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Irán–Estados Unidos: un memorando de 14 puntos dicta una tregua frágil, no aún la paz

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Tras tres o cuatro meses de enfrentamientos indirectos, Washington y Teherán han rubricado un texto que abre una fase de negociación de sesenta días. Estados Unidos hizo público el documento el 17 de junio, precisando que está prevista una firma formal el viernes 19 de junio en Suiza, con la asistencia esperada del vicepresidente JD Vance. Entre bastidores, Donald Trump y JD Vance ya habrían firmado electrónicamente el domingo, y luego ambas partes procedieron a una nueva firma a distancia el miércoles, según la Casa Blanca. La prensa francesa resumía el mismo calendario indicando que ambos países se disponen a firmar formalmente el viernes. Por el lado iraní, el presidente del Parlamento, Mohammad Qalibaf, es citado como firmante. El documento cuenta efectivamente con catorce puntos y no es un tratado de paz definitivo, sino un marco político destinado a regular la desescalada.

El primer compromiso es un cese inmediato y permanente de las operaciones militares directas e indirectas, acompañado del levantamiento de los bloqueos navales en el Golfo. El punto más sensible para los mercados mundiales afecta al estrecho de Ormuz. Irán debe autorizar un paso sin peaje y restablecer el tráfico a su plena capacidad en un plazo de treinta días, tras un cierre de facto desde finales de febrero que había desestabilizado los precios de la energía. La agencia oficial iraní IRNA confirma el compromiso de Teherán de facilitar el regreso del tráfico marítimo a los niveles de antes de la guerra y a no producir ni adquirir armas nucleares. Al mismo tiempo, el acuerdo marco deja explícitamente en el aire el destino del programa nuclear, como resumen los despachos que evocan el levantamiento del bloqueo estadounidense y la reapertura de Ormuz sin resolver la cuestión nuclear.

El apartado económico avanza en dos niveles distintos. A corto plazo, Washington acepta contemplar exenciones para las exportaciones petroleras iraníes y un desbloqueo progresivo de activos congelados, con un primer tramo cifrado habitualmente en torno a los veinticinco mil millones de dólares por fuentes iraníes citadas por Reuters. A más largo plazo, Estados Unidos y sus socios deben presentar un plan de financiación para la recuperación iraní que podría alcanzar los trescientos mil millones de dólares a lo largo de varios años. Esta cantidad figura en la presentación estadounidense del texto, pero sigue condicionada a la aplicación verificable de los compromisos. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que formó parte de los mediadores, anunció personalmente el memorando, lo que subraya el papel de los intermediarios regionales en esta secuencia.

La cuestión nuclear es la que concentra todas las incertidumbres. El memorando reafirma el compromiso iraní de no desarrollar el arma y de cooperar con el Organismo Internacional de Energía Atómica, pero pospone para más adelante los temas más difíciles. El destino de las reservas de uranio altamente enriquecido, el futuro nivel de enriquecimiento autorizado, las modalidades de las inspecciones y las garantías de cumplimiento deberán negociarse durante los sesenta días que ahora se abren. El acuerdo preliminar aplaza, por tanto, estos puntos, como indican los análisis que describen un periodo de sesenta días destinado a resolver el futuro del programa, las reservas y el levantamiento progresivo de las sanciones.

La desconfianza mutua sigue intacta y ambas partes conservan la posibilidad de retirarse si las conversaciones fracasan. Para Bélgica y Europa, el desafío inmediato es energético. La perspectiva de una reapertura de Ormuz ya ha hecho retroceder los precios del petróleo tras el anuncio del memorando, y una vuelta a la normalidad del tráfico en el transcurso del mes aliviaría la presión sobre los suministros. Más allá de esto, todo dependerá de la capacidad de Washington y Teherán para transformar esta rúbrica en un compromiso duradero de aquí a mediados de agosto, fecha en la que se cerrará la ventana de negociación.

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