conquistando el mercado europeo con sus eficientes marcas de automóvil eléctrico. Han perdido el gas ruso, han perdido la amistad norteamericana y han visito limitado el mercado chino. Esto es una crisis de modelo como una copa de un pino.

Los alemanes creyeron haber pactado la paz perpetua con Rusia con los dos gigantescos gasoductos Nord Stream en el mar Báltico. Ni siquiera construyeron plantas de regasificación en sus costas, para poder recibir gas natural licuado. Tomaron la decisión de cerrar todas sus centrales nucleares. Creían ciegamente en el pacto con Rusia. El error Merkel, dicen ahora algunas personas que en su día aplaudieron a la señora Angela Merkel como modelo de estadista europeo. Los rusos intentaron invadir Ucrania el 24 de febrero del 2022, creyendo que Alemania, sujetada por el gas, sólo podría protestar en do menor ante una fulgurante toma de Kiev.

El ejército ruso de hoy no es el Ejército Rojo de 1945, aunque conserven sus enseñas, sus banderas, sus divisas y algunas de sus tácticas: el carro de combate y la avalancha humana, caiga quien caiga. No pudieron tomar Kiev, puesto que los británicos y los polacos habían entrenado bien a los militares ucranianos. Y Alemania se vio impelida a renunciar al gas ruso. Para rematarlo, un comando aparentemente ucraniano, según las informaciones que se van consolidando, hizo estallar los gasoductos Nord Stream en el fondo del mar Báltico. 26 de septiembre del 2022. Aquel día empezó a modificarse el rumbo de Alemania.

26 de septiembre del 2022, estalla el Nord Stream: aquel día empezó a modificarse el rumbo de Alemania

Durante la última campaña electoral alemana de carácter federal (febrero del 2025), los diplomáticos alemanes observaban horrorizados como su país estaba siendo desestabilizado al unísono por Washington y Moscú. Donald Trump y Vladímir Putin apostaban por la formación de extrema derecha Alternativa para Alemania; apostaban ambos por la destrucción de la Unión Europea. Que nadie se llame a engaño. Este es uno de los objetivos declarados de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en diciembre del año pasado. De esa hostilidad surge el rearme alemán. El rearme que hoy haría palidecer a Henry Morgenthau jr.

Quieren tener el ejército más potente de Europa para preservar su autonomía, para ser el principal pivote defensivo en la Europa del Este, para conservar, por tanto, su área de influencia económica en la Europa septentrional y central. Y quieren que el rearme les permita inyectar dinero del Estado en su sistema industrial sin ser acusados de transgredir las normas europeas. Quieren conservar con vida la Unión Europea, pero su prioridad es también el consenso interno en Alemania. En estos momentos, AfD encabeza los sondeos y el canciller Friedric Merz no consigue aparecer como un personaje popular.

Estados Unidos no rechaza el rearme alemán… si Alemania le compra las armas. El punto número XV del reciente y muy comentado manifiesto político de la empresa tecnológica norteamericana Palantir defiende el rearme alemán: “La neutralización de Alemania y Japón tras la guerra debe ser revertida. El desarme de Alemania fue una corrección excesiva, por la que Europa paga hoy un alto precio”. Eso piensa la gente de Peter Thiel. Si Morgenthau levantase la cabeza…

El rearme exige una ideología militarista y los jóvenes alemanes parecen poco interesados por el ejército. Se habla de instituir una leva obligatoria (por sorteo) si no hay suficientes voluntarios. El rearme exige recortes y el gobierno federal alemán ha empezado a anunciarlos esta semana. Recortes en la sanidad y en las pensiones. Quieren ahorrar 17.000 millones de gasto social este año, y 30.000 el año que viene. Se va a un nuevo patrón del estado social alemán y eso incumbe a todos los europeos.

El que no sepa verlo no conoce la historia. En los años setenta, Alemania fue muy influyente en el tránsito de España a la democracia. Nuestra constitución contiene rasgos de la ley Fundamental de Bonn. El modelo socialdemócrata alemán siempre ha tenido peso en España. La CDU alemana (partido más conservador que democristiano) es hoy el principal punto de conexión europeo del Partido Popular, cuyo presidente no tiene una especial inclinación por la política europea ni por la política internacional.

Teóricamente, el canciller Friedrich Merz es el gran protector de Alberto Núñez Feijóo en el ámbito europeo. Hace dos meses, Merz apoyaba el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Hoy considera que Trump ha caída en una trampa y que el presidente de Estados Unidos no sabe cómo salir de ella. Trump ahora le desprecia –“Merz no sabe de lo que habla”-, le amenaza con cerrar las bases norteamericanas en Alemania y acaba de subir al 25% los aranceles a los automóviles de fabricación europea.

El momento de Alemania nos incumbe. Cuando en Alemania sacan las tijeras para recortar hay que prestarle atención.

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)


Fuente:

www.lavanguardia.com

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