Las reacciones compulsivas tienen un valor relativo, pero no las que han superado la prueba de esfuerzo tras años de relación. Lo saben bien todos aquellos que este último viernes asistieron al concierto de la Orquesta Nacional de España (ONE) y que, al … terminar la interpretación de la ‘Novena sinfonía’ de Gustav Mahler, aplaudieron sin dudar a una orquesta de la que sentirse orgulloso, antes de ponerse en pie y ovacionar durante muchos minutos a David Afkham, su director musical y artístico durante doce años. Desde la primera actuación ante la ONE en septiembre de 2011 hasta ahora ha transcurrido tiempo suficiente como para entender la perspectiva.
La huella más personal es que Afkham tiene ahora el pelo canoso, la cara aniñada ha perdido timidez ganado refinamiento;, la mirada, que antes era curiosa, ahora, a través de las gafas es de una sensatez apabullante. La actitud ha adquirido una serenidad de aire budista. El vídeo que distribuye la OCNE y en el que Afkham se despide de los aficionados es un ejemplo de honradez poco frecuente en el mundo orquestal en el que el trabajo diario y las fuerzas internas del colectivo desgastan las relaciones hasta límites muchas veces insoportables.
Afkham se convirtió, en 2014, en director titular y artístico de la OCNE. Tenía treinta años. La contratación había recorrido una senda tortuosa en línea con las dificultades de una orquesta con un grado de conflictividad laboral notable. Todavía, cinco años después las tensiones internas crecían exponencialmente. La salida del director técnico, Félix Alcáraz, se convirtió en un esperpento absurdo y sin sentido. Pero, la llegada a ese puesto de Félix Palomero fue tan importante para la gestión administrativa como la continuidad del propio Afkham en lo artístico. Que Palomero, en el concierto de este viernes, le entregara a Afkham el ramo de flores tiene un valor simbólico que va mucho más allá de lo cortés. El gesto remata años de trabajo y éxito en común, y rubrica la actual razón de ser de una orquesta que, muy bien posicionada, más allá de los inevitables roces cotidianos a los que apunta, por ejemplo, el actual conflicto con el vestuario de las profesoras. La llegada de Kent Nagano como nuevo titular de la orquesta, lo dice todo.
Director de Orquesta y Coro Nacionales de España
Cuando Afkham llegó a la ONE, la calidad de la orquesta era muy dispar, con carencias individuales, sin un claro equilibrio entre las familias instrumentales, sin un sonido verdaderamente interesante. Un año después, coincidiendo con la interpretación de ‘Elektra’, incluido el proyecto de óperas en versión semiescénica, se le vio crecer en el podio, asumir un grado de implicación personal que alcanzaba lo épico. En 2020 se hablaba ya del definitivo desarrollo artístico y llamaba la atención la disciplina y el sentido analítico con el que se abordaba la interpretación, al tiempo que todo se iba abriendo a una calidez y a una expresividad más flexible e interesante.
David Afkham, dirigiendo a la ONE.
(Auditorio Nacional)
Con la pandemia y sus enseñanzas -muchas de ellas hoy olvidadas por un mundo que parece decidido quemar cualquier cartucho- fue definitiva. Al inciar esta última temporada con una interpretación de ‘Wozzeck’, que es una referencia, estaba ya fuera de toda duda la capacidad dramática y la inteligencia emocional. La despedida de Afkham se ha consolidado estas dos últimas semanas con el ‘War Requiem’ de Britten y la ‘Novena sinfonía’ de Mahler, una música tan cercana a la experiencia personal y en la que -no será por casualidad- se contiene una profunda reflexión sobre el paso del tiempo. El primer concierto fue una convulsión emocional con tránsito desde el sollozo entrecortado del comienzo, a la fuerza teatral y concentración del ‘Dies irae’ y la brillantez contrapuntística del ‘Sanctus’. La conjunción de fuerzas con la voz, en lo alto del Auditorio Nacional, de los Pequeños Cantores de la ORCAM y el buen empaste de las voces del Coro Nacional y de la Comunidad de Madrid alcanzó momentos realmente intensos. Muy particularmente en el final del ‘Agnus Dei’, en colaboración con el brillante tenor Andrew Staples.
Afkham, dirigiendo a la ONE, en su despedida.
(Auditorio Nacional)
Sobre la sinfonía de Mahler, Alfonso Aijón recordaba, poco antes del concierto, que, en diciembre de 1971, la ONE la interpretó por primera vez dirigida por un joven de 26 años llamado Michael Tilson Thomas, muerto el pasado mes de abril. Sería interesante recuperar la grabación -en el caso de existir- y confrontarla con la última interpretación. La robustez y penetración de la versión se materializó en la coherencia del complejo primer movimiento, en encontrar la medida a la rústica deformación del segundo, en alcanzar lo impresionante en la coda del tercero -sucediéndose estupendos solos de la orquesta: es el caso de la increíble participación del trompetista Manuel Blanco-, y concluir con un final definitivamente dialogado entre lo terráqueo y lo evanescente, dicho con una calidad instrumental realmente excepcional.
El domingo 28, Radio Clásica transmite el concierto de la ONE en directo y lo precede de un programa especial que comenzará a las diez y media. Todavía la orquesta y Afkham viajarán el 2 de julio al Festival de Granada con la sinfonía de Mahler, y el 19 de julio viaja a los BBC Proms de Londres con música de Ravel, Rodrigo y Falla. A partir de la próxima temporada, David Afkham volverá a dirigir a la OCNE como invitado. Volverá a su casa.
Fuente:
www.abc.es



