La plaga de langostas del desierto no da tregua a los agricultores marroquíes. En las últimas semanas, los enjambres que, hasta hace poco, se concentraban en el sur del país han avanzado hacia el norte, cruzando por las principales plantaciones agrícolas del país, especialmente dedicadas al trigo y la cebada.
Una situación que es cada vez más alarmante y que preocupa a los agricultores, puesto que el avance de la plaga de langostas es sinónimo de grandes pérdidas en unos meses claves para el sector.
En la región de Souss-Massa, cerca de Agadir, son varios los campesinos que aseguran que las fumigaciones llegan tarde o no alcanzan a cubrir todas las áreas afectadas. La FAO ha confirmado un incremento de grupos adultos en movimiento procedentes del Sáhara. Con el viento del sur y las lluvias irregulares de las últimas semanas, las condiciones son ideales para la reproducción y el desplazamiento rápido de las langostas.

Tanto es así que algunos enjambres ya se han registrado en el noroeste de Argelia y en zonas próximas a las Islas Canarias. A pesar de que no se trata aún de una invasión masiva, el riesgo de que la plaga se consolide es “alto”, según técnicos del propio organismo.
Los esfuerzos de control, sin embargo, se han ralentizado. En febrero las autoridades marroquíes fumigaron 34.500 hectáreas, frente a las 47.000 del mes anterior. En la práctica, eso significa menos equipos en el terreno y demoras en el suministro de insecticidas. Un responsable provincial de agricultura admite que el material “no siempre llega a tiempo. Sabemos dónde están las concentraciones, pero no siempre podemos alcanzarlas antes de que se desplacen”, explica.
Los agricultores también critican la falta de coordinación entre regiones. En las zonas más afectadas, como Guelmim y Tata, los ayuntamientos piden apoyo adicional del Gobierno central para evitar que los enjambres lleguen a los valles agrícolas del norte. En muchos pueblos, los vecinos intentan ahuyentar a las langostas con humo o ruido metálico, una práctica tradicional poco efectiva, pero que refleja la frustración de la población.

Mientras tanto, la FAO insiste en que es fundamental sostener las labores de monitoreo conjunto para evitar que la plaga afecte aún más a la seguridad alimentaria de la región. En Marruecos, la esperanza es que el cambio de estación y las temperaturas más frescas limiten la expansión, aunque nadie se atreve a hacer pronósticos.
En sus boletines oficiales, la FAO recomienda mantener las prospecciones y reforzar la cooperación entre países. En las carreteras que conectan Ouarzazate con Marrakech, algunos camiones militares transportan equipos de fumigación, mientras el Gobierno asegura que la situación está “bajo control”.
Source:
www.atalayar.com




