Redacción — Se han conocido nuevos detalles sobre este tema.
China empuja a favor del “cese total de las hostilidades” en Oriente Medio, según su ministro de Exteriores, Wang Yi. Este recibió este miércoles en Pekín a su homólogo iraní, Abas Araghchi, en el primer encuentro entre ambos desde que estalló la guerra. Wang subrayó su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Irán, pero también pidió “a todas las partes” que hagan todo lo posible para que se reanude “la circulación normal y segura por el estrecho de Ormuz”.
Horas antes, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, había pedido a Pekín que hiciera valer su influencia en este sentido. China y Rusia son los dos países con mayor ascendente sobre Irán y Araghchi ha visitado ambos en los últimos diez días. En San Petersburgo fue el propio presidente Vladimir Putin quien departió con él. Todo ello, señal de que la transición entre la guerra y la paz está en un momento delicado y “crítico”, según advertía hoy mismo el ministerio de Exteriores chino.
La entrevista se produce en plena cuenta atrás para un encuentro mucho más trascendente en la capital china, entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping, previsto para el 14 y 15 de mayo. Algo que anima aún más a China a intentar calmar las aguas, aunque hasta ahora haya ocupado un segundo plano en los esfuerzos de mediación, por detrás de Pakistán.
Mediación china
Wang propició una llamada entre Araghchi y su homólogo saudí este mismo miércoles
China depende, como la mayor parte del mundo, del suministro de petróleo y gas procedente del golfo Pérsico, por mucho que haya reforzado sus reservas estratégicas en los últimos dos años. Desactivar el conflicto sin humillar a ninguna de las partes parece una tarea a medida para un mediador oriental.
China, sin embargo, no oculta su simpatía hacia Irán. Sus ciudadanos todavía menos. De este modo, Wang Yi defendió este miércoles el derecho de Teherán a proseguir con su “programa nuclear civil”, dando por buena “su determinación de no dotarse de armas nucleares”. Por otro lado, Wang animó a los países de Oriente Medio “a tomar su destino en sus manos”, a “dialogar” y a trabar “una arquitectura de seguridad propia”. Cabe recordar que alrededor de 17 bases militares de EE.UU. en la región fueron alcanzadas por proyectiles, durante las primeras horas y días de la represalia iraní, poniendo en evidencia los límites del paraguas estadounidense.
China, a diferencia de otras potencias, no tiene ningún interés en alimentar la discordia entre suníes y chiíes. De hecho, hace tres años apadrinó el restablecimiento de relaciones entre Arabia Saudí e Irán, referentes de una y otra secta del islam. Este mismo miércoles, amparó una llamada telefónica entre los ministros de Exteriores de ambos países. No en vano, China es el primer cliente de ambos, aunque Irán sea, además, su socio en los Brics y en el grupo de Shanghai.
La cautela de China con los países árabes, así como con Estados Unidos, está justificada. Entre otras cosas, los misiles y drones iraníes -que tanto daño han hecho y tanto más podrían hacer en la península arábiga- dependen en gran medida del sistema de navegación chino Beidou (y de satélites rusos y chinos).
En realidad, tanto en Washington como en Teherán saben que Pekín ha hecho bastante más de lo que se publicita. En favor de una solución negociada que ponga fin a la guerra desencadenada por el ataque de Israel y EE.UU. sobre Irán del 28 de febrero. Las represalias iraníes han agravado sus efectos indeseables en todo el mundo, China incluida. Para tranquilizar a sus anfitriones, Araghchi dijo que el asunto de la reapertura del estrecho de Ormuz “podría ser resuelto” en un plazo breve. Aunque no de forma aislada.
Sin olvidar que, con el actual inquilino de la Casa Blanca, todo puede dar un giro de 180 grados sin previo aviso. Tanto es así que la diplomacia china todavía no ha confirmado oficialmente su visita.
Porque el pulso arancelario que Trump le echó el año pasado a China se ha calmado, pero siguen apareciendo grietas. Como es sabido, más del 80% del petróleo iraní termina en China -en gran medida, sigue haciéndolo- pero no directamente en manos de las grandes petroleras estatales -expuestas a las sanciones de EE.UU. en terceros países- sino de una constelación de pequeñas refinerías de la provincia costera de Shandong. Cuando Washington apuntó recientemente su cañonera de sanciones a cinco de ellas, Pekín reaccionó.
El pasado dos de mayo, invocó por primera vez un instrumento legal aprobado hace cinco años que se resume así: La legislación extraterritorial de EE.UU. “ni se reconoce, ni se aplica, ni se obedece en China”. De manera que el problema pasarán a tenerlo los que lo hagan, nacionales o extranjeros.
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