Los caminos del Señor son inescrutables. Julio Sánchez Domínguez (Madrid, 55 años) lo sabe bien porque ha peregrinado por esos senderos. Hace 25 años, cuando estaba a punto de convertirse en sacerdote, tuvo una visión, una epifanía. “En mi mente empezaron a fraguarse imágenes de flores, flores y más flores”, recuerda. Estaba en el momento reflexivo previo a la ordenación diaconal, pero tenía dudas sobre su vocación. “Fue un momento de crisis existencial. No sabía qué quería hacer con mi vida, no terminaba de ver mi camino. Entonces las flores aparecieron en mi cabeza. Fue una revelación en toda regla”.
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Fuente:
elpais.com



